Viaje a la Costa Oeste de USA (XVI): San Francisco – Big Sur – Morro Bay

1.3.2015

Por segunda vez en todo el viaje, me desperté con una especie de síndrome post-vacacional. Aunque teníamos por delante una jornada muy interesante, no podía evitar sentir pena por abandonar San Francisco.

Entre la nostalgia y la distancia de San Francisco con el primer punto de interés del día, costó bastante arrancar la jornada. Aunque íbamos a hacer muchas paradas, el día iba a destacar sobre todo por los trayectos de carretera. No en vano ya estábamos camino de vuelta a LA. Sólo nos quedaban dos días y medio de viaje.

Pero no iba a ser un día de carretera cualquiera, porque íbamos a recorrer ni más ni menos que el Big Sur, la mítica Highway 1.

Al llegar a Monterey, tomamos la 17 Mile Drive, una carretera escénica de pago que une este pueblo y Carmel por la costa. Aunque no me arrepiento de haberla cogido, las panorámicas que vimos desde ella no me parecieron nada del otro en mundo en comparación con las que veríamos más adelante, y si aparte de eso hay que pagar…

La primera parada en la 17 Mile Drive fue en el mirador de The Restless Sea, donde el Pacífico se encuentra habitualmente agitado debido, supuestamente, a que rocas sumergidas ralentizan la corriente y hace que las olas rompan anticipadamente, aunque también se sospecha de una confluencia de diferentes corrientes en este nivel.

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The Restless Sea

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The Restless Sea

La siguiente parada la hicimos en el mirador de Bird Rock, donde se encuentra un islote famoso por su fauna de cormoranes y, sobre todo, leones marinos. Apenas se aprecia en la foto, pero todo el tono marronáceo de la cima del islote eran leones marinos.

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Bird Rock

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Bird Rock

Paramos posteriormente en el Sunset Point, donde vimos muy de cerca más leones marinos y cormoranes. Me hizo especial ilusión ver a los más jóvenes disfrutando arrastrándose por la arena. Fue mi parada preferida en la 17 Mile Drive.

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Sunset Point

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Sunset Point

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Sunset Point

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Sunset Point

La última parada nos sirvió para ver el Lone Cypress Tree, un icono de la West Coast, uno de los árboles más fotografiados de todo USA y principal reclamo de la 17 Mile Drive. Su edad estimada es de 250 años y destaca sobre todo por su dramática y solitaria ubicación sobre una roca en primera línea del mar. Este tipo de ciprés sólo crece de forma natural en esta zona.

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Lone Cypress Tree

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Lone Cypress Tree

Al terminar la 17 Mile Drive teníamos previsto hacer una parada en Carmel, un pueblo muy pintoresco y recomendado, ideal para estirar las piernas, pero al recorrerlo en coche buscando un aparcamiento nos dio la sensación de que no valía tanto la pena y que la esencia del pueblo ya la habíamos asumido con esa vuelta, así que para no ir muy apurados de tiempo el resto del día decidimos hacer marcha.

También pasamos de largo, y en este caso nos dolió bastante, Point Lobos, una reserva natural con bellas calas, una colonia de focas y leones marinos y buenas vistas del Big Sur al horizonte. Su aparcamiento estaba completamente saturado y entre aparcar, recorrer todo el camino desde el coche hasta la reserva, disfrutarla y volver íbamos a perder demasiado tiempo y a condicionar el resto del día.

No me quedó del todo claro dónde empieza y dónde acaba el Big Sur, pero lo cierto es que desde Point Lobos en adelante tuvimos centenares de kilómetros con paisajes preciosos. Perdí la cuenta de las paradas que hicimos, muchas de ellas las hicimos en miradores no oficiales, así que ignoro el nombre de la playa o de los islotes que presenciábamos, pero eso fue parte de la magia del día: sabíamos que el Big Sur tiene tal y tal y tal puntos de interés, pero ignorábamos que durante todo su recorrido íbamos a sentir tan a menudo el impulso de hacer un alto en el camino.

El Brixby Bridge, al principio de la carretera si se empieza el recorrido por el norte, es uno de los grandes emblemas del Big Sur. A su lado se encuentra una de las playas más bonitas que vimos aquél día.

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Brixby Bridge

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Brixby Bridge

Comimos en el Nephente, un restaurante mítico de la carretera, con unas vistas espectaculares del Pacífico. Si bien su carta es sencilla y con poca variedad, comimos un burrito breakfast riquísimo disfrutando de una de las mejores vistas-almuerzo de todo el viaje.

Nephente Restaurant

Nephente Restaurant

Un poco más adelante paramos de nuevo para contemplar la McWay Falls, un precioso salto de agua sobre una playa paradisíaca. Fue seguramente la vista más bonita de todo el día, uno de esos paisajes que hay que analizar varias veces para asimilarlo. A la cala en sí creo que no se puede acceder, pero las vistas desde el sendero panorámico valen muchísimo la pena.
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McWay Falls

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McWay Falls

Y entre estas paradas con nombres y apellidos que acabo de destacar hubo muchísimas más de anónimas, sin saber el nombre de lo que estábamos viendo pero cuya belleza nos forzaba a hacer un alto en el camino.

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

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Big Sur

El viaje se había caracterizado por varios fails que se habían compensado posteriormente de forma muy satisfactoria. La nieve nos impidió hacer una visita completa de Sequoia National Park pero en Yosemite pudimos visitar el gran bosque de secuoyas de Mariposa Grove, teóricamente cerrado en invierno, compramos unas cadenas para la nieve que apenas pudimos aprovechar pero luego en San Francisco dio la casualidad que nuestra anfitriona llevaba tiempo buscando unas, su coche era precisamente el mismo que el nuestro y se las pudimos revender,… Esta sucesión de compensaciones tuvo su máxima expresión en el Big Sur. En un momento dado, Vero empezó a gritar a mi lado pidiendo que parara el coche tan pronto como pudiera. Yo no sabía qué sucedía, ella sólo decía “para, para…”, así que, lógicamente, paré. Su siguiente frase me dio subidón de adrenalina: “es que creo que acabo de ver una ballena!!!”. Y efectivamente… en el horizonte parecía divisarse un ballena nadando por la superficie y lanzando su característico chorro de agua. Saqué la cámara y empecé a hacer fotos en ráfaga una detrás de otra como un energúmeno… hasta que me di cuenta de que la presunta ballena muy rápida no debía ser, porque permanecía inmóvil en un mismo sitio. Hice zoom para ver qué sucedía y lo que encontré fue esto: una roca!!! El chocar de las olas sobre esa roca hacía parecer que se trataba de una ballena lanzando agua!!

Fail ballenáceo

Fail ballenáceo

Nuestro gozo en un pozo, pero lo que reímos no tiene precio… y más cuando a los pocos minutos llegó la gloriosa compensación: varias ballenas de verdad!!! No se aprecian en la foto porque prácticamente no a salían a la superficie y eran difíciles de seguir. Tan sólo pudimos ver con claridad varios chorros itinerantes como el de esta foto, pero nuestra satisfacción fue máxima.

Win ballenáceo

Win ballenáceo

La última visita del día fue la más emocionante de todas: Piedras Blancas. En esta playa del sur del Big Sur habita un pobladísima colonia de leones y elefantes marinos. De leones ya habíamos visto varios grupos a lo largo del viaje, pero los elefantes eran novedad en mi vida y quedé impresionado por su tamaño y sus bufidos. Además, el mirador se encuentra a escasos metros de la playa, haciendo que la experiencia sea más intensa.

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

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Piedras Blancas

Coincidió esta visita con una puesta de sol para la posteridad.

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Piedras Blancas

Nuestra intención original era hacer noche en Santa Bárbara, pero dos días antes decidimos que sería demasiado paliza conducir 2 ó 3 horas extra de noche después de todo el recorrido que habríamos hecho, así que cancelamos la reserva que teníamos y reservamos noche en un hotel de Morro Bay.

El del Big Sur fue uno de esos días que cuando lo vives no parece que te esté marcando, quizás eclipsado por otros días cercanos más apasionantes, pero al recordarlo meses después siento algo muy intenso y, lo que es más significativo, me entran muchas ganas de volver.

Viaje a la Costa Oeste de USA (XV): San Francisco (III)

28.2.2015

Así como el de Monument Valley y Valley of the Gods fue el mejor día y la excursión en Bryce Canyon el mejor momento del viaje, el tercer día en San Francisco fue para mí su clímax. Pese a que en comparación con otros no tuvo apenas visitas míticas, mi sensación durante toda la jornada fue de tremenda felicidad y satisfacción. No había nada que me pudiera estropear el día, ni siquiera amargarme durante un segundo. Podría haberme quedado en cualquier lugar de los que visitamos, sentado horas y horas en un bar, y no me habría aburrido, porque ser feliz parecía mi destino ese día. Pasara lo que pasara, todo lo veía desde el lado más optimista posible. Fue como recoger los frutos de la felicidad que había ido sembrando durante los 14 días anteriores.

El día empezó con una maravillosa compensación de la Diosa Fortuna. Como recordareis, habíamos tenido que comprar unas carísimas cadenas para acceder a Sequoia National Park y apenas las pudimos amortizar porque a media mañana nos cerraron la carretera y tuvimos que dar vuelta atrás. Ese gasto inútil era una losa en el presupuesto del viaje y ardía en deseos de revenderlas. Teníamos la esperanza de encontrar alguna chatarrería en San Francisco donde nos la compraran, pero los dos días anteriores no habíamos visto nada parecido a una chatarrería: San Francisco es demasiado cool para negocios como éste. Nuestra última baza fue preguntarle a nuestra anfitriona si conocía alguna y la respuesta fue negativa, pero, casualidades de la vida, nos dijo que llevaba tiempo queriendo comprar unas…

– ¿Para qué coche son?
– Para un Kia Sorento.
– OMG, como el mío!!!

Y así fue como se las revendimos por un módico precio.

Nuestra primera parada del día fue en el barrio de Mission, el barrio latino, en el que se originó San Francisco. Su edificio más importante es la Misión Dolores, el edificio más antiguo de la ciudad, fundado en 1776 por misioneros españoles bajo la supervisión de Fray Junípero Serra.

Misión Dolores

Misión Dolores

Misión Dolores aparece también en una escena de Vertigo, cuando Madeleine visita la tumba de Carlotta Valdés.

El resto del barrio destaca sobre todo por el arte urbano, que adorna los muros de sus calles y fachadas. Cuanto a belleza, hay poco donde rascar en Mission, pero creo que dar un paseo matutino y desayunar un buen bagel en este barrio, tal y como hicimos nosotros, nunca es un mal plan.

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Mission

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Mission

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Mission

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Mission

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Mission

El siguiente barrio que visitamos sí que fueron palabras mayores: Haight-Ashbury. A finales de la década de los 60, HaightAshbury se hizo famoso por una nueva forma de entender la vida que defendía la armonía entre el hombre y su entorno y fomentaba los valores humanos. Había nacido el movimiento hippie.

Actualmente, HaightAshbury es el barrio alternativo de San Francisco, lleno de tiendas de ropa vintage, tiendas de discos, comercios de artesanía y un ambiente, en general, que recuerda bastante al de algunos barrios europeos, como el Soho de Londres o el Kreuzberg de Berlín.

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

Rápidamente se convirtió en mi barrio preferido de San Francisco. Pasamos casi toda la mañana en él, pero habría pasado tranquilamente el día entero, porque cada una de sus tiendas me llamaban la atención, todas tenían algo que me invitaba a visitarlas… Para un coleccionista de vinilos, sin duda, la mejor de todas es Amoeba Music, la tienda de música independiente más grande del mundo, cuya sede en San Francisco se encuentra en el 1855 de Haight Street. Casi me da un ataque de ansiedad al entrar en ella y comprobar el inabarcable paraíso del vinilo que tenía ante mí (en la foto a duras penas se aprecia la mitad del local). Tras muchas dudas sobre qué disco comprar como recuerdo, me hice con el disco homónimo de The Beat, ya que llevaba mucho tiempo tras él y la oportunidad de comprarlo era única.

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Amoeba Music

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Amoeba Music

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Amoeba Music

Fueron muchos los famosos que abrazaron la nueva forma de entender la vida que hervía en Haight-Ashbury y que se mudaron a este barrio. Destacan Janis Joplin y sobre todo Jimi Hendrix, cuya famosa Red House en el 1524 de Haight Street permanece intacta como uno de los grandes iconos del distrito.

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Red House de Jimi Hendrix

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Red House de Jimi Hendrix

Aprovechando que el barrio está lleno de restaurantes, comimos en un tailandés antes de despedirnos del lugar.

Nos desplazamos hasta el distrito de Marina, cerca del Golden Gate, en el que se encuentra el Palace of Fine Arts, inspirado en el Clasicisco de Grecia y Roma y situado frente a un lago artificial. Fue construido originalmente como atracción estrella de la Exposición Universal de San Francisco de 1915. Tras años de decadencia, fue restaurado a mediados de los años 60. Actualmente, es uno de los rincones más tranquilos y románticos de San Francisco.

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Palace of Fine Arts

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Palace of Fine Arts

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Palace of Fine Arts

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Palace of Fine Arts

Sin abandonar el distrito, nos acercamos hasta el mar para disfrutar de un paseo por la playa, con las vistas del omnipresente Golden Gate en el horizonte.

San Francisco

San Francisco

Era nuestro último día en San Francisco y ya habíamos visitado prácticamente todo lo que nos habíamos propuesto. Nos faltaba sólo la Grace Cathedral y el Golden Gate Park. Gastar el resto del día para visitar la catedral no nos apetecía, mientras que para el Golden Gate Park, teniendo en cuenta que es un 20% más grande que el Central Park de NY, consideramos que un par de horas serían insuficientes y que adentrarnos en él sin dedicarle todo el tiempo que se merece podía dejarnos un cierto sabor agridulce. Así pues, ni una ni otra opción… Decidimos que no había nada mejor que una nueva vista del Golden Gate para decir adiós a San Francisco.

Para despedirnos de él desde una perspectiva inédita nos dirigimos hasta Baker Beach, en la que hay un magnífico mirador en el que nos habríamos quedado durante horas. Prácticamente todos los miradores del Golden Gate valen la pena, pero éste tenía algo de clandestino que lo hacía especial… porque realmente no es un mirador al uso del Golden Gate, ya que está relativamente alejado de él, pero la panorámica que de él ofrece es la más completa de todas para mi gusto, además de que, al contrario que los demás, era nuestro, exclusivo para nosotros. No había nadie más alrededor.

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Baker Beach

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Baker Beach

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Baker Beach

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Baker Beach

La tarde-noche tenía reservado para nosotros un plan muy especial y simbólico. Durante todo el viaje habíamos rondado, sin haberlo pretendido, multitud de localizaciones de escenas de Vertigo. Antes del viaje nos habíamos planteado incluso volver a ver esa película, para calentar los motores de nuestra visita… Dio la casualidad de que en el Castro Theatre la reponían en 70 mm esa misma noche. No podíamos desaprovechar esa oportunidad única de ver una de mis películas preferidas de la historia en el cine-teatro más emblemático de la ciudad en la que se rodó.

Así pues, nos dirigimos de nuevo al distrito de Castro y más o menos repetimos la misma visita que habíamos hecho dos días antes. Aunque por este motivo faltara el factor sorpresa, disfrutamos del paseo tanto o más que entonces, empezándola con una birra en el mismo pub de ambiente y finalizándola con una cena en el mismo oriental.

Como es lógico, no pude hacer fotos del interior del Castro Theatre, pero puedo asegurar que es un lugar fascinante, en el que parece que el tiempo se detuvo hace muchos años. Antes de la película hubo incluso un concierto de organillo para amenizar la espera. Era todo tan mágico que estaba un poco saturado, parecíamos vivir un sueño o ser protagonistas de una película antigua.

No hubo tiempo para más. Nuestro tercer miniviaje en la Costa Oeste había finalizado y ya sólo nos quedaba uno por delante… curiosamente el único que recorrería la costa, literalmente: el Big Sur.

Viaje a la Costa Oeste de USA (XIV): San Francisco (II)

27.2.2015

Nuestro segundo día en San Francisco tenía una visita destacada por encima de las demás: Alcatraz. Teníamos reservada a las 12 una excursión en barco a la mítica prisión con la empresa Alcatraz Cruises. Como bastaba con estar en el muelle media hora antes, tuvimos tiempo de hacer varias visitas mientras llegaba la hora.

Buscamos qué podíamos ver cerca del Pier 33, desde donde parten los barcos a Alcatraz, y decidimos acercarnos en primer lugar a Telegraph Hill, una colina en la que se levanta la Coit Tower. Presupusimos que las vistas desde lo alto de la torre, de 64 metros de altura, deben ser espectaculares, pero decidimos no subir para ahorrar un poco de dinero, que buena falta nos hacía, y tiempo. Nos conformamos con las vistas desde el mirador que hay en la base de la torre, que por sí solas ya valen bastante la pena… y mucho más si da la casualidad de que al llegar uno se encuentra un arcoíris sobre la bahía con el Golden Gate al fondo. Las únicas cuatro gotas que nos cayeron en San Francisco sirvieron para presenciar tal espectáculo.

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Golden Gate desde Telegraph Hill

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Coit Tower

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Lombard Street desde Telegraph Hill

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San Francisco desde Telegraph Hill

Después de Telegraph Hill volvimos a visitar Lombard Street. Aunque ya habíamos estado el día anterior más o menos a la misma hora, venía de paso camino al Pier 39, así que decidimos dedicarle otro ratito de nuestro viaje.

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San Francisco y Telegraph Hill desde Lombard Street

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San Francisco

Íbamos a pasar casi todo el día entre Alcatraz, el Pier 39 y los no muy lejanos distritos del Downtown, Chinatown y Little Italy, a los que nos podríamos desplazar en tranvía. Por este motivo decidimos dejar el coche en un aparcamiento cerca del Pier 39, pagando la tarifa correspondiente a un día entero. Salió caro, pero las alternativas o eran más caras o implicaban sacrificar buena parte del plan que habíamos pensado.

El Pier 39 fue una de las pocas atracciones de San Francisco que de alguna manera me disgustó. Me pareció demasiado turístico y comercial, pero debo reconocer que no es algo que no supiera de antemano, ya iba un poco mentalizado con que me encontraría eso.

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Pier 39

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Pier 39

Lo que sí me hizo bastante ilusión fue ver la famosa colonia de leones marinos que habita en sus inmediaciones.

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Pier 39

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Pier 39

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Pier 39

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Pier 39

Llegó la hora de Alcatraz, la visita estrella del día. Quedamos muy satisfechos con Alcatraz Cruises: máxima puntualidad, audioguías gratuitas, personal muy atento y solícito,… Para los más reacios al mar, el trayecto dura poco, unos 10-15 minutos si no recuerdo mal, y el oleaje en la bahía no suele hacer cosquillas a la estabilidad de sus barcos.

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Alcatraz

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Alcatraz

Usted tiene derecho a recibir comida, ropa, albergue y atención médica.
Cualquier otra cosa que reciba es un privilegio.

La regla número 5 que recibían los presos al llegar a Alcatraz dejaba claro y cristalino que su vida allí no iba a ser un camino de rosas.

Actualmente, la isla cuenta con la abandonada prisión, varias fortificaciones militares y el faro en funcionamiento más antiguo de la Costa Oeste. Visitar la prisión de Alcatraz fue una experiencia muy interesante y recomendable. La audioguía explica perfectamente para qué servían cada una de sus estancias y a lo largo del recorrido va relatando las anécdotas más importantes que en ellas acontecieron. Ver el diminuto tamaño de sus celdas, sentir el frío y la humedad de su interior y constatar, de forma general, las terribles condiciones con las que vivían sus presos fue uno de los momentos más estremecedores del viaje.

Pero la mayor de las crueldades, curiosamente la más subjetiva de todas, quizás era la de estar recluso en una prisión tan terrible y alzar la vista y ver tan cerca una ciudad tan bella y paradigmática de la libertad como San Francisco. Vivir en el infierno a las puertas del paraíso.

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Alcatraz

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Alcatraz

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Alcatraz

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Alcatraz

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Alcatraz

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Alcatraz

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Alcatraz

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San Francisco desde Alcatraz

La isla de Alcatraz ya fue utilizada hace siglos por los españoles con fines de seguridad. En ella situaron una fortificación militar que vigilaba la entrada y salida de la bahía de San Francisco. Años después, durante la Guerra Civil Estadounidense se instalaron en ella más de 100 cañones y 400 soldados, formando parte del plan de defensa de Estados Unidos.

Fue en 1934 cuando Alcatraz se convirtió en una prisión federal de máxima seguridad, en la que cumplían su condena los que se catalogaban como presos más peligrosos e incorregibles. Hasta 14 intentos de fuga hubo en la historia de la prisión, pero sólo uno tuvo supuestamente éxito. En 1962, Frank Morris y los hermanos Anglin, tras ingeniárselas para hacer un agujero en sus celdas y fabricar unas cabezas de mentira que disimularan su ausencia mientras huían, lograron escapar de la prisión por vía marítima… Sin embargo, el éxito de esta fuga sigue siendo un misterio y se da por hecho que fallecieron en el mar.

En 1963 Alcatraz cerró sus puertas por motivos económicos. Los gastos de mantenimiento aumentaron considerablemente debido a la corrosión de las estructuras de la prisión provocada por el agua del mar. Así finalizaba la leyenda de la prisión más famosa de la historia. Aunque hoy en día sigue siendo posible su visita turística, se prevé que no tardará mucho en llegar el día en que la corrosión obligue a cerrarla para cualquier fin.

Tras la lección de realidad e historia que supuso Alcatraz, nos consolamos con una buena comilona en el Bubba Gump del Pier 39, un restaurante temático sobre Forrest Gump. Ya quisimos haber comido en el de Santa Mónica, pero no pudimos debido a la gran aglomeración de gente que encontramos. Aunque la comida nos gustó bastante, nos dio la impresión de que tiene una discutible relación calidad-precio… básicamente porque nos salió bastante caro. Por el lado positivo, hay que reconocer que su ambientación está muy lograda, llena de referencias a la película tanto en la decoración como en la carta.

Bubba Gump

Bubba Gump

Para bajar un poco la comida, dimos un paseo por Fisherman’s Wharf, el barrio del embarcadero, pero mi impresión sobre él fue similar a la que tuve con el Pier 39: mucha gente, muchos souvenirs,… Lo mejor fue encontrar un museo gratuito sobre antiguas máquinas recreativas en el que pasamos un buen rato.

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Fisherman’s Wharf

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Fisherman’s Wharf

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Musée Mécanique

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Musée Mécanique

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Musée Mécanique

Nuestros pasos en los embarcaderos habían llegado a su fin. Era hora de dar paso a los tranvías, otra de las atracciones más populares de San Francisco.

La red de tranvías por cable de San Francisco es la última que queda de estas características. Desde Fisherman’s Wharf hay dos líneas de cable que conducen hasta el Downtown, remontando las empinadas y cinematográficas cuestas del distrito de Nob Hill. En ambos extremos de estas líneas se realiza un cambio de sentido manual del tranvía. Nosotros tuvimos la suerte de presenciar el del tranvía que íbamos a coger.

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Tranvía San Francisco

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Tranvía San Francisco

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Tranvía San Francisco

El trayecto en tranvía fue bastante divertido. La verdad es que quien quiera trasladarse con urgencia es mejor que opte por un taxi o un autobús, pero como trayecto turístico fue ideal.

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Tranvía San Francisco

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Tranvía San Francisco

Nuestra visita del Downtown no fue demasiado larga y nos limitamos a pasear por los alrededores de Union Square. La zona está llena de tiendas de lujo y grandes almacenes, pero como nuestros gustos al viajar distan bastante de lo que había por allí no tardamos mucho en desplazarnos al cercano barrio de Chinatown.

Chinatown sí que nos gustó bastante. Sus dos calles principales son Grant Ave y Stockton Street. Nosotros recorrimos de ida la primera y de vuelta la segunda. La famosa puerta de entrada al barrio se encuentra en el cruce de Grant Ave con Bush Street. Nunca he estado en China, pero si comparo este Chinatown con el de otras ciudades sin duda alguna es el que me ha transportado mejor al gigante asiático.

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Chinatown

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Chinatown

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Chinatown

Antes de recorrer Stockton Street de vuelta al Downtown, dimos un paseo por Little Italy, un barrio lleno de restaurantes, cafeterías y heladerías de origen italiano. El cruce entre Columbus Ave y Broadway Street es un buen lugar para girar la vista al sur e impresionarse con el rascacielos Transamerica Pyramid, el más alto de la ciudad con 260 metros. En el 261 de Columbus Ave se encuentra también City Lights, una librería muy famosa y auténtica en la que nos refugiamos un rato y que debe su nombre a la mítica película de Charles Chaplin.

Transamerica Pyramid

Transamerica Pyramid

Como llevábamos mucho cansancio acumulado y las perspectivas de poder ver todo lo que nos faltaba de la ciudad el día siguiente eran favorables, volvimos de nuevo con un tranvía al Pier 39, recogimos el coche del aparcamiento y fuimos a comprar algo de cenar en un supermercado.

Cenamos tranquilamente en casa y fuimos a dormir temprano. Sabíamos que algo grande iba a suceder el día siguiente.