Carros de Foc (III): Restanca – Ventosa i Calvell – Estany Llong

7.9.2016

La indudable etapa reina de la travesía, configurada un poco a lo loco y de manera inconsciente, porque suponía caminar un mínimo de 8 horas coincidiendo con la durísima y complicada subida al Collet de Contraix con la que tanto soñábamos desde hacía meses.

Nos dimos el mayor madrugón de la semana porque de no ponernos en marcha temprano nuestra llegada a la hora de la cena de Estany Llong habría estado seriamente comprometida.

El camino entre Restanca Ventosa i Calvell fue una buena piedra de toque para analizar el estado de nuestras piernas. Contra lo que esperábamos, superamos este tramo en menos tiempo del previsto, con un ritmo muy bueno y una sensación de plena energía en el cuerpo. La ilusión de subir el Contraix quizás nos daba ese plus que se requiere para un día como éste.

Carros de Foc

Estany de Mangades

Estany de Travessani

Estany Xic

Estany Xic

Dado el buen tiempo que habíamos marcado, nos permitimos el lujo de descansar un rato en el Refugi Ventosa i Calvell antes de acometer la larguísima y dificultosa subida al Contraix, el cual divisábamos con respeto en el horizonte.

¿Un muro? No, Contraix desde Ventosa i Calvell

Estany Negre desde Ventosa i Calvell

Serra de Tumeneia desde Ventosa i Calvell

La subida a Contraix fue inolvidable, las tres mejores horas de Carros de Foc. Se divide en tres tramos muy duros y empinados separados por dos breves descansillos entre ellos. El primero, el más sencillo de todos, aún goza de árboles, plantas, etc a sus alrededores, pero los dos siguientes consisten en auténticos pedregales en los que nunca sabes dónde dar tu siguiente paso, si confiar en la piedra en la que vas a apoyar tu pie, etc… Existen varios caminos trazados no se sabe bien con qué criterio, porque una vez los recorres no les ves sentido, parecen una broma de un excursionista guasón que decidió construir hitos falsos, y por momentos ves señales en todos lados pero ningún camino uniéndolas. Dejando confabulaciones de lado, tuvimos que ponernos a cuatro patas en numerosas ocasiones. El colmo de los colmos llegó en los últimos cincuenta metros de ascensión, donde por cada paso que daba retrocedía medio por culpa de un suelo vertical compuesto de pequeñas piedrecillas y arena, echando de menos esas rocas gigantes y traicioneras de las que antes me quejaba. Una odisea, en definitiva.

Estany Gran de Colieto

Estany Gran de Colieto

Vista atrás ascendiendo el Contraix

Ascensión del Contraix

Vista atrás ascendiendo el Contraix

Coronar el Contraix (2.745 metros) supuso toda una liberación y un subidón de adrenalina, después de tantos meses con este instante marcado a fuego en mi mente. Las vistas desde la cima son vertiginosas.

Vista atrás desde el Contraix

Vista adelante desde el Contraix

La bajada del collado resultó algo peligrosa, pero me dio la sensación de que lo habría sido mucho más si hubiéramos decidido recorrer Carros de Foc en el sentido inverso. Descansamos un buen rato a orillas del Estany de Contraix, con un inocente presagio de que en adelante la jornada iba a resultar un paseo militar. Animalitos…

Estany de Contraix

Y es que la bajada desde el Estany de Contraix hasta el Refugi Estany Llong se convirtió en una interminable tortura. Teníamos las piernas rotas de dolor, nuestros reflejos fallaban y nos tambaleábamos constantemente. Supuso la puntilla definitiva cuando ya estábamos relajados por haber superado lo peor.

Finalmente, llegamos a tiempo a Estany Llong, donde pasé la peor de las cinco noches de Carros de Foc. Cansancio, calor, incomodidad,… todo de golpe, pero… ¿y lo que había valido la pena? Hay palabras muchas para describir el sufrimiento, pero pocas para explicar el placer que suscitó en mí esta etapa.

Carros de Foc (II): Saboredo – Colomèrs – Restanca

6.9.2016

La segunda etapa resultó ser, en el cómputo global, la segunda más dura de las seis que recorrimos, sólo superada por la tercera, que de forma tímida ya empezaba a invadir nuestro pensamiento.

Apenas pude dormir en toda la noche en Saboredo, algo que se convertiría en ley durante el resto de estancias. Ronquidos, una extraña sensación de exceso de energía en el cuerpo a pesar del obvio cansancio, camas estrechas, una temprana hora para acostarse, etc… todo un cúmulo de circunstancias. Por este motivo, costó arrancar un poco por la mañana, pero por suerte el primer tramo no fue demasiado duro y pronto las piernas encontraron su tono mientras subíamos el Còth de Sendrosa (2.452 metros).

Vistas desde el Còth de Sendrosa

Durante la bajada, tuvimos ciertas dificultades para orientarnos. Varios caminos se entrecruzan y dudamos bastante hasta encontrar el adecuado, pero una vez identificado no hubo problemas hasta llegar al Refugi de Colomèrs. El paisaje de este tramo fue de los menos interesantes de toda la travesía, salvando la llegada al Estanh Còto de Baish.

Estanh Còto de Baish

Estanh Còto de Baish

Colomèrs me trae inmediatamente gratos recuerdo de una vieja excursión que hice por el Circ de Colomèrs y que repetiría mañana mismo. Descansamos un rato a la orilla del lago para reponer fuerzas antes de emprender la ascensión más dura de la jornada.

Estanh Major de Colomèrs

La subida a la que hacía referencia es la del Port de Caldes (2.572 metros), para mis piernas la segunda más dura de toda la aventura después de la del Collet de Contraix que emprenderíamos la jornada siguiente. No fue por una cuestión de longitud, ni desnivel ni dificultades técnicas, Fue un poco de todo, en realidad, pero el factor más perturbador fue el intenso calor que sufrimos durante ese rato. Así como las piernas respondían, los pulmones se rendían, asfixiados por las altas temperaturas y la humedad. Por un momento pensé que no me había preparado suficientemente bien, pero por suerte a lo largo de los siguientes días comprobaría que estaba errado. Comimos poco antes de coronar el puerto, disfrutando de unas magníficas vistas y de las comodidades de un prado.

Subida al Port de Caldes

Subida al Port de Caldes

Vistas desde la subida al Port de Caldes

Tras culminar la subida, el paisaje que se nos abrió ante los ojos fue realmente inspirador e ilusionante. Desde la cima del Port de Caldes hasta la llegada al Refugi Restanca todo me encantó sin objeción alguna.

Vista atrás desde el Port de Caldes

Vista adelante desde el Port de Caldes

Vista adelante desde el Port de Caldes

Tras una primera bajada, descansamos de nuevo a orillas del Estany del Port de Caldesgozando de ese indescriptible placer de remojar tus pies en agua helada. Las vistas de este lugar y de sus alrededores, con los también destacables Estany de MangadesEstany des Monges, fueron las mejores de la jornada.

Estany del Port de Caldes

Estany de Mangades

Estany des Monges

Apenas hubo desniveles desde el Estany del Port de Caldes hasta el Port de Rius, breves y suaves subidas se alternaban con otras bajadas de iguales características, pero una vez llegados al segundo esa tendencia cambió. Tocaba emprender dos bajadas consecutivas hasta el Refugi Restanca, pero no unas cualesquiera: dos auténticas rompepiernas, con una única tregua entre ambas rodeando el Estanh de Cap de Pòrt.

Estanh de Cap de Pòrt desde Port de Rius

Estanh de Cap de Pòrt, con el Port de Rius al fondo

Bajada final a Restanca

Pese a su indudable belleza, al llegar a Restanca no pude quitar de mi cabeza la idea de que este tramo final resulta algo gratuito en el recorrido completo de Carros de Foc, opinión compartida por muchos montañeros, debido a que se trata de andar y desandar dos collados sólo por el hecho de sellar la cartilla en el refugio.

Carros de Foc (I): Ernest Mallafré – Amitges – Saboredo

5.9.2016

Nuestra aventura empezó desde el Refugi Ernest Mallafré, el cual habíamos elegido para recoger nuestra cartilla y sellar por primera vez. Fue muy emocionante toda la subida en 4×4 desde Espot hasta el Llac de Sant Maurici, en cuyos alrededores se encuentra el refugio. Lo recuerdo como uno de los momentos más ilusionantes, y eso que aún no habíamos empezado a caminar.

Recogida nuestra cartilla, empezamos a caminar cargados de peso en las mochilas y de ánimo en nuestra mente. La primera parada, como no podía ser otra, tuvo lugar en el Llac de Sant Maurici, el más famoso de los 200 y pico lagos que se han contabilizado en el parque, aunque dado su fácil acceso no tiene tanto encanto como otros que iríamos encontrando.

Llac de Sant Maurici

Tras pasar el lago nos desviamos un poco del itinerario principal para poder ver el Salt de Ratera, de muy fácil acceso y sin dificultades técnicas para todos aquellos que suban a Sant Maurici sin grandes propósitos de caminar.

Salt de Ratera

Retomamos el camino principal y durante un buen tramo no hubo grandes impresiones a nivel paisajístico, hasta que iniciamos la subida final hacia el Refugi d’Amitges, donde gracias a la progresiva altura pudimos tener una perspectiva mejor de lo que íbamos dejando atrás y de lo que nos esperaba por delante.

Rumbo a Amitges

Rumbo a Amitges

Llegados al Refugi d’Amitges, hicimos el primer descanso del día, tomando un refresco y unos frutos secos a la sombra. El calor y la humedad eran tremendos y yo ya me arrepentía de haber cargado la mochila con ciertas prendas de abrigo que a todas luces me sobrarían salvo giro muy significativo del tiempo.

Me impresionaron las vistas desde el refugio, con especial mención de las impresionantes Agulles d’Amitges, cuya forma piramidal encaja a la perfección con el imaginario de un niño que dibuja montañas.

Agulles d’Amitges

Agulles d’Amitges

Poco después del refugio, sufrí el primer gran impacto del viaje al divisar el Estany dels Barbs. En ese momento ya me sentí suficientemente recompensado, con independencia de lo que estuviera por venir en adelante.

Estany dels Barbs

Estany dels Barbs

No recuerdo la etapa como dura ni complicada, pero pasados los dos lagos anteriores hubo un largo tramo aéreo al borde de un ladera pedregosa en el que había que tener cuidado, rumbo al Port de Ratera.

Camino al Port de Ratera

Al coronar el Port de Ratera, de 2.594 metros, abandonamos la vertiente de la Vall d’Espot para acceder a la de la Vall d’Aran. Nuestra intención era comer justo en la cima, pero había una corriente muy molesta que nos obligó a seguir unos minutos hasta encontrar un sitio más resguardado. Recuerdo perfectamente un estado de pleno bienestar y relajación tumbado en el suelo después de comer, un momento de máxima comunión con la naturaleza, de esos en los que nada importa, nada te preocupa y nada te falta.

El tramo desde el Port de Ratera hasta el Refugi Saboredo consistió en una bajada sencilla y apacible entre numerosos lagos de mayor o menor tamaño.

Descenso a Saboredo

Descenso a Saboredo

Descenso a Saboredo

Descenso a Saboredo

Descenso a Saboredo

Llegamos a Saboredo (2.310 metros) a una hora ideal para sellar, ducharnos, tomar un refresco y relajarnos jugando a las cartas. El primer día de nuestra aventura había llegado a su fin y nuestra satisfacción no podía ser mayor.

Refugi Saboredo