Viaje a Noruega (XVI): Egersund – Borrehaugene – Fredrikstad – Oslo

15.9.2013

Aún nos quedaba un día entero y buena parte de otro, pero nos despertamos con esa triste sensación que se tiene cuando un viaje llega a su fin. Al fin y al cabo, este día iba a ser ya de vuelta a Oslo, con mucha carretera y escasas paradas interesantes a la vista.

La primera parada que teníamos en mente se frustró. Se trataba del faro de Lindesnes, punto más meridional de Noruega. Estábamos volviendo a Oslo siguiendo la costa sur del país y al llegar a su altura nos dimos cuenta de que para acceder a él debíamos recorrer 28 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. Desistimos porque no íbamos sobrados de tiempo.

La decisión de volver por la costa, si pudiéramos, la corregiríamos, ya que no ofrece paisajes especialmente remarcables. Pasamos varias zonas ricas en lagos, montañas curiosas… pero poco impresionantes en comparación con lo que habíamos visto durante las dos semanas anteriores.

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Noruega

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Noruega

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Noruega

Hicimos un breve stop para estirar las piernas y visitar una capilla semiderruida, la única parada interesante de la mañana.

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Noruega

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Noruega

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Noruega

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Noruega

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Noruega

Al final el viaje cundió y llegamos a los alrededores de Oslo antes de lo previsto, así que improvisamos dos visitas antes de acceder a la capital.

En primer lugar, dimos un paseo por Borrehaugene, un cementerio vikingo que forma parte del Parque Nacional de Borre. Sus montículos funerarios son únicos en toda Escandinavia.

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Borrehaugene

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Borrehaugene

Y finalmente, la segunda visita, tras cruzar en un ferry el fiordo de Oslo, fue la de Fredrikstad, la ciudad fortificada mejor conservada de toda Escandinavia.

Puente levadizo Fredrikstad

Puente levadizo Fredrikstad

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Puente levadizo Fredrikstad

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Fredrikstad

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Casa de provisiones de Fredrikstad

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Casa de provisiones de Fredrikstad

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Fredrikstad

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Fredrikstad

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Fredrikstad

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Voldporten Fredrikstad

Tras alcanzar el kilómetro 6.000 del viaje, llegamos a Oslo para dormir una última noche en Noruega.

La mañana del 16 no valió la pena suficientemente como para tener una entrada propia, ya que nos dedicamos a revisitar Oslo y al Nasjonalmuseet. La sensación de fin de una aventura dominaba nuestro ánimo. Echando la vista atrás, parecía que había pasado un año desde que paseábamos esas mismas calles. Habíamos vivido muchas experiencias en poco más de 15 días y nuestro agotamiento era indescriptible.

El día amaneció en modo hidromasaje, con una fuerte lluvia que caía en todos los sentidos, algo poco alentador para visitar una ciudad y más cuando la idea original era ir al Vigelandsparken, que me quedó pendiente para futuras visitas.

Tras dejar el coche impoluto y no damage, olé tú, decidimos que lo más sensato era refugiarnos en un museo. Elegimos el Nasjonalmuseet, ya que albergaba una exposición dedicada al 150 aniversario del nacimiento de Edvard Munch, además de otra colección permanente.

Fue un buen contrapunto cultural para concluir un viaje cortado por un patrón totalmente opuesto: el de la aventura, los paisajes, las cascadas, la fauna, terrestre y marítima, los fiordos, el mar, los lagos, las grandes e imponentes montañas, los días de lluvia y frío, los días de sol y calor, las auroras boreales que no pudimos ver y, sobre todo, el buen rollo y la inmejorable compañía.

Recorrido del día 15 en Google Maps.

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Viaje a Noruega (XV): Lysefjord – Preikestolen – Jæren – Egersund

14.9.2013

A lo largo del relato de este viaje he ido asignando un papel a determinados días señalados. He hablado del mejor instante del viaje divisando las montañas de Andøya, de una etapa reina en Trollstigen – Geirangerfjord – Briksdalsbreen, el día perfecto, y de un clímax en Hardangerfjord. Faltando dos días para concluirlo, esta jornada la podríamos definir como el canto de cisne del viaje gracias a la subida a Preikestolen.

Era un día marcado en rojo en nuestro calendario. Si Lofoten había motivado que llegáramos tan al norte, Preikestolen había hecho lo mismo pero hacia el sur, para cerrar el viaje con un broche de oro, un recuerdo épico e inmejorable y en el registro que más me gusta: el senderismo.

La propuesta tenía su riesgo, ya que la región no es tan bonita como las que habíamos visitado anteriormente y en caso de que el día saliera rana nos veríamos sin un plan B que nos motivara.

Y precisamente el día salió rana… Lluvia, frío y sobre todo viento. Pero como a veces nos dejamos llevar por nuestro lado más irracional y teníamos ilusión y fuerza de sobra para superar cualquier adversidad, en contra de lo que dictan los manuales de los buenos excursionistas (alejen a los niños del blog) decidimos arriesgarnos.

Salimos del parking habilitado sobre las 8:30. La lluvia no era fuerte pero sí insistente, de esas que van calando poco a poco, mientras que el viento, en esa zona, no se hacía notar demasiado.

Preparados, listos... ¡YA!

Preparados, listos… ¡YA!

El perfil de la excursión era como el de una escalera. Empieza con una fuerte ascensión, luego llega una llanura, otra nueva ascensión, otro llano, una nueva y fortísima ascensión, otro llano y finalmente otra ascensión y llano, hasta alcanzar la mítica roca tras un breve descenso. No se puede decir que sea una excursión complicada técnicamente, pero sí exigente físicamente para quien no esté acostumbrado a la alta montaña, y dado que se trata de una excursión que en verano llega a recibir 25.000 personas, no es extraño que muchas de ellas no estén lo suficientemente preparadas. Basta decir que vimos subir/sufrir a una japonesa con minifalda y plataformas, como quien va a la discoteca…

Los paisajes durante la ascensión, sabiendo lo que a uno le espera en la cima, despertaron poco interés en mí, aparte de que iba concentrado en no meter la pata en ningún charco y en no resbalar.

Subida a Preikestolen

Subida a Preikestolen

Poco antes de alcanzar la roca, nos cruzamos con un grupo de excursionistas que ya andaban de vuelta y nos informaron de que tras su marcha teníamos la roca para nosotros solos, pero que hacía un viento infernal. Windy as hell, literalmente. La idea de estar solos en el púlpito nos dio fuerzas y el último tramo lo hicimos a toda prisa… Y, efectivamente, ya en la roca nos encontramos con algo totalmente utópico en este lugar tan popular: la soledad.

El viento era realmente potente, hasta tal punto de ser capaz de modificar nuestra trayectoria mientras andábamos, dificultar enormemente el ponerse un abrigo, etc… Tuvimos que extremar las precauciones. No en vano, precipitarse de la roca implica 604 metros de caída libre hasta el mar… Casi nada.

Las vistas de Lysefjord son impresionantes y un día tan gris le daba un aspecto especialmente dramático. Como no podía ser de otra manera, nos recreamos bastante haciendo fotos de todos los colores: saltando, cogidos de la mano, haciendo planking extremo,…

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Preikestolen

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Preikestolen

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Preikestolen

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Lysefjord desde Preikestolen

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Preikestolen

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Preikestolen

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Preikestolen

Cuenta la leyenda de que esta mítica roca cederá cuando cinco hermanos se casen con cinco hermanas. Por favor, ¡sed sensatos antes de casaros!

El descenso fue como un paseo. Era tal la satisfacción que teníamos en el cuerpo que apenas notábamos el cansancio. Llegamos de nuevo al parking sobre las 12:30, En total, hay que calcular unas dos horas de subida, hora y media de bajada y el tiempo que cada uno quiera pasar en el púlpito.

Nuestro siguiente destino era Stavanger, donde debíamos pasar la tarde y dormir en sus afueras. Fue una visita frustrada porque ni pudimos llegar al centro de la ciudad en coche, ni encontramos alojamiento ni hicimos nada que pueda considerarse remotamente como hacer turismo. Una feria sobre perros y un acontecimiento deportivo habían colapsado la ciudad.

Así pues, pasamos de largo Stavanger y decidimos adelantar parte de la ruta prevista para la jornada siguiente, en la que debíamos llegar a Oslo.

Tuvimos la ocasión de recorrer una última carretera de interés turístico, la Carretera Turística Nacional de Jæren. A diferencia del resto de carreteras que habíamos recorrido, caracterizadas por paisajes cerrados por la alta montaña, Jæren destaca por todo lo contrario: llanuras, playas vírgenes, cielo abierto y un horizonte infinito sobre el océano. La zona me recordó mucho al paisaje de las islas Orcadas.

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Jæren

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Jæren

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Jæren

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Jæren

Nos detuvimos en Egersund, famoso por disponer del puerto pesquero más importantes del país y el único que ofrece abrigo cuando hay temporal en la costa de JærenArquitectónicamente destaca por sus casas de madera.

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Egersund

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Egersund

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Egersund

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Egersund

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Egersund

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Egersund

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Egersund

Dormimos en un camping nada memorable en las afueras del pueblo, nuestra última noche antes de volver a Oslo.

Recorrido del día en Google Maps.

Viaje a Noruega (XIV): Norheimsund – Hardangerfjord – Låtefoss – Ryfylke – Lysefjord

13.9.2013

La improvisación del día anterior implicó que esta jornada fuera de tránsito puro y duro. No fue memorable, pero tuvo momentos interesantes.

Abandonamos, esta vez de forma definitiva, nuestro estimado camping Oddland rumbo a la orilla sur de Hardangerfiord, para lo cual tuvimos que tomar un ferry entre Tørvikbygd y Jondal.

Cruzando Hardangerfiord

Cruzando Hardangerfiord

En la orilla sur de Hardangerfjord recorrimos otro tramo de la Carretera Turística Nacional de Hardanger, de la que ya habíamos recorrido un ramal dos días antes. Este nuevo tramo nos gustó mucho más que el primero. Esta orilla destaca sobre todo por el cultivo de frutales. Manzanos, ciruelos, cerezos… embellecen el litoral de Hardangerfjord y evocan vagamente el típico paisaje mediterráneo.

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Mirador de Hereiane

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Manzanas

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Manzanos

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Manzanos y Hardangerfjord

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Hardangerfjord

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Cerezas

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Hardangerfjord

Muchos agricultores tienen una parada frente a su casa para que los que lo deseen puedan llevarse, sin supervisión alguna, una bandeja o bolsa de fruta depositando su coste en una cajita, a modo de self-service, confiando ciegamente en la honestidad del comprador. Así es Noruega, el civismo y la educación están marcados a fuego en la sociedad, y como español me ruborizo al imaginar lo que sucedería si alguien en España tuviera esta iniciativa…

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Frutería Hardangerfjord

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Ciruelas

Hardangerfjord fue, después de Geirangerfjord, el segundo fiordo que más me gustó, no tanto por su belleza sino por su tranquilidad, lo bien que lo pasamos y la perfecta combinación del paisaje nórdico y mediterráneo. Ya lo dije en la entrada anterior, pero de todos los lugares que visitamos y pese a no ser el más bonito me habría quedado a vivir en Hardangerfjord.

Tras la carretera turística, el día tuvo pocas paradas más de interés. Una de ellas la hicimos para contemplar desde la lejanía el glaciar Folgefonna.

Folgefonna

Folgefonna

Poco después, llegamos al otro momento cumbre del día, la cascada Låtefoss. Se trata de una cascada muy peculiar ya que está configurada por dos saltos que provienen de la misma fuente, el lago Lotevatnet, y cuyas aguas posteriormente vuelven a unirse en un único cauce.

Låtefoss

Låtefoss

Por la tarde, recorrimos la Carretera Turística Nacional de Ryfylke, pero no le prestamos demasiada atención, íbamos un poco a piñón y fue la que menos disfrutamos. Los paisajes eran hermosos, pero en comparación con los de anteriores carreteras no brillaban.

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Ryfylke

Encontramos alojamiento cerca de Lysefjord, pero antes de dar el día por concluido dimos un paseo en coche por la orilla sur del fiordo hasta cerca de Fossmork, desde donde vimos a lo lejos nuestro reto del día siguiente: Preikestolen.

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Preikestolen

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Alrededores de Lysefjord

Llovía y la previsión no era nada halagüeña. Quizás habríamos recorrido tantos kilómetros para llevarnos el chasco de no poder hacer la excursión… Con esta incertidumbre, fuimos a dormir, confiando en una tregua del tiempo por la mañana.

Lysefjord Hyttegrend

Lysefjord Hyttegrend

Recorrido del día en Google Maps.