Italia 2013 (I): Bolonia

31.5.2013

Si me lo llega a vaticinar Sandro Rey no me lo habría creído, pero en apenas un año y poco visité Bolonia dos veces. Nunca había sido una ciudad que me hubiera llamado la atención, pero al tratarse del más importante nudo de comunicaciones de Italia, por encima de Roma o Milán, se erige como un lugar estratégico al que tarde o temprano se acaba yendo.

Que no me atrajera previamente no significa que no me guste la ciudad. Al contrario, el haberla visitado en dos ocasiones en tan poco tiempo, aunque de rebote, ha hecho que le coja cariño y ya me haya empapado de su cultura e historia.

Nuevamente, hice la visita de la ciudad en un único día y el recorrido no difirió demasiado respecto al que hice el año anterior, así que no me voy a alargar describiéndolo y para mayor información recomiendo recurrir a mi otra entrada sobre la ciudad.

La subida a la Torre Asinelli, que no pude hacer en la otra ocasión al encontrarse en reformas, fue la principal diferencia entre una visita y la otra. Sus datos impresionan y dan una idea de las buenas vistas que se pueden contemplar desde su cumbre: 97 metros de altura, 498 escalones de subida. Ya puestos, digo yo, podrían haberla levantado hasta los 100 metros y 500 escalones, para alcanzar dos cifras más épicas.

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Bolonia desde Asinelli

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Bolonia desde Asinelli

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Bolonia desde Asinelli

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Bolonia desde Asinelli

Esta fue la primera visita que hicimos y, como ya he dicho, el resto del día no se desvió mucho del recorrido que hice el año anterior, así que me limitaré a añadir una selección de fotos, sin más.

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Le Due Torri

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Le Due Torri

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Torre Asinelli

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Palazzo Re Enzo

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Fontana del Nettuno

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Fontana del Nettuno

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Piazza Maggiore

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Piazza Maggiore

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Basilica di San Petronio

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Palazzo del Podestà

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Palazzo d’Accursio

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Mercato di Mezzo

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Palazzo dell’Archiginnasio

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Torre Asinelli

Italia 2012 (VI y VII): Cerreto d’Esi – Módena

8 y 9.4.2012

Los dos últimos días del viaje fueron muy ligeros, por lo que haré una entrada conjunta para ambos.

El día 8, Domingo de Pascua, hizo muy mal tiempo y no pudimos hacer prácticamente nada. Por la mañana, fuimos a dar un paseo por un prado cercano a Cerreto d’Esi y visitamos el pueblo, del que destaca básicamente la Torre Civica Pendente.

Por la tarde, dimos una vuelta en coche por la zona, pero la tuvimos que interrumpir antes de lo previsto al vernos sorprendidos por una incipiente nevada.

El resto del día fue de recogimiento y descanso absoluto. Por la noche, sin dormir, teníamos que ir en coche hacia Bolonia, ya que mi familia tenía su vuelo de vuelta a primerísima hora de la mañana. Entre semejante planazo y el mal tiempo, pocas ganas de movernos teníamos.

En mi caso, el viaje se alargó durante toda la mañana del día 9. Dormí apenas 2 horas en el coche de alquiler, justo después de despedirme de la familia, y la verdad es que no tenía el cuerpo para muchos trotes, pero tenía que buscarme la vida como fuera para hacer tiempo hasta la salida de mi vuelo.

Barajaba dos opciones para pasar la mañana. La primera, repetir visita de Bolonia. La segunda, improvisar una visita a alguna ciudad cercana. Animado por el exitazo que supuso la improvisación de unos días atrás, cuando decidí visitar Ferrara, opté por lo segundo y Módena fue mi ciudad elegida.

De Módena poco o nada conocía, más allá de su vinagre. Así como la visita de Ferrara fue un triunfo sin discusión, la de Módena me dejó algo frío. No puedo decir que sea una ciudad fea, pero a nivel turístico su atractivo es muy reducido.

Básicamente, lo que vale la pena (si no es que se me escapó alguna cosa, que con la presión del tiempo y el cansancio acumulado podría ser) es el conjunto formado por la catedral, la Piazza Grande y la Torre Ghirlandina, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La mala suerte se cebó conmigo y tanto una fachada lateral de la catedral como una parte de la plaza estaban en plena fase de rehabilitación… Dando a la plaza, hay que destacar también el Palazzo Comunale.

La Torre Ghirlandina es el campanario de la catedral y el símbolo típico de la ciudad. Sus 86 metros cuentan con una base cuadrada más una cúspide octogonal, añadida para competir en altura con las torres de Bolonia.

Como estaba de vuelta de todo, no dude ni un instante en pagar el precio de su entrada para poder ver la ciudad desde las alturas. Fue quizás el mejor momento del día, aunque las fotos no quedaron bien debido a una rejilla que restaba mucha visibilidad.

Desde una de las ventanas de la torre, el 29 de noviembre de 1938 Angelo Fortunato Formiggini, editor de origen judío, se lanzó al vacío como protesta ante las extremas leyes raciales impuestas por el fascismo. Este trágico gesto fue el anticipo de la rebelión moral que devolvería a Italia la democracia y la libertad.

Para acabar con la entrada, dejo la foto de un graffiti que vi y que me gustó bastante. Que cada cual lo interprete como quiera.

Así terminó mi primer viaje a Italia del año 2012. Por esas fechas aún no sabía que 3 meses después volvería para visitar el Valle de Aosta, pero de ese viaje hablaré más adelante.

Italia 2012 (II): Ferrara

4.4.2012

Tenía previsto seguir visitando Bolonia durante la mañana del día 4, hasta el momento en que se uniera mi familia al viaje para poner rumbo a la región de Le Marche, pero como la tarde del día anterior había cundido más de lo esperado improvisé una escapada a Ferrara. Fue una auténtica cita a ciegas, ya que no tenía la menor información sobre la ciudad, pero la experiencia resultó muy satisfactoria.

El casco antiguo de la ciudad está prácticamente intacto y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Ante la necesidad de preservarlo, Ferrara ha apostado decididamente por el uso de la bicicleta, convirtiéndose en una de las ciudades con mayor densidad de bicicletas del mundo. Se estima que hay unas 100.000 para una población de 135.000 habitantes, una auténtica barbaridad.

Asimismo, Ferrara tiene el honor de ser considerada como la primera ciudad moderna de Europa, gracias a su innovadora planificación urbanística, que se remonta a mediados del siglo XIV.

Justo en el centro de la ciudad se encuentra el Castello Estense, fortaleza construida a mediados del siglo XIV para la defensa de la familia Estensi, los señores de la ciudad, tras sentirse amenazados por una revuelta popular.

Al norte del Castello Estense nace el Corso Ercole I d’Este, eje de la expansión renacentista. En ella se encuentra el bellísimo Palazzo dei Diamanti, uno de los edificios más célebres de la ciudad, revestido con 8.000 piedras de forma piramidal que por la diversa distribución de sus puntas y su coloración rosácea aleatoria crean diferentes efectos de perspectiva.

Al sur del Castello Estense se encuentra el casco viejo de la ciudad. Su edificio más famoso es el Duomo di San Giorgio, fusión perfecta entre el estilo románico y el gótico. Como particularidad, en su fachada derecha tiene adosada la Loggia dei Merci (logia de los mercaderes), que aún conserva su función original y alberga algunas tiendas.

Frente a la catedral está el Palazzo Municipale, antigua residencia de los Estensi, a cuyo patio se puede acceder a través de una bóveda llamada Volto del Cavallo. Actualmente el antiguo patio ducal es la concurrida Piazzetta Municipale, en la que destaca una hermosa escalera de honor que forma parte del palacio.La Via delle Volte es la que mejor define el pasado medieval de la ciudad. Se trata de una calle peatonal muy tranquila que destaca por sus múltiples bóvedas, que antiguamente unían las casas de los mercaderes con sus almacenes para que pudieran acceder a ellos sin necesidad de salir a la calle.

Todo esto es lo que dio de sí una mañana en Ferrara. Me quedaron muchas cosas por ver, como por ejemplo algún tramo de los 9 km de murallas que rodean la ciudad, pero creo que no podría haber aprovechado mejor el tiempo.

Probablemente no sea la ciudad más bonita del mundo. Probablemente no sea tampoco la ciudad más bonita de Italia. Probablemente no sea ni siquiera la ciudad más bonita de Emilia-Romagna. Sin embargo, si se presenta la ocasión no dudaré ni un instante en repetir visita para volver a sentir el indescriptible placer de pasear por sus calles.