Formentera 2011 (V): S’Espalmador

10.7.11

Así como el sábado no había ido tan bien como teníamos previsto, el domingo pudimos resarcirnos por todo lo grande visitando s’Espalmador, islote situado al norte de Formentera del que ya hablé en la entrada sobre el segundo día del viaje. En su conjunto, ésta fue para mí fue la mejor jornada.

S’Espalmador es un islote de propiedad privada y 99’99% virgen. La única vivienda que posee es la casa de sus dueños, que no ponen ningún impedimento para que los turistas visiten la isla, ya sea mediante una golondrina que sale desde el puerto de La Savina o con sus embarcaciones particulares. La otra edificación que tiene es la torre de defensa de Sa Guardiola, cuyo origen se remonta al año 1749. El resto de la isla consiste en acantilados, arenales vírgenes, formaciones dunares y zonas húmedas.

En primer lugar, aunque en teoría está prohibido, nos dimos un baño de fango en la zona pantanosa de s’Estanyol, bastante popular desde hace unos años por Lucía y el sexo. La verdad es que no esperaba que pudiera resultar tan agradable. Aunque el fango apestaba bastante, el calor que emitía resultaba muy reconfortante. Dice la teoría que si uno quiere obtener sus presuntos beneficios dermatológicos, debe enfangarse, tumbarse al sol durante una media hora y luego quitarse todo el fango con un buen baño en el mar, pero nosotros nos saltamos el segundo paso y sólo llevamos el fango el tiempo que se tarda en andar desde la laguna hasta la playa. Meterse de golpe en el agua fría con el puntillo de ebullición en el cuerpo fue un placer extremo.

S’Estanyol

S’Estanyol

El resto de mañana lo pasamos en la playa de s’Algar, la más extensa de la isla. Es un precioso arenal virgen y de agua cristalina, extremadamente limpia, excepto en la zona más próxima a s’Estanyol, donde la gente se limpia el fango. Posiblemente sea la playa más paradisíaca en la que he tenido el gusto de bañarme.

S’Algar

S’Algar

Después de comer, hicimos una breve excursión hasta la torre de Sa Guardiola, pero como estábamos supeditados al horario del barco no pudimos ver mucho más de la isla y volvimos a s’Algar a darnos el último baño del viaje.

Torre de sa Guardiola

Así finalizó este viaje, tras el cual ir a la playa no volverá a ser lo mismo. Nada es comparable a un baño en Formentera.

Formentera

Recorrido del día en Google Maps

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Formentera 2011 (IV): Sant Ferran – Cala Saona

9.7.2011

Tengo la teoría de que todo viaje que dura más de 3 días tiene un día tonto durante el que todo sale mal. Esto sucedió en nuestro cuarto día en Formentera, por lo que esta entrada tendrá muchos tintes de tragedia y una sola foto.

El plan era visitar la Fonda Pepe, en Sant Ferran, y Cala en Baster por la mañana y por la tarde hacer un recorrido de cala en cala por la costa de Migjorn. De todo esto, sólo pudimos cumplir con la visita a la Fonda Pepe.

Nada más llegar a Sant Ferran, sufrimos un percance con la bici que nos condicionó todo el día. Esta vez no se trataba de un pinchazo convencional, sino que se rompió espontáneamente toda la dentadura que sujeta la cadena en la zona de cambios, sin ninguna causa aparente. Por suerte, estábamos justo en frente de la Fonda Pepe, uno de los bares más míticos de la isla, frecuentemente visitado por Bob Dylan durante su estancia en Formentera para recuperarse de su famoso accidente de moto, pero yo sólo lo conocía por una mención en una canción de Antònia Font. Actualmente, la Fonda Pepe es un antro de mucho cuidado, pero me hizo ilusión tomar un aperitivo allí mientras esperábamos al servicio técnico de la bici.

Fonda Pepe

El problema es que no estábamos esperando al servicio técnico, sino que no había manera de localizarlo. Llamamos durante más de una hora sin recibir respuesta alguna. Estuvimos completamente desasistidos, sin saber qué hacer, hasta que tomamos la determinación de atar las bicis y coger un autobús hacia Es Pujols.

Comimos en Es Pujols, en la misma pizzería en la que habíamos comido dos días antes. A esa hora, ya habíamos conseguido hablar con el servicio técnico, que nos había prometido una bicicleta nueva a cambio de la estropeada. No había podido contestar nuestras llamadas antes porque tenía el móvil en silencio… Incluso, nos acercaría las bicicletas a Es Pujols, para que no tuviéramos que volver en autobús a Sant Ferran. Todo parecía perfecto hasta que, pedaleando de nuevo, nos dimos cuenta de que la bicicleta de recambio estaba completamente deshinchada.

Eso fue la gota que colmó el vaso. Eran ya más de las 15h y en todo el día no habíamos hecho nada de interés por culpa de las bicicletas. Decidimos ir a La Savina a devolverlas y a reclamar el retorno de la parte proporcional de los dos últimos días de alquiler. Nos dijeron que no hacían devoluciones, pero era tal la chapuza que nos habían hecho, una detrás de otra, que no fue difícil convencerlos para que hicieran una excepción con nosotros.

Como sin transporte en Formentera estás perdido, decidimos desistir en la idea de ir a Cala en Baster y Migjorn y volvimos a Cala Saona para pasar el resto de tarde. El día había sido un desastre, pero Cala Saona tiene esa clase de magia que te arregla cualquier disgusto.

Recorrido del día en Google Maps.

Formentera 2011 (III): La Mola – Caló des Mort – Tramuntana

8.7.2011

Como si de una etapa del Tour se tratara, nuestro tercer día de viaje era el equivalente a una etapa reina. 45 km de trayecto en bici, subiendo la única montaña significativa de la isla, a pleno sol del mes de julio. Vale, puede que no parezca para tanto, pero tratándose de gente desentrenada como nosotros creo que tiene mérito.

Por la mañana cruzamos toda la isla de oeste a este. Me encanta ese recorrido, ya que mires donde mires ves el mar. Cuando llegamos a los pies de La Mola ya estábamos reventados. Mal presagio. Tuvimos que reponer fuerzas antes de hacer frente al minipuerto que lleva al Pilar y al Far de La Mola.

La verdad es que, aunque fue duro, no me pareció terrible. Todo el mundo me decía que estábamos locos si pretendíamos subir a La Mola en bici, que nos iba a dar algo. Apenas son 192 metros de montaña, unas 10 rampas de carretera, y ya estábamos en la más alto. Antes, hicimos una breve parada a media subida para contemplar la isla desde su mirador más famoso. No es que sea una vista preciosa, pero sí curiosa, en la medida que permite ver la peculiar silueta de la isla.

Formentera

Llegamos a nuestro destino, el Far de la Mola, donde hicimos una nueva parada. No tiene tanto carisma como el Far de Barbaria, pero es más antiguo, inaugurado en 1861, e impresiona la altitud de sus acantilados, los más altos de toda la isla, de hasta 120 metros sobre el mar.

Far de la Mola

Sargantana

Este lugar fue fuente de inspiración para Jules Verne a la hora de escribir parte de su novela Hector Servadac y se sospecha que también para El faro del fin del mundo. Verne sentía predilección por la peculiar forma de la isla, en su mayoría plana pero con una pendiente estrecha y ascendente hacia el Far de la Mola, como si de una rampa de despegue se tratara. Una placa conmemora este vínculo entre Verne y Formentera.

Comimos en El Pilar de la Mola y al retomar las bicis sufrimos el primer contratiempo serio con ellas. Un pinchazo. Justo en el lugar de más difícil acceso de toda la isla. Por suerte teníamos contratado un seguro que lo cubría, pero tuvimos que esperar más de una hora entre que contactamos con el servicio técnico y que nos cambiaran la rueda.

Al bajar de La Mola, pasamos una hora en el Caló des Mort, una de las playas más míticas de la isla, a mar abierto, totalmente desprotegida de las olas. Ese día había bastante oleaje, y pese a ello el agua estaba impecable. Recordaba a la típica playa de Florida que sale en las pelis.

Caló des Mort

Caló des Mort

Después, aprovechando su cercanía, pasamos otro rato en una zona de la Platja de Tramuntana. Nada que añadir a lo que destaco de todas las playas de la isla. En este caso, la única diferencia es que el entorno es un poco más rocoso y puede resultar molesto para cierta gente. A mí la verdad es que no, ya que de pequeño me acostumbré a las playas de rocas, las prefería respecto a las de arena ya que me entretenía buceando en busca de esqueletos de erizo, de los cuales era coleccionista.

Platja de Tramuntana

Platja de Tramuntana

El día dio poco más de sí, salvo la enésima puesta de sol del viaje, esta vez desde Punta Rassa.

Punta Rassa

Punta Rassa

Recorrido del día en Google Maps.