Viaje a la Costa Oeste de USA (XVIII): Los Ángeles

3.3.2015

En el día de mi 33 aniversario llegó la hora de despedirnos definitivamente de la West Coast. Teníamos el vuelo a media tarde, pero no queríamos arriesgarnos a perderlo por culpa de uno de los legendarios atascos angelinos, así que para mayor seguridad planificamos pocas visitas para esta media jornada, las que más ilusión nos hacían de entre las que nos habían quedado pendientes.

Antes de hacer el check-out dimos un largo paseo hasta la sucursal de Amoeba Music en Los Ángeles. Tres días antes ya había comprado dos vinilos en la de San Francisco, pero tanto me había impresionado la magnitud de la tienda que me picaba la curiosidad de ver la de Los Ángeles. Después de una buena caminata al sol, la encontramos cerrada… así que dimos vuelta atrás con el rabo entre las piernas. Para consolarnos, paramos en una cafetería donde desayunamos no uno sino dos donuts y un batido por cabeza. Nuestro régimen post-vacacional acababa de empezar.

Ya con el coche, empezamos nuestro itinerario turístico del día dirigiéndonos al 4334 W Sunset Blvd, donde se encuentra el estudio de grabación en el que Elliott Smith grabó su mítico Figure 8, cuya portada fue fotografiada en el muro exterior de este lugar.

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Figure 8

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Figure 8

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Figure 8

Como a veces soy más tozudo que una mula, al pasar con el coche cerca de Amoeba Music hice una parada relámpago con la intención de comprar un último vinilo que fuera simbólico de todo el viaje. El elegido fue justo el que tenía en mente desde hacía dias: Forever Changes, de Love. Una banda natural de Los Ángeles, uno de mis discos preferidos y que aún no poseía en vinilo y un recuerdo para la posteridad de cuando lo escuchamos recorriendo la Ruta 66. La compra ideal en el lugar y el momento ideal. Lo escucho ahora y se me pone la piel de gallina automáticamente. En este sentido, mención especial también para la Creedence Clearwater Revival, probablemente la banda que más sonó durante el viaje y cuya música más nos evoca el mismo.

Amoeba Music

Amoeba Music

De nuestro primer día en Los Ángeles nos había quedado pendiente recorrer Beverly Hills. Como el tiempo no nos sobraba, nos limitamos a pasear por Beverly Gardens Park, en el que se encuentra un cartel enorme con el nombre del barrio, y a recorrer en coche varias avenidas cercanas. No pudimos visitar el distrito de Rodeo Drive, famoso por ser sede de las tiendas más caras del mundo, pero no es algo que me quite el sueño. Lo que vimos de Beverly Hills es calcado a la imagen que teníamos preestablecida del lugar: amplias avenidas, residencias de lujo y palmeras desafiando las leyes de la física.

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Beverly Gardens Park

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Beverly Hills

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Beverly Hills

La última visita del día y del viaje fue la del distrito de Venice, famoso por sus canales, su playa y por el área de Muscle Beach, habilitada para el ejercicio al aire libre. Nosotros visitamos sólo la zona de los canales y la verdad es que me pareció el lugar más mágico y encantador de Los Ángeles. Me dejó muy buen sabor de boca. Si por una sucesión de extraños y azarosos acontecimientos, muy pero que muy remotamente posibles, acabo viviendo algún día en Los Ángeles espero que sea porque me he convertido en un ricachón que lleva una forma de vida bohemia en este distrito. Pronóstico: nunca sucederá.

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Venice

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Venice

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Venice

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Venice

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Venice

Dormí como un bebé durante la mayor parte del vuelo. Tanto que al llegar a Estambul me encontré toda la pierna izquierda hinchada, dolorida y con una marcada cojera. El síndrome de la clase turista, amigos… a mis 33. Uno no se puede hacer viejo.

Y así fue como este magnífico viaje terminó. El de los sustos en el aeropuerto de Estambul, tanto en la ida como en la vuelta, el del Walk of Fame, el de los atascos en Los Ángeles, el del caos en Santa Mónica Pier, el de los batidos en Peggy Sue’s, el de los Joshua Trees y el Kia Sorento levantando polvo en Mojave National Preserve, el de nuestra alienización en Las Vegas, el del menos es más en Chloride, el de los simpáticos burritos de Oatman, el de Love sonando en la Ruta 66, el del Stendhal en el Gran Cañón del Colorado, el del amanecer en Monument Valley, el de nuestros amigos los Navajos, el de la soledad en Valley of the Gods, el de la fantasía de Antelope Canyon, el de la plaga de turistas chinos en Arizona, el del atajo por la pista de Cottonwood Canyon Road, el de la infinita satisfacción con la primera vista del anfiteatro de Bryce, el del anochecer y amanecer en Bryce Canyon, el de la nueva categoría de belleza y felicidad que comprendí recorriendo Queens Garden TrailNavajo Loop Trail, el de Raindrops Keeps Falling on my Head en Grafton, el del calor abrasador en Death Valley, el de las cadenas en Sequoia National Park, el de las secuoyas de Mariposa Grove, el del Tunnel View y las cascadas en Yosemite, el del invierno del amor en San Francisco y el del placer de conducir por el Big Sur.

El de la West CoastArizona, Utah, Nevada y California… El Vero y Biel. El de la mejor quincena de nuestra vida.

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