Viaje a la Costa Oeste de USA (XV): San Francisco (III)

28.2.2015

Así como el de Monument Valley y Valley of the Gods fue el mejor día y la excursión en Bryce Canyon el mejor momento del viaje, el tercer día en San Francisco fue para mí su clímax. Pese a que en comparación con otros no tuvo apenas visitas míticas, mi sensación durante toda la jornada fue de tremenda felicidad y satisfacción. No había nada que me pudiera estropear el día, ni siquiera amargarme durante un segundo. Podría haberme quedado en cualquier lugar de los que visitamos, sentado horas y horas en un bar, y no me habría aburrido, porque ser feliz parecía mi destino ese día. Pasara lo que pasara, todo lo veía desde el lado más optimista posible. Fue como recoger los frutos de la felicidad que había ido sembrando durante los 14 días anteriores.

El día empezó con una maravillosa compensación de la Diosa Fortuna. Como recordareis, habíamos tenido que comprar unas carísimas cadenas para acceder a Sequoia National Park y apenas las pudimos amortizar porque a media mañana nos cerraron la carretera y tuvimos que dar vuelta atrás. Ese gasto inútil era una losa en el presupuesto del viaje y ardía en deseos de revenderlas. Teníamos la esperanza de encontrar alguna chatarrería en San Francisco donde nos la compraran, pero los dos días anteriores no habíamos visto nada parecido a una chatarrería: San Francisco es demasiado cool para negocios como éste. Nuestra última baza fue preguntarle a nuestra anfitriona si conocía alguna y la respuesta fue negativa, pero, casualidades de la vida, nos dijo que llevaba tiempo queriendo comprar unas…

– ¿Para qué coche son?
– Para un Kia Sorento.
– OMG, como el mío!!!

Y así fue como se las revendimos por un módico precio.

Nuestra primera parada del día fue en el barrio de Mission, el barrio latino, en el que se originó San Francisco. Su edificio más importante es la Misión Dolores, el edificio más antiguo de la ciudad, fundado en 1776 por misioneros españoles bajo la supervisión de Fray Junípero Serra.

Misión Dolores

Misión Dolores

Misión Dolores aparece también en una escena de Vertigo, cuando Madeleine visita la tumba de Carlotta Valdés.

El resto del barrio destaca sobre todo por el arte urbano, que adorna los muros de sus calles y fachadas. Cuanto a belleza, hay poco donde rascar en Mission, pero creo que dar un paseo matutino y desayunar un buen bagel en este barrio, tal y como hicimos nosotros, nunca es un mal plan.

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Mission

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Mission

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Mission

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Mission

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Mission

El siguiente barrio que visitamos sí que fueron palabras mayores: Haight-Ashbury. A finales de la década de los 60, HaightAshbury se hizo famoso por una nueva forma de entender la vida que defendía la armonía entre el hombre y su entorno y fomentaba los valores humanos. Había nacido el movimiento hippie.

Actualmente, HaightAshbury es el barrio alternativo de San Francisco, lleno de tiendas de ropa vintage, tiendas de discos, comercios de artesanía y un ambiente, en general, que recuerda bastante al de algunos barrios europeos, como el Soho de Londres o el Kreuzberg de Berlín.

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

Rápidamente se convirtió en mi barrio preferido de San Francisco. Pasamos casi toda la mañana en él, pero habría pasado tranquilamente el día entero, porque cada una de sus tiendas me llamaban la atención, todas tenían algo que me invitaba a visitarlas… Para un coleccionista de vinilos, sin duda, la mejor de todas es Amoeba Music, la tienda de música independiente más grande del mundo, cuya sede en San Francisco se encuentra en el 1855 de Haight Street. Casi me da un ataque de ansiedad al entrar en ella y comprobar el inabarcable paraíso del vinilo que tenía ante mí (en la foto a duras penas se aprecia la mitad del local). Tras muchas dudas sobre qué disco comprar como recuerdo, me hice con el disco homónimo de The Beat, ya que llevaba mucho tiempo tras él y la oportunidad de comprarlo era única.

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Amoeba Music

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Amoeba Music

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Amoeba Music

Fueron muchos los famosos que abrazaron la nueva forma de entender la vida que hervía en Haight-Ashbury y que se mudaron a este barrio. Destacan Janis Joplin y sobre todo Jimi Hendrix, cuya famosa Red House en el 1524 de Haight Street permanece intacta como uno de los grandes iconos del distrito.

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Red House de Jimi Hendrix

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Red House de Jimi Hendrix

Aprovechando que el barrio está lleno de restaurantes, comimos en un tailandés antes de despedirnos del lugar.

Nos desplazamos hasta el distrito de Marina, cerca del Golden Gate, en el que se encuentra el Palace of Fine Arts, inspirado en el Clasicisco de Grecia y Roma y situado frente a un lago artificial. Fue construido originalmente como atracción estrella de la Exposición Universal de San Francisco de 1915. Tras años de decadencia, fue restaurado a mediados de los años 60. Actualmente, es uno de los rincones más tranquilos y románticos de San Francisco.

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Palace of Fine Arts

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Palace of Fine Arts

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Palace of Fine Arts

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Palace of Fine Arts

Sin abandonar el distrito, nos acercamos hasta el mar para disfrutar de un paseo por la playa, con las vistas del omnipresente Golden Gate en el horizonte.

San Francisco

San Francisco

Era nuestro último día en San Francisco y ya habíamos visitado prácticamente todo lo que nos habíamos propuesto. Nos faltaba sólo la Grace Cathedral y el Golden Gate Park. Gastar el resto del día para visitar la catedral no nos apetecía, mientras que para el Golden Gate Park, teniendo en cuenta que es un 20% más grande que el Central Park de NY, consideramos que un par de horas serían insuficientes y que adentrarnos en él sin dedicarle todo el tiempo que se merece podía dejarnos un cierto sabor agridulce. Así pues, ni una ni otra opción… Decidimos que no había nada mejor que una nueva vista del Golden Gate para decir adiós a San Francisco.

Para despedirnos de él desde una perspectiva inédita nos dirigimos hasta Baker Beach, en la que hay un magnífico mirador en el que nos habríamos quedado durante horas. Prácticamente todos los miradores del Golden Gate valen la pena, pero éste tenía algo de clandestino que lo hacía especial… porque realmente no es un mirador al uso del Golden Gate, ya que está relativamente alejado de él, pero la panorámica que de él ofrece es la más completa de todas para mi gusto, además de que, al contrario que los demás, era nuestro, exclusivo para nosotros. No había nadie más alrededor.

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Baker Beach

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Baker Beach

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Baker Beach

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Baker Beach

La tarde-noche tenía reservado para nosotros un plan muy especial y simbólico. Durante todo el viaje habíamos rondado, sin haberlo pretendido, multitud de localizaciones de escenas de Vertigo. Antes del viaje nos habíamos planteado incluso volver a ver esa película, para calentar los motores de nuestra visita… Dio la casualidad de que en el Castro Theatre la reponían en 70 mm esa misma noche. No podíamos desaprovechar esa oportunidad única de ver una de mis películas preferidas de la historia en el cine-teatro más emblemático de la ciudad en la que se rodó.

Así pues, nos dirigimos de nuevo al distrito de Castro y más o menos repetimos la misma visita que habíamos hecho dos días antes. Aunque por este motivo faltara el factor sorpresa, disfrutamos del paseo tanto o más que entonces, empezándola con una birra en el mismo pub de ambiente y finalizándola con una cena en el mismo oriental.

Como es lógico, no pude hacer fotos del interior del Castro Theatre, pero puedo asegurar que es un lugar fascinante, en el que parece que el tiempo se detuvo hace muchos años. Antes de la película hubo incluso un concierto de organillo para amenizar la espera. Era todo tan mágico que estaba un poco saturado, parecíamos vivir un sueño o ser protagonistas de una película antigua.

No hubo tiempo para más. Nuestro tercer miniviaje en la Costa Oeste había finalizado y ya sólo nos quedaba uno por delante… curiosamente el único que recorrería la costa, literalmente: el Big Sur.