Viaje a la Costa Oeste de USA (XIII): San Francisco (I)

26.2.2015

Si días atrás comentaba que el viaje se dividía en dos etapas muy bien definidas, una por los estados interiores de la West Coast y otra por California, ésta segunda etapa tuvo una subetapa muy diferenciada con nuestra parada en San Francisco. Los tres días que pasamos en esta emblemática ciudad fueron como otro pequeño viaje dentro de un gran viaje, durante el que no sólo seguimos desconectando respecto a nuestra vida habitual en Mallorca sino que incluso llegamos a desconectar completamente respecto a lo que habíamos acumulado en nuestra mochila, metafóricamente hablando, durante nuestro largo recorrido.

Hay dos ciudades de USA que me hace ilusión visitar desde hace muchos años. Una de ellas es New York, a la que espero poder ir pronto, y la otra San Francisco, cuyas calles empinadas me fascinan desde hace muchos años, cuando siendo un niño disfrutaba embobado con las películas ambientadas en ellas.

Como íbamos a dormir cuatro noches, quisimos estar cómodos y como en casa. Por este motivo reservamos, vía Airbnb, una habitación en una preciosa casa victoriana del barrio de Noe Valley de la que nos enamoramos inmediatamente. Nuestra estancia en San Francisco no podría ser más auténtica. Nuestra anfitriona, además, resultó ser de lo más simpática y agradable y nos hizo vivir anécdotas memorables, de esas que recordamos recurrentemente a pesar del paso del tiempo.

San Francisco

San Francisco

Antes de empezar con la visita de la ciudad, fuimos a desayunar un bagel por Noe Valley. Aunque la noche anterior ya habíamos salido a cenar a un mexicano cercano, éste fue nuestro primer contacto real con la ciudad. El clima era maravilloso, soleado y templado, y esa media hora de desayuno, viendo la vida pasar tras el cristal, fue tan mágica y evocadora que nos bastó y nos sobró para enamorarnos de San Francisco y de la forma de entender la vida de sus ciudadanos.

No sabíamos muy bien como organizar nuestra visita. Teníamos bastante claro qué queríamos ver, pero no cómo distribuirlo durante los tres días. Sólo sabíamos que la visita de Alcatraz sería el segundo día, ya que teníamos hecha una reserva desde hacía varias semanas. Decidimos que la improvisación sería la táctica a seguir.

Moverse en coche por San Francisco, al contrario de lo que temía, no fue ninguna locura, al contrario de lo que supuso en LA. La única pega fue el precio de los aparcamientos, pero durante los tres días creo que sólo pagamos en dos sitios, cerca del Pier 39 y en Sausalito. Para el resto de paradas nos las apañamos para no pagar (respetando la legalidad, se entiende).

El primer fruto de la improvisación nos condujo hasta Lombard Street, la calle más famosa de la ciudad gracias un tramo con ocho curvas sinuosas que permiten reducir la pendiente de 27º que habría tenido una hipotética recta. Este tramo de Lombard Street se encuentra entre Russian Hill y Hyde Street. Para mi gusto no es una de las visitas que más marcan de la ciudad, pero es una calle que hay que ver sí o sí y a la que no cuesta nada acercarse. Las vistas desde arriba de la calle, además, valen bastante la pena, destacando sobre todo la silueta Coit Tower.

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Lombard Street

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Lombard Street

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San Francisco desde Lombard Street

En ese momento lo ignorábamos, pero cerca del famoso tramo se encuentra el hogar ficticio de Scottie Ferguson, el detective interpretado por James Stewart en Vertigo, que no sólo es una de las mejores películas ambientas en San Francisco, sino que probablemente sea una de las 10 mejores de toda la historia.

Como anécdota, en Lombard Street coincidimos con dos parejas de españoles que viajaban juntos y que ya habíamos encontrado dos días antes en Mariposa Grove. Estuvimos charlando con ellos un buen rato y al despedirnos nos regalaron su abono de transporte, ya que era su último día en San Francisco. Fue un afortunadísimo encuentro casual.

La reina improvisación fue sustituida por la reina impaciencia. Como teníamos muchas ganas de cruzar el Golden Gate, éste fue nuestro siguiente destino. Por encima de cualquier otra atracción, el Golden Gate es el mayor emblema de la ciudad y los sanfranciscanos son conscientes de ello y lo explotan adecuadamente, con respeto y sensibilidad. Por eso hay gran cantidad de miradores alrededor del puente, permitiendo a los turistas disfrutar de él desde prácticamente todas las perspectivas.

El puente fue construido entre 1933 y 1937, como respuesta a un rápido incremento de tráfico rodado que saturó el transporte marítimo, y fue considerado como la mayor obra de ingeniería en su momento. Sus dos torres de 227 metros de altura suspenden un majestuoso puente de seis carriles, tres por sentido, y 1.280 metros de longitud a 67 metros del nivel del mar.

El primer mirador que visitamos fue Fort Point, el más famoso al sur del puente. Este mirador se encuentra a nivel del mar y permite apreciar perfectamente la majestuosidad del puente. Uno se siente especialmente diminuto cuanto más se sitúa bajo el puente… Siguiendo con las referencias de Vertigo, en este lugar se rodó una de sus escenas más memorables (SPOILER) en la que Madeleine, interpretada por Kim Novak, se lanza a la bahía y es salvada por Scottie.

Golden Gate desde Fort Point

Golden Gate desde Fort Point

Desde Fort Point paseamos un rato por la costa, buscando una perspectiva más amplia del puente. Se aprecie desde donde se aprecie, la majestuosidad del puente queda fuera de toda duda.

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Golden Gate

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Golden Gate

Antes de cruzar el puente nos detuvimos en Battery East, otro mirador de la orilla sur, pero sus vistas no nos gustaron tanto como las de Fort Point y como había que pagar el aparcamiento nuestra parada fue lo suficientemente larga como para hacer algunas fotos y lo suficientemente corta como para no pagar nada.

Golden Gate desde Battery East

Golden Gate desde Battery East

Parecerá una tontería, pero nos sentíamos muy afortunados de poder ver el Golden Gate. No en vano, no son pocos los turistas que sufren los caprichos de la famosas nieblas de la bahía de San Francisco y aún pasando varios días en la ciudad no tienen la ocasión de verlo. Como se puede apreciar en las fotos, nosotros no nos podemos quejar de falta de visibilidad precisamente… Parecía que se podía tocar con la punta de los dedos si alargábamos el brazo.

Pero lo mejor estaba aún por llegar… ¡Cruzarlo! Es difícil describir la emoción de ese momento en el que realmente nada cambia, porque sigues al volante de tu coche tal y como venías haciendo, pero sin embargo te sientes el conductor más feliz del mundo.

Nada más cruzar el puente nos detuvimos en otro mirador, el View Point, pero la verdad es que la perspectiva desde éste fue la que menos me gustó, así que le hicimos poco caso y decidimos dar un paseo a pie hasta la mitad del puente, exprimiendo al máximo la experiencia Golden Gate.

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Golden Gate, View Point

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Golden Gate

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San Francisco desde el Golden Gate

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San Francisco

Al norte del Golden Gate se encuentra Sausalito, una pequeña y tranquila ciudad en la que tienen su residencia muchos afamados artistas sanfranciscanos y a la que los no tan ricos y afamados suelen acercarse en busca de una tregua llena de paz y tranquilidad. Destaca por su puerto pesquero y por sus pintorescas casas flotantes, refugio de artistas y bohemios, además de unas privilegiadas vistas de la bahía y de San Francisco. Una excursión muy recomendada consiste en alquilar una bicicleta en San Francisco y con ella cruzar el Golden Gate hasta Sausalito, realizando la vuelta en ferry. Existen varias ofertas ya preparadas de bicicleta + billete de ferry Sausalito San Francisco, pero temíamos que esta excursión en bici nos ocupara todo el día y como no sabíamos si tres días serían suficientes para ver toda la ciudad la descartamos.

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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San Francisco desde Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

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Sausalito

Pasamos un rato estupendo en Sausalito, paseando por sus muelles, disfrutando de las vistas de San Francisco, enfrascados en una burbuja de paz y tranquilidad de la que nada ni nadie nos podía sacar. Para mayor gloria, comimos allí una de las mejores hamburguesas de nuestra vida en un hamburguesería muy afamada a pesar de su modesta apariencia, ya que su local es realmente diminuto y consta únicamente de un par de mesas. Se encuentra en el 737 Bridgeway y se identifica por su toldo verde.

Antes de cruzar de nuevo el Golden Gate para volver a San Francisco, hicimos una parada en Battery Spencer, un privilegiado mirador situado en la ladera de unas montañas. En realidad, no sólo nos detuvimos en Battery Spencer, sino que fuimos subiendo la montaña a través de Conzelman Road hasta que intuimos que las vistas ya no valdrían tanto la pena más allá. Las vistas del Golden Gate desde Battery Spencer están consideradas como las mejores, ya que ofrecen una panorámica aérea a una distancia bastante equilibrada del puente y con el skyline de San Francisco como telón de fondo.

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Golden Gate

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Golden Gate

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Golden Gate

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Golden Gate desde Battery Spencer

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Golden Gate desde Battery Spencer

A la chita callando, entre el Golden Gate y Sausalito nos habíamos plantado a media tarde. Pensamos que para el resto del día lo ideal sería recorrer el barrio de Castro, cuya vida y ambiente aumenta exponencialmente por la tarde-noche.

De camino a Castro hicimos una breve parada en Alamo Square, donde se encuentran las famosísimas Painted Ladies, unas casas de estilo victoriano y eduardiano pintadas con 3 ó más colores para resaltar sus detalles arquitectónicos. Estas casas constituyen una de las postales más famosas de San Francisco y aparecían al principio de la serie Padres Forzosos.

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Painted Ladies

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Painted Ladies

La de Castro era otra de las visitas innegociables de San Francisco. Conocido como la capital gay del mundo, el distrito destaca por su animado ambiente, su colorido, sus variopintos comercios, el cóctel étnico y cultural de sus habitantes y, sobretodo, por la libertad y diversión que se respira en sus calles. La película Milk, protagonizada con maestría por Sean Penn, resume a la perfección la historia del distrito y la vida de Harvey Milk, uno de los personajes clave para entenderlo.

Aunque lo mejor es dejarse llevar y dejarse sorprender en cada paso, hay un par de atracciones que destacan por encima de las demás. En el cruce de la Castro St con 18th St se encuentran las consideradas cuatro esquinas más gay del planeta, con unos preciosos pasos de cebra arcoíris.

Castro

Castro

A lo largo de Castro St se extiende el Rainbow Honor Walk, una especie de Walk of Fame de afamados héroes y heroínas de las comunidades LGBT. El criterio de inclusión de sus primeros 20 miembros consistía en reconocidos LGBT ya fallecidos que hubieran hecho relevantes aportaciones en su campo, aunque estos criterios han ido variando con las inclusiones posteriores.

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Rainbow Honor Walk

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Rainbow Honor Walk

El Castro Theatre, con su icónico cartel, es el edificio más emblemático del distrito. Construido en 1922, es un teatro y cine a la vieja usanza que ha sabido sobrevivir a la creciente deshumanización de la industria. El barrio antiguamente se llamaba Eureka Valley, pero al estallar el movimiento gay cambió su nombre en homenaje a este teatro.

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Castro Theatre

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Castro Theatre

Pero sin duda, como ya he dicho antes, lo mejor en Castro, un barrio en el que se cumple fielmente aquello de que el todo es mejor que la suma de sus partes, es dejarse llevar.

Castro

Castro

Castro es también un buen lugar para tomar un refresco y comer. Nosotros hicimos ambas cosas, tomar una cerveza local antes de pasear por él y cenar en un delicioso oriental al finalizarla. Tanto nos gustó que repetimos esta misma táctica dos días después…

Ya era de noche y teníamos poca energía en nuestra reserva, pero antes de retirarnos a nuestra casa hicimos la que creíamos iba a ser la última visita del día subiendo al mirador de Twin Peaks, situado en dos colinas prácticamente idénticas de unos 280 metros de altura desde las que hay las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

San Francisco desde Twin Peaks

San Francisco desde Twin Peaks

Pero realmente no fue la última visita. Las vistas desde él nos gustaron tanto que recobramos la energía suficiente como para dirigirnos al mítico Pier 39, que no estaba cerca de Twin Peaks precisamente, y dar un último paseo por sus comercios, pero tuvimos la mala suerte de encontrar casi todo cerrado o a punto de cerrar. El momento estelar del Pier 39 tendría que esperar a la jornada siguiente.

El día había sido completísimo. San Francisco nos había noqueado en el primer asalto. Fuimos a dormir muy satisfechos e ilusionados, tanto por lo que habíamos vivido como por lo que sentíamos que estaba por venir durante los dos siguientes días.

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