Viaje a la Costa Oeste de USA (X): Three Rivers – Sequoia National Park – Yosemite

23.2.2015

Al correr las cortinas nuestros peores presagios se hicieron realidad: había amanecido con una intensísima lluvia. Apetecía más bien poco cualquier conato de aventura… ¡Pero estábamos de viaje, y un viaje sin aventuras no es un viaje!

En Sequoia National Park es obligatorio llevar cadenas en el coche, incluso cuando no hay nieve, así que muy a nuestro pesar tuvimos que pasar por caja y comprar unas. Existía la opción de alquilarlas, pero no era viable para nosotros ya que nuestra entrada y salida del parque la íbamos a hacer por carreteras diferentes y no volveríamos a pasar por la tienda. 140 dólares costó la broma de las cadenas.

Al inicio del parque los paisajes no impresionan especialmente, pero a medida que subimos fueron apareciendo las primeras grandes secuoyas, que auguraban un día muy emocionante.

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

Como era de prever, llegó el momento de gloria de las cadenas y ponerlas no fue sencillo, pero tampoco la odisea que temíamos teniendo en cuenta que éramos principiantes. Una vez acertamos con la primera, la segunda fue coser y cantar.

Sequoia National Park

Sequoia National Park

Fue tras colocar las cadenas cuando los paisajes, nevadísimos, empezaron a conquistarnos, ya inmersos en el Giant Forest, uno de los dos grandes bosques que configuran el parque. Jamás habíamos visto árboles tan grandes y que estuvieran nevados creo que fue una suerte, porque le daba una encantadora ambientación siniestra, aunque en ese momento hubiéramos preferido no ver ni rastro de nieve.

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Giant Forest, Sequoia National Park

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Giant Forest, Sequoia National Park

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Giant Forest, Sequoia National Park

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Giant Forest, Sequoia National Park

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Giant Forest, Sequoia National Park

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Giant Forest, Sequoia National Park

Debido a la época del viaje, no tuvimos la ocasión de ver el Tunnel Log, ya que su carretera se encontraba cortada. En ese momento empezamos a temer que no pudiéramos ver el General Shermann, el ser vivo con mayor cantidad de biomasa del planeta, ya que para llegar a él hay que caminar un poco, según teníamos entendido, y cada vez había más y más nieve.

Por suerte, habíamos entendido mal… o no. Me explico. Sí que hay que caminar para llegar al General Shermann, pero la excursión como tal es una broma, apenas 5 minutos de camino, y además había un operario que retiraba la nieve del sendero con una máquina quitanieves manual.

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General Shermann Trail, Sequoia National Park

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General Shermann Trail, Sequoia National Park

La primera impresión al ver el General Shermann fue, sorprendentemente, de escaso impacto. Esperaba un árbol tan sumamente grande que a primera vista no me pareció mucho más alto que otros que habíamos visto anteriormente, pero pronto caímos en que no nos teníamos que fijar en su altura (84 metros), sino en su tremendo perímetro de 31 metros.

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General Shermann, Sequoia National Park

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General Shermann, Sequoia National Park

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General Shermann, Sequoia National Park

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General Shermann, Sequoia National Park

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General Shermann, Sequoia National Park

Fotografiar secuoyas es un reto tremendo para los fotógrafos que disponen de objetivos más bien discretos, como es mi caso.

Eufóricos tras la visita del General Shermann, seguimos nuestro camino rumbo a Grant Grove, el otro gran bosque del parque, pero al poco rato sufrimos uno de los mayores chascos del viaje: la carretera escénica, que en teoría permanecía abierta, estaba cortada por la nieve. Nos indignó bastante encontrarla así, porque habíamos pasado varios paneles informativos sobre el estado de las carreteras y en ninguno ponía que estuviera cerrada, y la impresión que daba al llegar al punto de corte es que llevaba cortada mucho tiempo, no que la acabaran de cortar.

Fue una auténtica faena, porque nuestra idea original era salir del parque por el Grant Grove, la salida más cercana a Yosemite, recorriendo esa carretera escénica. Tuvimos que retroceder unas 25 millas, por carretera de alta montaña nevada, para volver a Three Rivers y emprender nuestro camino a Yosemite por carreteras sin nada interesante. De haberlo sabido antes, habríamos alquilado las cadenas en lugar de comprarlas. En resumen, habíamos pagado 140 $ por una hora escasa de visita al Sequioa National Park, en la que sólo pudimos ver el General Shermann entre sus atracciones más populares. Un fail bastante importante que el karma nos compensaría días después en San Francisco, donde pudimos revender las cadenas… pero de esa anécdota ya hablaré cuando proceda.

Tras la decepción normal al ver la carretera cortada, pronto nos repusimos y relativizamos la situación. El paisaje de Sequoia National Park es tan bello e inabarcable que recorrer dos veces la misma carretera no tenía por qué ser un disgusto. Con la ilusión recobrada, empezamos nuestro descenso hasta Three Rivers, y como sabíamos que nuestro plan del día no iba a ser mucho más interesante pasado este pueblo, nos tomamos con calma el descenso e hicimos varias paradas para abrazar a nuestras amigas las secuoyas.

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

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Sequoia National Park

Comimos un sandwich frente al Kaweah Lake, en las afueras de Three Rivers.

Kaweah Lake

Kaweah Lake

La tarde no tuvo mayor historia que conducir hasta El Portal, a las puertas de Yosemite, y relajarnos en el hotel, mentalizándonos de que la jornada siguiente, para la que se preveía un tiempo inmejorable, olía a memorable.

Viaje a la Costa Oeste de USA (IX): Lone Pine – Mobius Arch – Isabella Lake – Three Rivers

22.2.2015

Nuestro viaje tenía dos etapas muy bien diferenciadas: la primera, la que cerramos el día anterior, la protagonizaba el Far West, los paisajes desérticos y, de forma general, las experiencias más chocantes cultural y paisajísticamente hablando. La segunda, la que iniciaríamos el día siguiente, se centraría en explorar California. Así pues, este día era una especie de puente entre ambos viajes.

Todos los viajes largos tienen como mínimo un día de mala suerte en el que todo sale al revés de lo previsto, el tiempo no acompaña o sucede cualquier otra cosa que impide disfrutarlo al máximo. A nosotros nos tocó este día… y fue toda una suerte, porque era para el que habíamos preparado menos visitas. Si nos hubieran hecho elegir un día de mala fortuna antes del viaje, habríamos elegido éste.

Para empezar, amaneció frío, lluvioso y ventoso. Parecía mentira que apenas unas horas antes estuviéramos achicharrándonos en el no tan lejano Death Valley. No pudimos ver la silueta del Mt. Whitney, el más alto de USA, desde Lone Pine, del que es uno de sus mayores reclamos turísticos. Fue el primer borrón del día.

Antes de irnos de Lone Pine dimos un breve paseo para estirar las piernas. Sin que sirviera de precedente, por fin íbamos a tomarnos la mañana con calma, sin la presión del tiempo. El pueblo no es nada del otro mundo pero tiene un genuino sabor americano que lo hace encantador. En sus alrededores se han rodado infinitud de películas de Hollywood, ha sido un reputado escenario a lo largo de la historia del cine, y el mismísimo John Wayne se alojó en nuestro hotel, el Dow Villa. Por su vida e historia, fue junto a Williams el pueblo más interesante en el que nos alojamos.

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Dow Villa, Lone Pine

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Dow Villa, Lone Pine

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Jake’s Saloon, Lone Pine

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Lone Pine

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Lone Pine

Ya con el coche nos dirigimos hasta las Alabama Hills, en las que se encuentra el Mobius Arch, un popular arco bajo el cual se puede encuadrar la cima de Mt. Whitney. Nosotros no tuvimos esa suerte…

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Mobius Arch

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Mobius Arch

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Mobius Arch

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Alabama Hills

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Alabama Hills

Al salir de Lone Pine pasamos cerca del Owens Lake… o de lo que queda de él. Se trata de un lago cuyas aguas se canalizaron para abastecer a LA, motivo por el cual perdió buena parte de su volumen. Actualmente está prácticamente seco y debido al peligro sanitario que ocasiona el polvo de su lecho se instalaron 5.000 aspersores para proporcionarle una capa de agua que prevenga las tormentas. Con el frío y el viento nos conformamos con verlo desde el coche.

Iba a ser un día de tránsito y la larga distancia a recorrer impedía virguerías. Teníamos planeadas dos visitas para amenizarlo, una en el Red Rock Canyon State Park, que venía de paso, y otra en el cruce entre Garces Highway y Corcoran Road, cerca del que se rodó la mítica escena de la avioneta de Con la muerte en los talones. Al final no cumplimos con ninguna de las dos… Al pasar por un desvío que anunciaba el Isabella Lake improvisamos un atajo por allí. El tiempo de conducción iba a ser más o menos el mismo, pero las millas recorridas muchas menos y los paisajes a priori nos parecían más atractivos.

La carretera del Isabella Lake nos gustó mucho más que la que llevábamos recorriendo toda la mañana. A lo largo de su trayecto vimos perfectamente la evolución del paisaje: de Joshua Trees a juníperos y de juníperos a pinos.

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Isabella Lake

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Isabella Lake

Para rizar el rizo, intentamos improvisar un nuevo atajo cruzando el Sequoia National Forest, pero en este caso fracasamos estrepitosamente: hasta en dos ocasiones, después de haber recorrido bastantes millas, nos encontramos con sus carreteras de paso cortadas por la nieve… Tuvimos que desistir, dar vuelta a atrás y asumir que la jornada de gloria de las secuoyas iba a ser la siguiente.

Sequoia National Forest

Sequoia National Forest

Improvisamos un picnic a las orillas de un precioso río. Los paisajes cada vez nos resultaban más familiares, más mediterráneos.

California

California

Me sorprendieron muy gratamente los paisajes que encontramos al pasar al fin a la vertiente oeste de las montañas de Sierra Nevada: prados, frutales, ganado pastando… Parecía Escocia.

Dormimos en Three Rivers, a las puertas del Sequoia National Park, y pasamos el resto de la tarde viendo la ceremonia de los Oscars justamente en la peor tele de las que tuvimos en todo el viaje.

Jamás hubiera imaginado que esto me podía llegar a suceder en medio de un viaje, pero había sido tan memorable la primera semana que al abandonar el Far West y sus paisajes desérticos empecé a sentir una especie de síndrome post-vacacional… ¡¡y eso que aún nos quedaban 10 días de viaje por delante!! Habían sido varios de los mejores días de mi vida, uno detrás de otro, y con un día normal como éste empecé a sentir lo mucho que me habían marcado. Mi fascinación por Utah y Arizona es ya eterna. Por sus amplísimas extensiones, su luz incomparable, sus sorpresas inimaginables detrás de cada curva…

Nos fuimos a dormir con la incertidumbre de si podríamos cumplir con la ruta prevista para el día siguiente: había previsión de lluvia y nieve. Pintaban bastos en Three Rivers… ¿Nos habría abandonado la fortuna que nos había acompañado durante todo el viaje?

Viaje a la Costa Oeste de USA (VIII): Las Vegas – Death Valley – Lone Pine

21.2.2015

La noche en Las Vegas fue para olvidar. El Best Western Plus Casino Royale nada tenía que ver con el Platinum Spa en el que habíamos dormido cinco días antes: ruidoso, caótico, sucio, falto de equipamientos, personal antipático… Con este percal, mis ganas de huir de la ciudad eran infinitas y únicamente hicimos una brevísima parada en el famoso cartel de bienvenida a la ciudad, ubicado en el extremo sur de Las Vegas Blvd.

Welcome to Fabulous Las Vegas

Welcome to Fabulous Las Vegas

Tardé un buen rato en reponerme del mal humor que me ocasionó Las Vegas. Sabía de antemano que no iba a ser mi visita preferida, pero tenía la impresión de que al menos me iba a divertir en ella. Impresión equivocada. Supongo que el cansancio con el que llegamos las dos veces que la visitamos no ayudó, pero…

El plan del día tenía un único protagonista: Death Valley. Un destino en el que tenía depositadas muchas, muchas, muchas esperanzas.

Entramos por el este y nuestra primera parada fue en Dante’s View, un mirador panorámico del valle situado a 1.669 metros de altura. Aunque hay que desviarse bastante de la carretera principal para llegar a él, es una visita imprescindible, ya que las vistas son realmente espectaculares. Como nota freak, en este punto se rodó la escena del episodio IV de Star Wars en la que se ve una panorámica de Mos Eisley.

Dante's View, Death Valley

Dante’s View, Death Valley

Descendimos rumbo al valle y retomamos su carretera principal. Pasamos de largo Zabriskie Point, ya que su mirador se encontraba en fase de remodelación y estaba prohibida la parada en cualquier punto cercano de la carretera, y nos dirigimos directamente al Devil’s Golf Course, un siniestro desierto de afiladas rocas de sal cristalizada. La extensión de este mar de rocas me impresionó. No pude evitar la tentación de probar varias puntas de sal y, quizás fue sugestión, noté como si me hubiera subido la tensión.

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Devil’s Golf Course, Death Valley

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Devil’s Golf Course, Death Valley

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Devil’s Golf Course, Death Valley

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Devil’s Golf Course, Death Valley

A continuación nos dirigimos a la Badwater Basin, el punto más deprimido de Norteamérica, situado a 86 metros por debajo del nivel del mar. La evaporación de un antiguo lago salado dio lugar a esta amplia extensión de sal que parece una pista de hielo en medio del desierto. Me impactó bastante el contraste entre la Badwater Basin, a -86 metros, y Dante’s View, a 1.669, cuyas laderas nacen justo al lado de la antigua laguna.

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Badwater Basin, Death Valley

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Badwater Basin, Death Valley

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Dante’s View desde Badwater Basin, Death Valley

Antes de comer hicimos una corta excursión hasta el Natural Bridge, un puente natural situado en un angosto cañón. Aunque en teoría había una milla de camino desde el aparcamiento, a nosotros nos dio la impresión de que hubo mucha menos distancia.

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Natural Bridge, Death Valley

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Natural Bridge, Death Valley

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Natural Bridge, Death Valley

Hacía un calor insufrible, rozando los 30 grados, y un sol abrasador. No exagero cuando digo que bebimos más agua que los dos días anteriores juntos. Era tal el calor y tan escasas las sombras que para comer decidimos refugiarnos en el coche con el aire acondicionado a tope.

Después de comer recorrimos la Artist’s Drive, una carretera escénica bastante entretenida que recorre la base de unas montañas multicolor. La carretera es de sentido único (de sur a norte) y por este motivo se recomienda tomarla volviendo de la Badwater Basin.

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Artist’s Drive, Death Valley

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Artist’s Drive, Death Valley

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Artist’s Drive, Death Valley

Aunque el día me estaba gustando mucho, tenía la sensación de que mi vulnerabilidad para sorprenderme e impresionarme había disminuido a lo largo del viaje. Esta vulnerabilidad la recuperé de sopetón al llegar a la Artist’s Palette, una ladera llena de colorido que se asemeja a la paleta de un pintor. Su colorido se debe al depósito de minerales y cenizas debido a erupciones volcánicas repetidas de hace más de cinco millones de años. Esta visita fue para mí la mejor parada del día, aunque en mi opinión es la que menos refleja la inhóspita esencia de Death Valley.

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Artist’s Palette, Death Valley

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Artist’s Palette, Death Valley

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Artist’s Palette, Death Valley

Aunque ya estábamos la mar de satisfechos de nuestra visita de Death Valley, aún sacamos tiempo y fuerzas para una nueva excursión: Golden Canyon. Se trata de otra breve caminata por un cañón que conduce hasta la Red Cathedral. A pesar de ser una de las excursiones más populares del valle, a mí me supo a poco, quizás porque por la hora elegimos su versión corta y no la circular completa.

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Red Cathedral, Death Valley

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Golden Canyon, Death Valley

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Golden Canyon, Death Valley

No era demasiado tarde, pero aún teníamos un largo camino hasta Lone Pine, así que decidimos dar por finalizada la visita. El día entre el calor y las caminatas había sido agotador y no teníamos fuerzas para más. De camino, vimos dunas enormes, subimos y bajamos 1.000 metros varias veces y atravesamos otra concentración importante de Joshua Trees. Intentamos localizar el del mítico disco de U2, que murió hace varios años y del cual sólo quedan algunos restos de su tronco, pero no teníamos las coordenadas exactas y fue una misión imposible.

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Death Valley

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Mesquite Flat Sand Dunes, Death Valley

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Mesquite Flat Sand Dunes, Death Valley

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Stovepipe Wells, Death Valley

Lone Pine, último pueblo del genuino oeste en el que dormimos, nos encantó. En adelante, no habría más desiertos en nuestro viaje. No pudimos reprimir ciertos caprichos para despedirnos de los paisajes desérticos. Primero, cenar en el Tótem, donde nos dimos un festín de carne a base de rib eye steak y costillas de cerdo. Y después, una cervecita americana y una partida de ping-pong entre borrachos en el Jake’s Saloon, el bar de moda del lugar, muy auténtico y recomendable.

Este fue el último día glorioso de una racha mágica que habíamos empezado cinco días atrás. Ruta 66, Grand Canyon, Monument Valley, Antelope Canyon, Bryce Canyon y Death Valley… uno detrás de otro, día tras día, durante la primera semana de un viaje. Insuperable.