Viaje a la Costa Oeste de USA (IV): Williams – Grand Canyon – Monument Valley

17.2.2015

Esta jornada estaba predestinada a ser una de las cimas del viaje. Íbamos a ver el Grand Canyon, ni más ni menos. O lo que es lo mismo, el Gran Cañón del Colorado.

El Gran Cañón del Colorado…
El Gran Cañón del Colorado…
El Gran Cañón del Colorado…
El Gran Cañón del Colorado…
El Gran Cañón del Colorado…

Este pensamiento rondaba en bucle por mi cabeza toda la mañana. No me podía creer que estuviera a las puertas de ver una de las maravillas naturales más famosas del mundo.

Antes de partir hacia el Gran Cañón, dimos un paseo por Williams, el pueblo con mayor cantidad de referencias a la Ruta 66 de los que visitamos. Todo en él gira en torno a la ruta y al Gran Cañón: los restaurantes, los comercios, las gasolineras… Me gustó bastante, aunque se le puede achacar un exceso de souvenirs. Al ser febrero, nos quedamos con las ganas de entrar en el Wild West Junction. Se trata de un restaurante típico del oeste cuyas cenas incluyen un espectáculo de country. Los desayunos del Pine Country, en el que habíamos cenado la noche anterior, tienen mucha fama también. Otras atracciones interesantes son la Pete’s Rt 66 Gas Station y una enorme señal de la Ruta 66.

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Williams

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Williams

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Williams

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Williams

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Williams

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Williams

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Williams

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Williams

Aunque había poco más de una hora de camino, el trayecto de Williams hasta el Gran Cañón se me hizo eterno. Tenía mucha impaciencia por verlo. Al fin, al llegar y verlo por primera vez, sentí que ese momento era toda una revelación. Mi lado más irracional temía, muy en el fondo, que de tantas expectativas que tenía depositadas en este lugar pudiera decepcionarme un poco o bien que encontráramos niebla y no lo pudiéramos ver bien. Aunque la primera ojeada que le eché fue de refilón mientras conducía, disipó todas mis dudas: aquél iba a ser uno de los días más memorables de mi vida, de esos que se narran con pelos y señales a los nietos.

La visita del South Rim se puede dividir en dos tramos: Hermit Road y Desert View Drive. Se trata de dos carreteras escénicas que recorren el sur del Gran Cañón y que cuentan con diferentes miradores. La Hermit Road sólo es accesible en temporada baja para vehículos particulares (un shuttle cubre ese trayecto durante todo el año). Empezamos nuestra visita recorriendo la Hermit Road hasta el final y a partir de ella retrocedimos deteniéndonos en todos y cada uno de sus miradores.

Hice cientos de fotos en poco más de cuatro horas. La inmensidad del Gran Cañón es abrumadora. Por más que uno lo contemple, jamás conseguirá retener con exactitud su orografía. Por más que uno haga fotos, jamás conseguirá una que le haga total justicia. Llegué a ponerme incluso un poco nervioso ante tal sobredosis de belleza y estímulos, estuve con taquicardia durante horas. No sabía dónde mirar, dónde enfocar, cuándo podía dar por finalizada la parada en un mirador… Cada vez que dejaba uno sentía pena, habría necesitado una hora en cada uno para poder sentir total plenitud.

Salvo el mirador de Hermit’s Rest, todos los miradores de Hermit Road valen la pena. Aunque el Gran Cañón es sólo uno, cada mirador ofrece una perspectiva diferente del mismo, dando la sensación de que el paisaje evoluciona. No voy a poner fotos de cada uno porque es una locura y no quiero saturar, sino que voy a hacer de tripas corazón seleccionando aquellas fotos que considero en general más adecuadas.

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

Aunque no es un mirador oficial, recomiendo parar en un aparcamiento que hay a un lado de la carretera entre The Abyss y Mohave Point. Justo allí hay la que para mí fue la mejor perspectiva del Gran Cañón, incluyendo una roca ideal para hacerse fotos espectaculares.

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

De poder retroceder en el tiempo, quizás cambiaría lo de haber parado en todos los miradores. Aunque cada uno ofrece una perspectiva diferente, quizás pecamos de no saber seleccionar, porque el tiempo voló de tal manera que sin darnos cuenta ya nos quedaban pocas horas de luz, y teníamos la ilusión de ver la puesta de sol en Monument Valley. También acabamos un poco saturados de tanta belleza, llegó un momento en que éramos incapaces de apreciar lo que teníamos ante nosotros. Y es que el Gran Cañón es, ante todo, inabarcable, y cualquier intento de abarcarlo puede acabar en agotamiento psíquico.

En el Desert View Drive paramos sólo en tres miradores. No me fascinaron tanto como los de Hermit Road, pero influye que el listón estaba muy alto. Me quedé con ganas de dedicarle unos cuantos minutos más al Desert View Point, donde hay una torre de vigía de los indios Anasazi.

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, South Rim

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Grand Canyon, Desert View Point

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Grand Canyon, Desert View Point

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Grand Canyon, Desert View Point

Una recomendación de la visita del Gran Cañón es lo que iba a escribir a continuación, pero menuda absurdez… ¿Hay alguien que a día de hoy necesite que le recomienden visitarlo? Nosotros quedamos más que satisfechos y con muchas ganas de repetir visita y poder explorarlo un poco más con alguna excursión.

Con el tiempo muy justo iniciamos nuestro camino rumbo a Monument Valley. Nos prometimos no hacer ninguna parada en todo el trayecto para asegurarnos llegar a la puesta de sol, pero la belleza de los paisajes era tal que pronto asumimos que iba a ser misión imposible. No habían pasado más de 20 minutos y ya habíamos roto nuestra promesa al encontrar un recogido cañón.

Arizona

Arizona

Nuevamente, el camino hasta Monument Valley se me hizo más largo de la cuenta. No acababa de acostumbrarme a las distancias en millas, por mucho que tuviera clara la equivalencia. Aunque no llegamos a tiempo de ver la puesta de sol, la llegada a Monument Valley fue memorable. Desde varias millas antes de llegar uno empieza a reconocer montículos familiares que anticipan la traca que le espera más adelante.

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Arizona, camino a Monument Valley

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Arizona, camino a Monument Valley

Nos alojamos en The View, un magnífico hotel cuyas habitaciones se encuentran orientadas hacia el amanecer con vistas a los tres montículos más famosos de Monument Valley.

Con la ilusión de un niño en la noche de Reyes, me fui a dormir imaginando ese precioso amanecer que presenciaríamos la mañana siguiente, mientras Vero se entretenía fotografiando las estrellas.

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Monument Valley

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Monument Valley

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Viaje a la Costa Oeste de USA (III): Las Vegas – Hoover Dam – Chloride – Oatman – Hackberry – Selligman – Williams

16.2.2015

Este fue el primer día grande de una racha de seis días seguidos inolvidables. Si tuviera que elegir los diez mejores días de mi vida, estos seis de los que hablo estarían en la pomada.

Me dormí y me desperté en idéntica posición. Tal era el cansancio que tenía acumulado. Ojalá cada noche durmiera tan plácidamente… Costó más de la cuenta desperezarnos. Se estaba tan cómodo en ese hotel que queríamos exprimirlo al máximo. Al final del día, esa pereza matutina acabó pasando factura, ya que llegamos muy justos de luz a la última visita programada.

Buenos días, Las Vegas

Buenos días, Las Vegas

La primera parada del día la hicimos en la mítica Hoover Dam, la que fuera presa más grande del mundo durante muchos años, famosa también por una escena mítica de Superman. Situada sobre el río Colorado, la presa tiene una altura de 221 metros y una longitud de 379.

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Hoover Dam

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Hoover Dam

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Hoover Dam

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Lake Mead

Al cruzar la presa suceden dos cosas: se pasa de Nevada a Arizona y se cambia de huso horario, adelantando o retrasando el reloj una hora según si se viaja hacia el este o el oeste. Este cambio de hora nos condicionó bastante el día, ya que al viajar hacia el este perdimos una hora de luz.

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Hoover Dam

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Hoover Dam

Me pareció exagerado el control de seguridad previo al acceso a la presa. Entiendo que más vale prevenir que curar, pero según esta filosofía podrían aplicarse controles de seguridad a cientos de situaciones cotidianas.

Seguimos nuestro recorrido por el interior de Arizona. Con la excepción de la Hoover Dam, el día iba a tener una clara protagonista: la Ruta 66. Y es que en esta zona de Arizona se concentran varios de los pueblos más emblemáticos de la ruta.

El primer pueblo que visitamos fue Chloride y la llegada al mismo fue el primer momento cumbre del viaje. Sentimos una emoción desbordada al llegar y comprobar en qué consistía el lugar. Se trata de un pueblo que tras el auge de la minería quedó prácticamente abandonado. Actualmente está lleno de chatarra, cuenta con una artística gasolinera y con un bar de lo más auténtico: Digger Dave’s. Tomamos una cerveza en el bar y pasamos un buen rato charlando con la camarera. Nos encantó este lugar, objetivamente tiene poco que ofrecer… pero ese poco va sobrado de magia, sencillez y autenticidad. Habríamos pasado gustosamente un día entero allí y lo abandonamos con un poco de nostalgia anticipada.

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Chloride

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Chloride

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Chloride

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Chloride

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Digger Dave’s, Chloride

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Digger Dave’s, Chloride

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Digger Dave’s, Chloride

Llegamos a Kingman, otro pueblo que teníamos previsto visitar, pero pasamos de largo. Había leído que pese a su condición de pueblo mítico de la Ruta 66 no valía demasiado la pena y entre que íbamos un poco justos de tiempo y que teníamos otras prioridades dejamos su visita quizás para la tarde, aprovechando que volveríamos a pasar por la zona.

Así pues, pusimos rumbo a Oatman, el pueblo que más ilusión me hacía de todos los que íbamos a visitar ese día. El camino entre Kingman y Oatman fue el primer tramo real de la Ruta 66 que recorrimos y jamás lo olvidaré, ya que fue el más bello y emocionante del día. La carretera atraviesa una vasta explanada semidesértica, rumbo a unas montañas que ya desde la lejanía prometían emociones fuertes.

Ruta 66

Ruta 66

Poco después de iniciar la ascensión, es imprescindible parar en la Cool Springs Station, una emblemática gasolinera de la Ruta 66 reconvertida en souvenir.

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Cool Springs Station

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Cool Springs Station

Desde el principio de la ascensión, las panorámicas mejoran de forma progresiva hasta coronar el collado de Sitgreaves Pass, tras el cual hay un pequeño mirador que ofrece unas evocadoras vistas de Arizona. Resulta inevitable imaginar indios apareciendo entre las montañas de esos parajes, como en las películas.

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Sitgreaves Pass, Arizona

Oatman es el pueblo más genuinamente del oeste que visitamos. Al encontrarse en un rincón olvidado de la Ruta 66, conserva una esencia propia de cuando se fundó a principios del siglo XX. Tuvo una emergente actividad minera hasta mediados de los años 30. Para los trabajos en las minas se usaban burros y al cerrar las últimas minas en 1942 el pueblo quedó prácticamente deshabitado y los burros se apoderaron de él y de sus alrededores. Actualmente, campan a sus anchas por las calles sin importarles lo más mínimo la presencia de turistas.

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Oatman

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Oatman

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Oatman

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Oatman

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Burrito haciendo la cobra, Oatman

Comimos una suculenta hamburguesa de búfalo y un pulled pork en el Oatman Hotel, cuyo bar-restaurante ofrece además música country en directo y está curiosamente decorado con billetes de 1 dólar.

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Oatman Hotel

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Oatman Hotel

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Oatman Hotel

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Oatman Hotel

Al igual que nos sucedió con Chloride, nos dio bastante pena irnos del pueblo, pero no teníamos tiempo para más. Tampoco es un sitio en el que haya mucho que ver, pero habríamos pasado un día entero viendo la vida pasar en ese lugar tan auténtico.

Llegados a este punto, nos surgió un duda absurda que tardamos horas en resolver: ¿Qué hora es? En Chloride nos habíamos conectado a una red wifi y estábamos casi seguros de que en nuestros móviles la hora se había actualizado automáticamente al huso de Arizona. Sin embargo, la hora del coche, la cual no habíamos cambiado, coincidía misteriosamente con la de los móviles… O bien el reloj del coche también se había actualizado… yo qué sé… quizás vía GPS y todos los relojes estaban en regla o bien vivíamos en los mundos de Yupi y de los tres relojes ninguno daba la hora exacta.

Fuera como fuera, eran las 3 ó las 4 de la tarde, muy tarde para la traca que teníamos por delante, así que pusimos rumbo rápidamente hacia Hackberry General Store por la Ruta 66, descartando definitivamente la parada en Kingman. El tramo de la Ruta 66 entre Kingman y Hackberry no tuvo nada especial. Fue a partir de Hackberry cuando nuevamente los paisajes y sus contrastes valieron la pena.

La Hackberry General Store es otra mítica gasolinera reconvertida en una especie de souvenir y museo, al igual que la Cool Springs Station. Tuvimos la mala suerte de encontrarla cerrada, pero yo personalmente disfruté como un enano fotografiando su exterior y sus alrededores, una locura para cualquier amante de la fotografía. Hay allí mil detallitos y curiosidades que merecen ser retratados.

Hackberry General Store

Hackberry General Store

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Hackberry General Store

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Hackberry General Store

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Hackberry General Store

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Hackberry General Store

El tramo desde Hackberry General Store hasta Selligman compitió en belleza con el de Kingman y Oatman. Las extensas llanuras sin atisbos de civilización evocaban nuevamente a los antiguos westerns. Fue el tramo de la Ruta 66 que más se aproximó a la imagen preconcebida que tenía de la ruta y durante él tuve una comunión muy intensa con el paisaje y la música que escuchábamos, el Forever Changes de Love. Ya jamás podré volver a escuchar ese disco sin recordar esos paisajes.

Ruta 66

Ruta 66



Poco antes de llegar a
Selligman el sol se puso definitivamente. Comprendimos entonces que ningún reloj estaba en lo cierto… Aunque hubiéramos preferido llegar con más luz, pudimos visitar el pueblo bien. Se notaba que era temporada baja, ya que la mayoría de locales estaban cerrados. Me quedé con la espina de no haber podido visitar la barbería de Ángel Delgadillo, un entrañable octogenario cuyo empeño permitió recuperar esta olvidada zona de la Ruta 66, y The Rusty Bolt.

Selligman

Selligman

Selligman

Selligman

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Barbería de Ángel Delgadillo

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The Rusty Bolt

Nos alojamos en el Knights Inn de Williams, hasta ese momento el peor alojamiento del viaje. Frío, ruidoso y hasta algo sucio. Cenamos en el Pine Country, un restaurante muy recomendable, de precio razonable y cantidades muy generosas.

Si esta jornada había sido inolvidable, la siguiente iba a ser… iba a ser… ¡ay, me pongo nervioso sólo de recordarlo!

Viaje a la Costa Oeste de USA (II): Los Ángeles – Calico Ghost Town – Mojave National Preserve – Las Vegas

15.2.2015

Hora de conducir. Empezaba nuestro Road TripA priori el recorrido de este día no era de los más interesantes del viaje. La idea era ir desde LA hasta Las Vegas y para amenizar el trayecto programamos dos visitas: Calico Ghost Town y Mojave National Preserve.

Madrugamos bastante, aún con los efectos del jet lag, que nos despertaba mucho antes de lo deseado, y tuvimos la suerte de encontrar una salida de LA bastante fluida. El camino hasta Calico, entre la ilusión que teníamos, el nuevo mundo que descubríamos y el poco tráfico que encontramos, se me pasó volando.

Calico es un pueblo abandonado reconvertido en una especie de parque temático en miniatura sobre el oeste americano.

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Calico Ghost Town

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Calico Ghost Town

Nada más saber de su existencia y comprobar que venía de paso nos hizo mucha ilusión la idea de visitarlo, pero conforme pasaron las semanas fui anticipando un sentimiento diferente. Tenía la sensación de que me iba a parecer demasiado turístico. Al final, mi valoración se acerca bastante a esta última. No es que no valga la pena, pero la sensación de estar en un parque temático es constante y, sin ir más lejos, para conocer cómo es la vida en el oeste recomendaría mucho antes otros pueblos que vimos la jornada siguiente, pueblos de verdad y totalmente gratuitos. Aún así, reconozco que me lo pasé bastante bien durante la hora y pico que estuvimos allí, era nuestro primer contacto con el lejano oeste y se notaba en nuestro ánimo.

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Calico Ghost Town

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Calico Ghost Town

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Calico Ghost Town

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Calico Ghost Town

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Calico Ghost Town

Repusimos fuerzas en el Peggy Sue’s 50’s Diner, un restaurante mítico ambientado en los años 50. En él tomamos un delicioso batido de fresa y unas French Toasts.

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Peggy Sue’s 50’s Diner

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Peggy Sue’s 50’s Diner

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Peggy Sue’s 50’s Diner

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Peggy Sue’s 50’s Diner

Aunque hasta entonces habíamos hecho pocas paradas, el día estaba siendo de lo más entretenido y conducir por esas carreteras resultaba delicioso y evocador.

West Coast

West Coast

Seguimos nuestra ruta en dirección a Mojave National Preserve, a la que entramos por el sur a través de Kelbaker Road. La primera atracción que encontramos entrando desde allí fueron las Granite Mountains, unas montañas de granito que adoptan formas bastante curiosas.

Granite Mountains

Granite Mountains

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Mojave National Preserve

Poco después, tomamos el desvío de las Kelso Dunes, unas inmensas dunas a las que se puede subir con una caminata de aproximadamente una hora (sólo ida). Nuestra idea era ésta, subir hasta la duna más alta, pero el intensísimo calor que hacía, con temperaturas por encima de los 30 grados, y nuestra falta de previsión (no llevábamos crema solar) hicieron que desistiéramos y nos conformáramos con caminar unos 20 minutos hasta llegar a un buen punto de visibilidad para tomar unas cuantas fotos. Recomiendo mucho esta visita. Me impresionaron bastante las dunas y me quedé con la espina clavada de no haberlas podido subir.

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Kelso Dunes

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Kelso Dunes

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Kelso Dunes

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Kelso Dunes Road

De nuevo en la carretera principal, unos cuantas millas más al norte paramos en Kelso Depot, una estación de ferrocarril reconvertida en centro para visitantes. La estación actual emula a la primera que se construyó en este lugar, de la que únicamente sobreviven las palmeras de su entrada principal.

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Kelso Depot

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Kelso Depot

Seguimos nuestro camino en dirección a Cima, otro pueblo, siendo generosos con lo de pueblo, abandonado.

Cima

Cima

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Mojave National Preserve

Sabíamos de antemano que esta zona era conocida por tener la mayor concentración de Joshua Trees del mundo, pero en ningún momento imaginé que encontraríamos tantos. Cuanto más conducíamos más encontrábamos… ¡Y pensar que yo tenía miedo de no ver ninguno!

Joshua Trees

Joshua Trees

Para vivir la experiencia con más intensidad, recorrimos un tramo del Teutonian Peak Trail. Aprovechamos la tranquilidad y la belleza del lugar para hacer un picnic. ¡Eran ya pasadas las 4 de la tarde y aún no lo habíamos hecho!

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Mojave National Preserve

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Mojave National Preserve

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Mojave National Preserve

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Mojave National Preserve

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Mojave National Preserve

Joshua Trees

Mojave National Preserve

Mojave National Preserve nos fascinó. Quizás tuvo la suerte de disponer del factor sorpresa, ya que fue nuestra primera incursión en un desierto, pero sin duda es una visita muy recomendable.

El último tramo de carretera hasta Las Vegas se me hizo eterno. Llevaba varios días seguidos sin dormir más de tres horas, incluso desde antes del viaje, y hasta entonces había mostrado una energía fuera de lo normal, pero todo el cansancio que se presuponía debía sentir apareció de golpe.

Tenía un choque de emociones antes de la visita de Las Vegas. Por una parte, era consciente de que su rollo y el mío son polos totalmente opuestos. No me atrae nada de lo que ofrece esta ciudad. Sin embargo, tenía la esperanza de que el factor sorpresa, por decirlo de alguna manera, fuera su baza para conquistarme, o bien que de tan bajas expectativas al final no me pareciera tan terrible. La llegada a la ciudad disipó automáticamente todas mis dudas: es un horror, un lugar deprimente y terrorífico.

Nos alojamos en The Platinum Spa y esa fue la mejor experiencia de la visita. No estoy acostumbrado a ciertos lujos y se me hizo muy raro quedarme de brazos cruzados mientras un mozo se llevaba mis maletas e iba a aparcar mi coche. La habitación fue espectacular en todos los sentido: tamaño, confort, lujo, vistas… El baño que me di en su jacuzzi fue milagrosamente reparador y me dio las fuerzas necesarias para visitar la ciudad, aunque pronto el cansancio volvió a hacer mella.

Las Vegas desde The Platinum Spa

Las Vegas desde The Platinum Spa

Cenamos en un centro comercial cercano al hotel, no sin antes dar varias vueltas buscando infructuosamente un restaurante que no estuviera saturado. Después, recorrimos la zona sur del Strip, desde el Bellagio hasta el Luxor.

Caos, ruido, aglomeraciones, vicio… todo eso es Las Vegas. Ni siquiera la curiosidad por entrar en sus casinos me compensó. Jugamos un dólar en unas tragaperras y antes de que parpadeara ya habíamos perdido… Sí me gustó la espectacularidad de sus hoteles, aunque muchos de ellos parecían fallas a lo bestia. Mi preferido, aunque era el que más parecía una falla, fue el Excalibur.

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Las Vegas Strip

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Las Vegas Strip

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New York New York

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New York New York

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Hotel Paris

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Las Vegas Strip

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Excalibur

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Las Vegas

Antes de caer rendido en la cama vimos el espectáculo de las fuentes del Bellagio. Hay uno cada 15 minutos a partir de las 20h. No estuvo mal, pero la función que nos tocó no fue tan espectacular en comparación con otra que habíamos visto a medias desde lejos.

Fuentes del Bellagio

Fuentes del Bellagio

Supongo que influyó también que llegáramos reventados. Quizás un poco más descansados o con otra mentalidad la habríamos disfrutado más. Pese a todo, considero que es un lugar que hay que conocer, porque no se le puede negar que sea curioso y espectacular.