Excursión: Sa Volta des General

8.9.2012

De vuelta a Mallorca durante la primera quincena de septiembre, rescato para el blog esta preciosa excursión por la Serra de Tramuntana

El Camí de sa Volta des General une el pueblo de Banyalbufar con el Port des Canonge a través de un sendero suspendido en la ladera de la sierra y con permanentes vistas sobre el Mediterráneo. Su nombre homenajea al general F. Cotoner, antiguo propietario de una finca cercana.

El punto de partida se encuentra en una curva de la carretera que une Valldemossa con Banyalbufar, poco antes de llegar a este último, y está muy bien indicado. Recomiendo ir pronto porque el párking que hay sólo permite aparcar a unos 15 coches.

La excursión es recomendable para todas las épocas del año y para todos los públicos, pero en los meses de verano tiene el aliciente de poderse bañar en el Port des Canonge o en cualquier calita que a uno le apetezca durante el camino, siempre respetando las indicaciones de peligro que se encuentran. El tiempo total de caminata es de unas tres horas, aproximadamente, contando ida y vuelta. 

La primera panorámica que se divisa es la de Banyalbufar, uno de los pueblos con más encanto de Mallorca. Situado en la ladera de la montaña, colgado sobre el mar, es famoso por sus bancales, que cumplen la doble función de facilitar los cultivos y delimitar las propiedades.

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Banyalbufar

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Mal rollete, ¿no?

La primera parte del trayecto es muy placentera, incluso en verano, ya que transcurre por un pinar muy fresco, a la sombra del Puig de Ses Planes, y la pendiente es suave, en ligero descenso. Las vistas entre los árboles son inmejorables.

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Punta de s’Àguila

Na Foradada

-5-4A los tres cuartos de hora, aproximadamente, llega un breve tramo de pista asfaltada por los alrededores de la finca de Son Bunyola, antigua propiedad de Richard Branson, magnate de la Virgin.

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Son Bunyola

Pronto llegamos a la salvaje playa de Son Bunyola, de cantos rodados, en la que ya se distingue el característico color arcilla de la tierra de la zona.

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Un último esfuerzo nos lleva hasta nuestro objetivo, el Port des Canonge, cuyas casetas de pescadores lo convierten en uno de los rincones con más encanto de la costa norte de Mallorca. Allí comimos y nos dimos un merecido baño antes de emprender el camino de vuelta por el mismo sendero.

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Mar y montaña, un dos por uno inigualable. ¿Qué más se puede pedir?