Llevant de Mallorca: Cala Varques – Es Pontàs – Caló des Moro

24.7.2012

A una semana de alta montaña le sucedió otra de playa. 

Hacía mucho que no hacía de cicerone por Mallorca, mi isla. La responsabilidad de guiar a los amigos por mi tierra fue muy grande y realmente me costó mucho decantarme por unas visitas y dejar de lado otras. Cuatro días me parecían muy pocos.

Para el primer día, como toma de contacto con la isla, optamos por la zona de Llevant, en el que probablemente se encuentran sus mejores calas.

La primera que visitamos fue Cala Varques, a la que se accede desde la carretera que va de Portocolom a Portocristo. Siguiendo este sentido, el camino de acceso se encuentra exactamente pasado unos 150 metros el cruce con la carretera de Manacor a Cales de Mallorca. Dicho camino no está asfaltado y es preciso aparcar en él, para lo cual recomiendo ir temprano para evitar sorpresas. Una vez aparcado, hay que seguirlo a pie hasta el final. Tras pasar la verja en la que finaliza el camino, que suele estar abierta, hay que seguir a pie otros 10-15 minutos a través de un bosque antes de llegar a la cala.

Parece mentira que no la conociera hasta hace año y medio, porque visitarla por primera vez fue toda una revelación y desde entonces no paro de ir una y otra vez. ¿Se trata de una cala tranquila? No, ni por asomo, pero lo tiene todo para pasar un gran día de playa. Conserva con todas las letras su condición de cala virgen, posee un agua increíblemente azul y cristalina, que parece retocada con photoshop, una arena blanca y finísima y un bosque a apenas 50 metros del mar para refugiarse del sol y echarse una buena siesta al fresco.

Si se tiene suerte (o mala, según se mire), uno puede verse sorprendido por las vacas que pastan la finca privada que atraviesa el sendero hasta la cala. Dice la leyenda que cuando el amo de la finca se cabrea, las deja pastar por la arena para que ahuyenten a los turistas y reduzcan la masificación de la cala. No hay nada que temer, son vacas totalmente mansas y pacíficas que sólo buscan algo de comida. Ese día no tuvimos el honor, pero en mi primera visita en julio de 2011 pude disfrutar de estas estampas tan surrealistas.

A unos 10 minutos, andando por las rocas de la vertiente norte de la cala, se encuentra Es Pontàs de Cala Varques, un curioso puente natural al filo de los acantilados.

Por la tarde, antes de visitar otra de mis calas preferidas del Llevant, hicimos una parada en Es Pontàs, un pequeño islote con forma de puente situado entre Cala Santanyí y Cala Llombards y considerado como uno de los emblemas de la costa de Llevant.

Antes del atardecer, nos refrescamos en el Caló des Moro, otro de esos rincones mágicos que aún existen en Mallorca. Cuesta bastante encontrarlo, ya que, según se dice, los vecinos de la zona ocultan las indicaciones de acceso a conciencia para evitar su masificación. Como pista, sólo puedo decir que su desvío se encuentra poco antes de llegar a la urbanización de Cala Llombards… no sabría explicar con palabras cómo llegar exactamente.

Lamentablemente, las dimensiones de la cala son tan reducidas que es habitual tener que conformarse, si no se va muy temprano o a última hora de la tarde, con un simple baño, sin encontrar un rincón tranquilo en la arena para estirarse, pero ese simple baño justifica por sí solo la visita.

Viaje a Aosta (VIII): Villeneuve – Colle del Piccolo San Bernardo – Annecy

21.7.2012

Adelantamos el regreso a España un día, ya que no se nos ocurría nada más para visitar en la región de Aosta y pensamos que sería sensato dividir la vuelta en dos etapas, evitando una paliza como la del primer día. Esta decisión fue más importante de lo que puede aparentar a bote pronto.

La salida de la región de Aosta la hicimos por el Colle del Piccolo San Bernardo, que comunica el Valle d’Aosta, en Italia, con Val d’Isère, en Francia. Al igual que el del Gran San Bernardo, este paso alpino está cargado de historia, siendo utilizado desde la antigüedad. La apertura del túnel del Mont Blanc provocó que cayera en picado su tránsito, convirtiéndose en un paso poco concurrido y muy tranquilo en la actualidad. Me dio algo de pena no habernos acercado antes a este puerto, ya que los prados que encontramos en la cima eran preciosos.

Colle del Piccolo San Bernardo

Colle del Piccolo San Bernardo

Llegamos a Annecy a la hora de comer. Como ya dije en la entrada anterior, esta visita tuvo muchos paralelismos con la de hacía dos años. Así a bote pronto, se me ocurren varios: nos alojamos en el mismo hotel, la visitamos en una sola tarde, cenamos en el mismo restaurante, pedimos el mismo plato (entrecot al roquefort)… Pero sin duda alguna su simbolismo más poderoso es el que la convierte en perfecto broche final de nuestros viajes a los Alpes, ya que una vez más la visitamos durante el último día de viaje.

Visitar Annecy es siempre una apuesta ganadora, pues se trata de un encanto de ciudad. El Palais de l’Île, situado en medio del canal, es sin duda su edificación más famosa y fotografiada.

Annecy

Annecy debe su encanto al Thiou, el río más corto de Francia, de apenas 3 kilómetros y medio, y considerado como uno de los más limpios de Europa. El Thiou cruza las calles de la ciudad formando varios canales, que son el centro neurálgico de su vida turística y razón por la que se la conoce como la Venecia de los Alpes.

Annecy

Annecy

Annecy

Cuando uno se cansa de recorrer los canales del Thiou, puede optar por acercarse al Lac d’Annecy, el segundo más grande de Francia tras el Lac du Bourget (sin tener en cuenta la parte francesa del Lac Léman) y famoso por su limpísima agua y sus actividades náuticas.

Lac d’Annecy

Lac d’Annecy

Lac d’Annecy

El viaje había llegado a su fin. Quedaba por delante sólo el domingo 22, día de carretera pura y dura.

Decía en la anterior entrada y al principio de ésta que dividir la vuelta a Barcelona en dos etapas fue una decisión muy relevante. Asimismo, la mañana del 22 nos dimos un madrugón de aúpa para llegar a Barcelona sobre la hora de comer cuando, en el fondo, no había necesidad alguna de madrugar, ya que teníamos todo el día disponible para volver… 

Ambas decisiones surgieron de una especie de instinto y evitaron que nos viéramos atrapados en la Jonquera por culpa del trágico incendio que asoló durante varios días el Alt Empordà. A saber la hora a la que hubiéramos llegado a casa de no haber dividido la vuelta en dos días o de habernos dado unas cuantas horas más de sueño…

Cruzamos la frontera entre llamas cuando aún no habían cortado la autopista, con el incendio recién declarado, y fue muy doloroso ver cómo ardía el bosque con una fuerza incontrolable. Estas son las dos fotos que hizo Jose mientras yo conducía.

Incendio La Jonquera

Incendio La Jonquera

Fue un final triste para un viaje que conforme pasan los meses valoro con más y más cariño.

Recorrido del día 21 en Google Maps.

Viaje a Aosta (VII): Château de Chillon – Montreux – Évian-les-Bains

20.7.2012

Con la sensación de que ya habíamos agotado el valle de Aosta, improvisamos una fugaz visita a Suiza, nuestro país fetiche. La idea de visitarlo, al igual que la de subir al funicular del Mont Blanc, la habíamos confirmado y rechazado varias veces a lo largo del viaje, hasta que finalmente nos dejamos llevar por un arrebato.

Puede parecer algo simple, pero la sensación de entrar en terreno Suizo, cruzando el Paso del Gran San Bernardo, fue uno de los momentos de mayor euforia del viaje. La lástima es que, tratándose de un único día, nuestro plan no podía pretender ver todo lo que hubiéramos querido, así que nos conformamos con acercarnos hasta Montreux, a orillas del Lac Léman.

En las afueras de Montreux se encuentra el Château de Chillon, uno de los edificios más famosos de Suiza y catalogado como monumento histórico del país. Su privilegiada situación sobre una roca a orillas del lago y rodeado de escarpadas montañas hizo que Victor Hugo lo describiera como un macizo de torres sobre un macizo de rocas.

Château de Chillon

Château de Chillon

Fue una importante edificación defensiva desde la Edad de Bronce, posteriormente fortificada por los romanos. Su localización, aparte de privilegiada, tenía tintes estratégicos, ya que cerraba el paso del valle del Ródano para los que desde Italia pretendían dirigirse a Francia o Alemania y viceversa, lo cual permitía el control comercial y militar de la ruta y aplicar un peaje.

El sótano del castillo fue una importante prisión. Su prisionero más conocido fue François Bonivard, un reformador de Ginebra que pasó cuatro años atado a un pilar. Lord Byron, cautivado por su historia y fascinado por el castillo durante su residencia en Suiza, le dedicó uno de sus poemas más famosos, El Prisionero de Chillon, e indirectamente convirtió el lugar en punto de peregrinación y centro de turismo, dando pie al crecimiento de Montreux.

Existe la teoría de que Tchaikovsky se inspiró en el Lac Léman para componer El lago de los cisnes y que el castillo que aparece en su primer y tercer acto es el de Chillon.

El Lac Léman es tan inmenso que uno se olvida de que está frente a un lago. Un auténtico mar entre montañas.

Lac Léman

Montreux me recordó mucho a una típica ciudad de la Costa Azul, con su casino, sus hoteles de lujo y un paseo marítimo que parecía más bien una pasarela de moda. Matamos el tiempo antes de comer recorriendo dicho paseo, en busca de la estatua de Freddie Mercury, pero nos liamos un poco y andamos un buen rato en el sentido equivocado, pese a que la teníamos a dos minutos de donde habíamos aparcado.

Montreux

Uno de los acontecimientos más conocidos y prestigiosos de la ciudad es su Festival de Jazz. Pese a que como es lógico el jazz predomina en su cartel, está abierto a otros estilos y en él han participado artistas tan dispares como Radiohead, Deep Purple, Johnny Cash o Lou Reed.

La conocidísima canción Smoke on the Water, de Deep Purple, cuenta la historia del incendio del casino de Montreux durante un concierto de Frank Zappa el 4 de diciembre de 1971.

La región de Montreux es conocida también por ser fuente de inspiración de Freddie Mercury y Charles Chaplin, entre otros artistas de renombre. Charles Chaplin tiene su propia estatua en Vevey, la localidad en la que residió, mientras que Freddie la tiene en pleno paseo marítimo de Montreux, gracias a la financiación de Montserrat Caballé. Una foto inevitable.

Freddie Mercury

Finiquitado Montreux, por la tarde nos metimos en territorio francés para visitar Évian-les-Bains, situado en la orilla sur del Lac Léman y famoso por su agua y sus balnearios. No estuvo mal la visita, pero fue un poco de relleno, para ocupar una tarde en la que no sabíamos dónde ir. Me gusta más la vista del lago desde Suiza, ya que permite ver el contraste entre el agua y los Alpes franceses, que se levantan como un muro frente a la orilla del mismo.

Évian-les-Bains

De vuelta hacia a Aosta, el paso por el Gran San Bernardo fue bastante épico por culpa de la niebla, evocando una etapa a cara de perro del Giro de Italia o del Tour de Francia, y nos dejó, nuevamente, unos paisajes para el recuerdo.

Gran San Bernardo

Esa iba a ser nuestra última noche en Aosta. A la mañana siguiente pondríamos rumbo hacia Annecy, parada improvisada pensada para dividir la vuelta a España en dos etapas. Aún entonces no lo sabíamos, pero la decisión de anticipar la vuelta un día fue acertadísima y nos libró de un lío de los gordos, por una razón que explicaré en la siguiente entrada.

La de Annecy sería también una visita cargada de simbolismo: hacía dos años habíamos finalizado allí otro viaje a los Alpes, celebrando la experiencia con un buen entrecot… y en este viaje no iba a ser menos.

Recorrido del día en Google Maps.