Excursión: Montserrat

6.5.2012

Me había propuesto no abrir la entrada usando por enésima vez la fórmula “la visita a blablabla era una vieja cuenta pendiente que me faltaba por saldar…”, pero esta frase nunca había sido tan apropiada como en el caso de Montserrat. De todas las montañas de Catalunya, hay dos que destacan por sus inconfundibles siluetas. Una de ellas es Montserrat. La otra, el Pedraforca, es aún una vieja cuenta pendiente que me falta por saldar…

La típica visita dominguera del monasterio y sus alrededores ya la había hecho dos veces anteriormente y ni me disgustó ni me flipó. Lo que verdaderamente me apetecía desde hacía mucho era perderme entre los monolitos de la montaña y eso es justo lo que hicimos en esta excursión.

Dejamos el coche en el área de ocio del Coll de Can Maçana. Tuvimos suerte de poder aparcar en el que era prácticamente el último hueco libre. A partir de allí, hay múltiples posibilidades para visitar el macizo de Montserrat. Una de ellas es recorrer el GR-172, que conduce de Can Maçana hasta el monasterio siguiendo la ladera norte de la montaña. Como no teníamos en mente ninguna excursión concreta, inicialmente seguimos este camino, que salvo al principio no tiene pendientes significativas.

Pronto llegamos a la altura de la Roca Foradada y la Cadireta d’Agulles, dos de las formas más singulares del macizo. Dice la leyenda que la primera de ellas es obra del diablo, que con un cabezazo se abrió paso a través de la roca rumbo al infierno, huyendo de la Virgen. Yo no tengo ninguna duda de que así fue como se hizo el agujero. Tiene su lógica.

La Cadireta desde abajo

Al poco tiempo de pasar por debajo de la Cadireta, nos desviamos hacia la derecha siguiendo el Coll del Porc, por el accedimos a la vertiente sur del macizo. Fue en esta ladera en la que disfrutamos más de la excursión, paseando entre monolitos con formas para todos los gustos (e imaginaciones).

Tras comer en los alrededores del Refugi Vicenç Barbé, volvimos a la ladera norte pasando por el Portell Estret. Sin duda alguna, este tramo de la excursión fue el más dificultoso, ya durante un buen rato tuvimos que bajar arrastrándonos con el culo por el suelo. El camino estaba en muy malas condiciones, húmedo, resbaladizo, con muchos pasos rocosos y con una pendiente más que considerable.

Tras retomar el GR-172, volvimos hacia Can Maçana, pero antes de llegar al párking nos desviamos para visitar las ruinas de la iglesia románica de Sant Pau Vell de la Guàrdia.

Montserrat, cuenta saldada.

Excursión: Collformic – Matagalls – Sant Segimon

1.5.2012

La ascensión del Matagalls es una excursión mítica del montañismo catalán, más por su significado que por su dificultad. No en vano, en su cima se encuentra la Creu de Catalunya, documentada por primera vez en el año 1.614 y venerada por multitud de excursionistas. A su vez, con sus 1.698 metros es la tercera montaña más alta del Montseny, después del Turó de l’Home (1.705 m y 78 cm) i de Les Agudes (1.705 m y 44 cm).

Existen muchas rutas diferentes para subirlo. Nosotros elegimos la que empieza en Collformic, la más rápida y sencilla, muy recomendable para no iniciados y para gente que, como nosotros ese día, no quiera complicarse la vida. En este punto se encuentra la Creu de Collformic, en recuerdo de los 110 liberales que murieron fusilados en manos de los carlinos durante la Tercera Guerra Carlina, seguramente el episodio más dramático de la historia del Montseny. Asimismo, en este punto se inicia la mítica travesía Matagalls – Montserrat, de 83,4 km.

La ascensión al principio se nos hizo un poco dura, en parte porque habíamos trasnochado y en parte porque llevábamos meses sin caminar por la montaña, pero pronto alcanzamos un buen ritmo que nos condujo a la cima en algo menos de 2 horas. El camino, descubierto de árboles, atraviesa extensos prados, principal baza paisajística de la subida.

El Matagalls en sí no tiene una silueta especialmente bella, pero las vistas desde su cima son una auténtica gozada y lo convierten en uno de los mejores miradores de Catalunya. En días claros, se puede ver desde el puerto de Barcelona hasta los Pirineos.

En la cima, la ya mencionada Creu de Catalunya, con un poema de un ilustre catalán: Verdaguer.

Catalans tot de genollons en terra
mireu aquí lo signe de la Creu
com de la Pàtria en la més alta serra
aixampla avui los braços
per acostar-los amb tots sos fills a Déu.
Eixampla més tes branques gegantines
amb tes ales sopluja els catalans
l’espanyola niuada i les veïnes
abriga a tots los homes
a tots la Creu de Crist ens fa germans

Para la vuelta, convertimos la excursión en una ruta circular, bajando del Matagalls campo a través en busca de la pista que conduce al Santuari de Sant Segimon. Para enlazar la cima con esta pista recomiendo el uso de un buen mapa, ya que el camino no está señalizado y hace falta buena orientación y sentido común. Para resumirlo con palabras, si subimos al Matagalls desde el sur-oeste, como en nuestro caso, una vez en la cruz hay que bajarlo en sentido oeste.

El Santuari de Sant Segimon debe su nombre a un rey destronado de Borgoña que hizo penitencia en este lugar. Aunque está documentado desde el año 1.290, el actual santuario es de los siglos XVII-XVIII. Actualmente se encuentra en fase de restauración, por lo que no pudimos acceder al recinto y nos tuvimos que conformar con contemplarlo desde la barrera.

Con esta excursión iniciamos nuestra temporada de senderimos primavera-verano, que va a monopolizar el blog durante muchas entradas.

Italia 2012 (VI y VII): Cerreto d’Esi – Módena

8 y 9.4.2012

Los dos últimos días del viaje fueron muy ligeros, por lo que haré una entrada conjunta para ambos.

El día 8, Domingo de Pascua, hizo muy mal tiempo y no pudimos hacer prácticamente nada. Por la mañana, fuimos a dar un paseo por un prado cercano a Cerreto d’Esi y visitamos el pueblo, del que destaca básicamente la Torre Civica Pendente.

Por la tarde, dimos una vuelta en coche por la zona, pero la tuvimos que interrumpir antes de lo previsto al vernos sorprendidos por una incipiente nevada.

El resto del día fue de recogimiento y descanso absoluto. Por la noche, sin dormir, teníamos que ir en coche hacia Bolonia, ya que mi familia tenía su vuelo de vuelta a primerísima hora de la mañana. Entre semejante planazo y el mal tiempo, pocas ganas de movernos teníamos.

En mi caso, el viaje se alargó durante toda la mañana del día 9. Dormí apenas 2 horas en el coche de alquiler, justo después de despedirme de la familia, y la verdad es que no tenía el cuerpo para muchos trotes, pero tenía que buscarme la vida como fuera para hacer tiempo hasta la salida de mi vuelo.

Barajaba dos opciones para pasar la mañana. La primera, repetir visita de Bolonia. La segunda, improvisar una visita a alguna ciudad cercana. Animado por el exitazo que supuso la improvisación de unos días atrás, cuando decidí visitar Ferrara, opté por lo segundo y Módena fue mi ciudad elegida.

De Módena poco o nada conocía, más allá de su vinagre. Así como la visita de Ferrara fue un triunfo sin discusión, la de Módena me dejó algo frío. No puedo decir que sea una ciudad fea, pero a nivel turístico su atractivo es muy reducido.

Básicamente, lo que vale la pena (si no es que se me escapó alguna cosa, que con la presión del tiempo y el cansancio acumulado podría ser) es el conjunto formado por la catedral, la Piazza Grande y la Torre Ghirlandina, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La mala suerte se cebó conmigo y tanto una fachada lateral de la catedral como una parte de la plaza estaban en plena fase de rehabilitación… Dando a la plaza, hay que destacar también el Palazzo Comunale.

La Torre Ghirlandina es el campanario de la catedral y el símbolo típico de la ciudad. Sus 86 metros cuentan con una base cuadrada más una cúspide octogonal, añadida para competir en altura con las torres de Bolonia.

Como estaba de vuelta de todo, no dude ni un instante en pagar el precio de su entrada para poder ver la ciudad desde las alturas. Fue quizás el mejor momento del día, aunque las fotos no quedaron bien debido a una rejilla que restaba mucha visibilidad.

Desde una de las ventanas de la torre, el 29 de noviembre de 1938 Angelo Fortunato Formiggini, editor de origen judío, se lanzó al vacío como protesta ante las extremas leyes raciales impuestas por el fascismo. Este trágico gesto fue el anticipo de la rebelión moral que devolvería a Italia la democracia y la libertad.

Para acabar con la entrada, dejo la foto de un graffiti que vi y que me gustó bastante. Que cada cual lo interprete como quiera.

Así terminó mi primer viaje a Italia del año 2012. Por esas fechas aún no sabía que 3 meses después volvería para visitar el Valle de Aosta, pero de ese viaje hablaré más adelante.