Excursión: Ascensión al Puigsacalm

8.12.2011

Esta es la crónica de la ascensión al Puigsacalm que nunca sucedió, con la que cerramos en lo que a trekking se refiere un 2011 lleno de escapadas a la montaña.

La excursión arranca justo en el Coll de Bracons, que separa las comarcas de Osona y la Garrocha y las provincias de Barcelona y Girona. El tiempo previsto de la excursión es de unas 4 horas entre ida y vuelta. Nosotros la empezamos ya con cierta presión del reloj, porque encontramos un doble atasco en la C-17, primero por un accidente y luego por la niebla, y no llegamos hasta el Coll de Bracons hasta las 12:30. Desde este punto, tras escalar una roca durante unos 10-15 metros, empieza un sendero bien señalizado que conduce hasta la cima del Puigsacalm.

El camino es realmente hermoso y agradable, apto para todos los públicos. Su pendiente es constante pero muy suave, apenas se hace notar. La mayor dificultad que presentaba ese día era la gran cantidad de hojas secas acumuladas, que ocasionaban algún que otro resbalón y muchos pasos en falso. Aunque es difícil perderse en este bosque, dado lo bien señalizado que está, hay que estar muy atentos en otoño ya que las hojas pueden llegar a ocultar el camino.
El recorrido fue un paseo hasta llegar a la Font Tornadissa, un precioso y apacible rincón en cuyos alrededores decidimos comer. El día había amanecido fresco, pero el cielo estaba completamente despejado y los rayos del sol eran muy cálidos. Ya lo he comentado en alguna ocasión, pero me encanta sentir el calor del sol sobre mi piel en los días de ambiente fresco, me parece una de las sensaciones más reconfortantes que existen.
A partir de la Font Tornadissa, el camino se empina bastante y atraviesa un amplio prado hasta llegar a los Rasos del Manter, para mi gusto el momento cumbre del recorrido. En este punto, hay una bella panorámica hacia la Sierra del Cadí y hacia los Pirineos, destacando las cimas del Pedraforca, el Puigmal y el Canigó. La visibilidad era óptima para deleitarse con este paisaje.
En los Rasos del Manter, hay que desviarse hacia la derecha, siguiendo una verja. Fue aquí donde la ascensión al Puigsacalm se convirtió en la ascensión al Tossell Gros, ya que en un momento de felicidad bucólica por el prado nos despistamos y obviamos el siguiente desvío que teníamos que coger. Lo patético del caso es que no nos dimos cuenta de nuestro error hasta el día siguiente, cuando buscando fotos de la cima por internet vimos que no encajaban para nada con las nuestras. Más patético aún es hacerte autofotos y fotos grupales en la cima de la montaña equivocada pensando que estás en el Puigsacalm, posando de forma épica como si acabáramos de culminar una gesta.

Así pues, seguimos en dirección equivocada hacia el Pic Civaderes y el Tossell Gros, que fue el que coronamos pensando que se trataba del Puigsacalm. El último tramo de ascensión fue sin duda el más exigente de toda la excursión, poniendo a prueba la resistencia de nuestros gemelos. En la cima, las vistas hacia la Garrocha y la plana de Vic son privilegiadas. Lo que no pudimos ver apenas fueron las cimas del Montseny, ocultas tras un manto de nubes. Incomprensiblemente, no hice fotos de las vistas…

El descenso lo hicimos por el mismo camino de la subida. Estuvimos buscando un camino alternativo, pero no lo encontramos. ¿La razón? El camino alternativo era el que habíamos tomado por equivocación en los Rasos del Manter. A pesar del error en la subida, la sensación que nos dejó la excursión fue de gran satisfacción y ya tengo ganas de repetir esta ascensión al Puigsacalm Tossel Gros. Un día de montaña y naturaleza de los que deberían prescribir los médicos como receta para el estrés.

Excursión: Ascensión al Taga

13.11.2011

La ascensión al Taga era una espina que teníamos clavada desde hacía casi 4 años, pero una veces por lluvia, otras por falta de luz y otras por indisposición, siempre que nos la proponíamos la teníamos que cancelar. La última intentona frustrada, justo la semana antes, como ya comenté en la anterior entrada. No se trata de una montaña mítica, pero oye… que de tanto intentar subirla sin éxito, se había convertido ya en una obsesión. Por ello, el 13 de noviembre de 2011 pasará a la historia como el día en que por fin pudimos coronar los dichosos 2038 metros del Taga.

Como la cuestión era subirlo de una vez por todas, no hicimos una gran ruta, sino que la iniciamos en el Coll de Jou, a 1640 metros de altura. Desde allí, la distancia hasta la cumbre es escasa y en apenas hora y media se puede coronar, pero no hay ningún sendero definido y hay que remontar el desnivel a través de extensos prados, que en algunos tramos llegan a tener pendientes vertiginosas, lo cual permite definir la ruta como breve pero muy intensa. Las vistas a lo largo de la excursión fueron espléndidas, a pesar de la incipiente niebla que nos fuimos encontrando.

Taga, oculto tras la niebla

El Taga tiene fama de ser un perfecto mirador de los Pirineos, del Cadí y del Ripollés. En días muy claros, se puede ver hasta la peculiar silueta de Montserrat en la lejanía. Estas son las vistas que encontramos nosotros en la cima (al fondo, podéis ver la susodicha montaña de Montserrat):

Como entre subir y bajar usamos apenas 3 horas, pasamos el resto del día haciendo un recorrido en coche por la Serra Cavallera, abriéndonos paso ante una niebla que cada vez era más espesa y que no permitía ver a más de dos metros, y visitando Beget.

Beget es un pequeño y encantador pueblo que presenta la peculiaridad de pertenecer administrativamente a Camprodon, de la comarca del Ripollés, pese a estar ubicado en la Alta Garrotxa, debido a que las comunicaciones por carretera respecto a Camprodon son mucho mejores. De la visita, destaca principalmente el campanario de la Iglesia de Sant Cristòfol y las casas de piedra que predominan en todo el pueblo.

Sant Miquel del Fai – Pont de Malafogassa

6.11.2011

Nuestra intención era subir el Taga, pero su leyenda, de la que hablaré largo y tendido en la próxima entrada, hizo que lloviera a cántaros durante toda la mañana y tuviéramos que buscar un plan alternativo.

Sant Miquel del Fai es un monasterio del siglo XV situado en el Vallés Oriental. Desde lo alto de un risco, domina el Vall de Tenes, del que ofrece unas vistas maravillosas. Aparte, la visita ofrece la posibilidad de entrar en varias cuevas, pero debido a la climatología una de ellas, la más bonita, según dicen, estaba anegada, así que no pudimos entrar. Sin duda alguna, lo que más vale la pena de la visita son las ya mencionadas vistas del Vall de Tenes y los saltos de agua del río Tenes y del Rossinyol, abriéndose paso entre la vegetación.

Mentiría si dijera que la visita a Sant Miquel del Fai es imprescindible, porque considero que su precio es algo desproporcionado, más que nada porque para mí lo que realmente vale la pena del lugar es su naturaleza, y pagar determinados precios por disfrutar de la naturaleza, que nos pertenece a todos, me parece un abuso, pero sí tengo que reconocer que me gustó bastante. Lo recomiendo para solucionar uno de esos típicos días tontos en que uno vive en la paradoja de no querer quedarse en la ciudad ni querer alejarse demasiado de ella (en este caso, de Barcelona).

Como la visita duró apenas una hora, con todo el día por delante y sin pizca de ganas de volver a Barcelona decidimos acercarnos hasta Vic, una de las mecas de la buena carne y del embutido, para darnos un homenaje. Satisfechos después de la comida, y más tras el McFlurry que nos tomamos de postre en un McAuto, nos dirigimos hasta el Pont de Malafogassa, situado en las cercanías de Vilanova de la Sau. El actual puente fue construido en 1498, sustituyendo a uno más antiguo que quedó derruido por un terremoto. Se encuentra en el corazón de una zona muy boscosa y apacible, en la que es raro encontrar gente (aunque hay un camping cerca que supongo que en verano debe llenarse), ideal para alejarse del mundanal ruido y desconectar.