Andorra

13.8.2011

LLACS DE TRISTAINA

Desde hace 3 años no hay verano en que José y yo no hagamos alguna escapada a la montaña. Este año optamos por ésta, ya que llevábamos mucho tiempo deseando una visita a Caldea Andorra.

El plan del primer día era dar una vuelta por los Llacs de Tristaina, a los pies del pico del mismo nombre, de 2878 metros de altura. Se trata de una excursión muy sencilla y accesible, pues empieza a pie de carretera y se puede terminar en pocas horas. En concreto, la excursión empieza poco antes de llegar al restaurante de la estación de Ordino-Arcalis, en el prado de la Coma del Forat. Hay un amplio arcén de tierra en el que se puede aparcar el coche sin temor a quedarse sin sitio.

Como ya he dicho, la excursión es bastante simple y sencilla, con un sendero muy bien conservado y señalizado. Nada más empezar, se sube un pequeño collado y cuando aún no se ha entrado en calor se llega al primer lago, conocido de forma muy original como l’Estany Primer.

Spanish Horse

Vista atrás hacia l’Estany Primer

Tras el Estany Primer, prosigue la ascensión, aunque de manera no muy pronunciada, y en otro visto y no visto se llega al siguiente lago, l’Estany del Mig.

Y un poco más arriba, se encuentra l’Estany de més amunt, bajo el imponente circo del Tristaina.

Apenas llevábamos tres cuartos de hora de camino y ya habíamos visto los tres lagos. Aunque esta celeridad representa un punto a favor de esta excursión, en la medida que te permite disfrutarla sin la presión del tiempo, personalmente me resultó un poco anticlimático. Aunque parezca masoquista, me gustan más aquéllas excursiones en las que para alcanzar los lugares de más interés te tienes que esforzar un poco más, ya sea aumentando el tiempo de recorrido o su dureza. En este caso, ni una cosa ni la otra. Belleza máxima, fuera de toda duda, pero épica escasa.

En principio, la idea era seguir el sendero que daba la vuelta a los lagos, pero dadas las circunstancias, decidimos ponerle algo de picante a la excursión intentando subir hasta la cima del Tristaina. No era una empresa fácil, tal y como anunciaban los carteles que encontrábamos por el camino.

Había dos posibles rutas: una ascendiendo por la falda del pico, más empinada y agotadora. La otra, desviándonos un poco para ascender el Port de l’Arbella y, una vez arriba, afrontar la subida final del Tristaina por su cresta, que hace de frontera entre Andorra y Francia. Elegimos esta segunda opción, que a priori era menos exigente físicamente pero más espectacular e incluso peligrosa.

La ascensión del Port de l’Arbella se me hizo durísima. Si antes me quejaba de que todo era demasiado sencillo, ahora me quejo de que tenías que dejar volar tu imaginación para seguir el sendero, o bien creabas un nuevo sendero a cada paso, porque aquéllo era un pedregal de mucho cuidado.

Port de l’Arbella, desde abajo

Una vez arriba, iniciamos el recorrido por la cresta del Tristaina. Este tramo de la excursión es sin duda alguna el que más me gustó. Pura adrenalina, sintiendo el mundo a tus pies. La espectacularidad de las vistas estaba a la altura de la gravedad de la caída a la que estábamos expuestos. Sin tratarse de una zona de escalada, nos faltaban manos para agarrarnos a las rocas y sentirnos seguro, ya que el camino, por llamarlo de alguna manera, era una especie de cornisa estrecha y rocosa al límite de un precipicio. Al delimitar la frontera entre Francia y Andorra, existían dos opciones de hostia gótica, en función de si recorríamos la cornisa norte o sur de la cresta.

Cresta del Tristaina, con el pico al fondo

Al norte, hostia a la francesa

Al sur, hostia a la andorrana

Justo cuando la excursión estaba en su punto más interesante, el cielo se encapotó y vimos a lo lejos unos nubarrones muy poco amistosos. Aunque la previsión era de lluvia, hasta entonces había hecho un sol de justicia. Exponernos a una tormenta en la cresta era sinónimo de muerte, sin ánimo de exagerar. Si ya de por sí era una temeridad recorrerla en seco, sólo de pensar en hacerlo con lluvia hacía que me temblaran las piernas.

Así pues, tuvimos que buscar un plan alternativo que no fuera ni continuar nuestra ruta hacia el pico ni retroceder el camino recorrido por la cresta, ya que la lluvia parecía inminente. La solución loca fue bajar la montaña por su ladera, perpendicularmente a la cresta, aprovechando un ensanchamiento de la misma. Puede parecer una solución lógica y sencilla, pero hay que señalar que la pendiente de la ladera era de tal verticalidad que daba vértigo, como se puede apreciar en la siguiente foto.

Hubo un momento en que no sabíamos por dónde continuar. Pretendíamos alcanzar el camino de ascensión clásico del Tristaina, el mismo que habíamos descartado horas antes, pero por mucho que miráramos no lo divisábamos. La mejor idea que tuvimos para paliar la angustia fue zamparnos el bocata.

Después de comer, no tardamos en encontrar el camino que andábamos buscando. No hay nada como un estómago satisfecho para inspirarse. A partir de allí, la vuelta hasta el coche transcurrió sin dificultades, mientras empezaba a chispear y la tormenta se mascaba en el ambiente. En total, tardamos 4 horas en hacer todo el recorrido, un tiempo muy aceptable teniendo en cuenta que buena parte de él lo hicimos por zonas rocosas y laderas vertiginosas.

Volvimos a La Massana, donde teníamos el hotel, y nos dimos esa merecida ducha que sabe a gloria tras un largo esfuerzo e hicimos una breve siesta.

Por la tarde, nos acercamos a Andorra la Vella, para comprar de forma anticipada nuestras entradas para Caldea, merendar en el McDonalds (toda actividad sana, como la excursión, requiere compensarse con un acto insano) y hacer otras compras diversas, aprovechando que nos tuvimos que proteger de la tormenta en unos grandes almacenes. A destacar la botellaza de ron francés que compré por menos de 4 euros, que a pesar de mis temores ha resultado ser un epic win de lo rico que está.

Cuando la lluvia ya había cesado, decidimos subir el Col de la Botella, en la zona de Pal, hasta la frontera con España, donde empieza el Port Cabús que baja hacia Tor. Se trata de un lugar absolutamente inquietante, sobre todo si se es conocedor de todo lo que ha acontecido por la zona. Ya hablé de los sucesos en esta entrada antigua. La historia de Tor me llamó tanto la atención en su momento que me compré el libro Tor: la montaña maldita, de Carles Porta, traducción al castellano de Tor: tretze cases i tres morts. Asesinatos sin resolver, contrabandistas, caciques, autoridades corruptas,… La historia de este paso fronterizo parece ideada por el más retorcido de los novelistas.

Hace dos años ya había estado en este sitio junto a Vero, ignorando por completo que se trataba de una ruta contrabandista. Entonces me sorprendió ver coches que casi anocheciendo cruzaban la frontera hacia España, pero no me llegué a plantear a qué se podía deber. De aquella sesión de fotos rescato estas dos que me encantan.

Ahora que ya conocía la historia, todo, absolutamente todo, me parecía sospechoso, y no sé si fue paranoia o qué pero empezaron a suceder cosas extrañas: el coche que no arranca, los caballos que nos atacan, un 4×4 cuyo conductor se detuvo a mi lado para, sin mediar saludo alguno, clavarme su mirada con cara de pocos amigos, luego me puse a conducir con el freno de mano subido, el coche pitando como advertencia y yo sin entender lo que pasaba,…

Volviendo hacia La Massana, haciendo coñas sobre todo lo sucedido, casi nos arrolló un camión de la basura e inmediatamente después, en cuestión de segundos y con el susto aún en el cuerpo, nos encontramos de frente con el graffiti de este payaso (foto tomada por Vero semanas después). Fue la guinda de una tarde surrealista.

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14.8.2011

PARC NATURAL DEL COMAPEDROSA

El segundo día nos acercamos hasta Arinsal, puerta de entrada al Parc Natural del Comapedrosa. Esa tarde teníamos una cita en Caldea, así que la consigna del día era hacer una excursión de corta duración pero dándolo todo, a fin de reventarnos y disfrutar más del Spa. En el centro de información del parque, tras describirles el tipo de excursión que buscábamos, nos recomendaron la ascensión al Refugi de Comapedrosa.

El Parc Natural del Comapedrosa es uno de los lugares del principado más visitados por los excursionistas. En su superficie, se encuentra el cim de Comapedrosa, que aparte de dar nombre al parque es con sus 2942 metros el pico más alto de Andorra.

La ascensión al Refugi de Comapedrosa, sin ser nada del otro mundo, fue un bello recorrido con todos los alicientes de la alta montaña: bosques, ríos, cimas imponentes y sobre todo mucha paz y tranquilidad, excepto un rato durante el que sufrimos la persecución de una manada de mosquitos. En algún tramo fue bastante dura, pero al ser una excursión más bien breve resistimos sin complicaciones.

Éste fue el tramo más duro de la subida

Vista hacia atrás del valle por el que ascendíamos

Una vez en el refugio, nos tomamos un refresco y nos acercamos hasta el cercano Estany de les Truites.

Refugi Comapedrosa

Estany de les Truites

De haber tenido más tiempo, hubiéramos llegado hasta el Estany Negre, pero decidimos no arriesgarnos y volvimos atrás. No queríamos llegar tarde a nuestra cita de relax y placer extremo.

Poco más dio de sí la escapada, salvo que la mañana siguiente me etiquetaron en una foto en el túnel de la Massana por excederme 0’00001 km/h sobre la velocidad permitida. Por suerte, de momento no me ha llegado la multa y es bastante probable que nunca lo haga, aunque como precaución tendré que estar dos años sin cruzar la frontera con Andorra, hasta que prescriba.

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Formentera 2011 (V): S’Espalmador

10.7.11

Así como el sábado no había ido tan bien como teníamos previsto, el domingo pudimos resarcirnos por todo lo grande visitando s’Espalmador, islote situado al norte de Formentera del que ya hablé en la entrada sobre el segundo día del viaje. En su conjunto, ésta fue para mí fue la mejor jornada.

S’Espalmador es un islote de propiedad privada y 99’99% virgen. La única vivienda que posee es la casa de sus dueños, que no ponen ningún impedimento para que los turistas visiten la isla, ya sea mediante una golondrina que sale desde el puerto de La Savina o con sus embarcaciones particulares. La otra edificación que tiene es la torre de defensa de Sa Guardiola, cuyo origen se remonta al año 1749. El resto de la isla consiste en acantilados, arenales vírgenes, formaciones dunares y zonas húmedas.

En primer lugar, aunque en teoría está prohibido, nos dimos un baño de fango en la zona pantanosa de s’Estanyol, bastante popular desde hace unos años por Lucía y el sexo. La verdad es que no esperaba que pudiera resultar tan agradable. Aunque el fango apestaba bastante, el calor que emitía resultaba muy reconfortante. Dice la teoría que si uno quiere obtener sus presuntos beneficios dermatológicos, debe enfangarse, tumbarse al sol durante una media hora y luego quitarse todo el fango con un buen baño en el mar, pero nosotros nos saltamos el segundo paso y sólo llevamos el fango el tiempo que se tarda en andar desde la laguna hasta la playa. Meterse de golpe en el agua fría con el puntillo de ebullición en el cuerpo fue un placer extremo.

S’Estanyol

S’Estanyol

El resto de mañana lo pasamos en la playa de s’Algar, la más extensa de la isla. Es un precioso arenal virgen y de agua cristalina, extremadamente limpia, excepto en la zona más próxima a s’Estanyol, donde la gente se limpia el fango. Posiblemente sea la playa más paradisíaca en la que he tenido el gusto de bañarme.

S’Algar

S’Algar

Después de comer, hicimos una breve excursión hasta la torre de Sa Guardiola, pero como estábamos supeditados al horario del barco no pudimos ver mucho más de la isla y volvimos a s’Algar a darnos el último baño del viaje.

Torre de sa Guardiola

Así finalizó este viaje, tras el cual ir a la playa no volverá a ser lo mismo. Nada es comparable a un baño en Formentera.

Formentera

Recorrido del día en Google Maps

Formentera 2011 (IV): Sant Ferran – Cala Saona

9.7.2011

Tengo la teoría de que todo viaje que dura más de 3 días tiene un día tonto durante el que todo sale mal. Esto sucedió en nuestro cuarto día en Formentera, por lo que esta entrada tendrá muchos tintes de tragedia y una sola foto.

El plan era visitar la Fonda Pepe, en Sant Ferran, y Cala en Baster por la mañana y por la tarde hacer un recorrido de cala en cala por la costa de Migjorn. De todo esto, sólo pudimos cumplir con la visita a la Fonda Pepe.

Nada más llegar a Sant Ferran, sufrimos un percance con la bici que nos condicionó todo el día. Esta vez no se trataba de un pinchazo convencional, sino que se rompió espontáneamente toda la dentadura que sujeta la cadena en la zona de cambios, sin ninguna causa aparente. Por suerte, estábamos justo en frente de la Fonda Pepe, uno de los bares más míticos de la isla, frecuentemente visitado por Bob Dylan durante su estancia en Formentera para recuperarse de su famoso accidente de moto, pero yo sólo lo conocía por una mención en una canción de Antònia Font. Actualmente, la Fonda Pepe es un antro de mucho cuidado, pero me hizo ilusión tomar un aperitivo allí mientras esperábamos al servicio técnico de la bici.

Fonda Pepe

El problema es que no estábamos esperando al servicio técnico, sino que no había manera de localizarlo. Llamamos durante más de una hora sin recibir respuesta alguna. Estuvimos completamente desasistidos, sin saber qué hacer, hasta que tomamos la determinación de atar las bicis y coger un autobús hacia Es Pujols.

Comimos en Es Pujols, en la misma pizzería en la que habíamos comido dos días antes. A esa hora, ya habíamos conseguido hablar con el servicio técnico, que nos había prometido una bicicleta nueva a cambio de la estropeada. No había podido contestar nuestras llamadas antes porque tenía el móvil en silencio… Incluso, nos acercaría las bicicletas a Es Pujols, para que no tuviéramos que volver en autobús a Sant Ferran. Todo parecía perfecto hasta que, pedaleando de nuevo, nos dimos cuenta de que la bicicleta de recambio estaba completamente deshinchada.

Eso fue la gota que colmó el vaso. Eran ya más de las 15h y en todo el día no habíamos hecho nada de interés por culpa de las bicicletas. Decidimos ir a La Savina a devolverlas y a reclamar el retorno de la parte proporcional de los dos últimos días de alquiler. Nos dijeron que no hacían devoluciones, pero era tal la chapuza que nos habían hecho, una detrás de otra, que no fue difícil convencerlos para que hicieran una excepción con nosotros.

Como sin transporte en Formentera estás perdido, decidimos desistir en la idea de ir a Cala en Baster y Migjorn y volvimos a Cala Saona para pasar el resto de tarde. El día había sido un desastre, pero Cala Saona tiene esa clase de magia que te arregla cualquier disgusto.

Recorrido del día en Google Maps.