Excursión: Valle de Ordesa

24.6.2011

BARCELONA – AÍNSA – TORLA

Salimos el día de Sant Joan desde Barcelona, no demasiado pronto ya que la noche anterior habíamos celebrado la verbena y necesitábamos descansar. Sólo hicimos dos paradas en nuestro camino hacia el valle de Bujaruelo, en el que teníamos reservado el alojamiento. Una, en Barbastro, para hacer la compra, estirar un poco las piernas y comer. La otra, en Aínsa. De la carretera de Barbastro a Aínsa, nos gustó mucho el tramo que transcurre por la orilla de los embalses de El Grado y de Mediano. Sus aguas, al menos ese día, parecían del mismísimo Caribe.

Aínsa es el típico pueblecito pirenaico que no puede disimular su origen medieval. En apenas 30-45 minutos, se puede hacer una visita bastante completa. De él, destaco especialmente su plaza Mayor, rodeada de unos preciosos soportales. La disposición del casco antiguo amurallado es muy simple, ya que se basa en dos calles paralelas que confluyen precisamente en la plaza. A un extremo de la plaza, se encuentra la iglesia parroquial de Santa María, cuyo claustro es de visita gratuita y vale bastante la pena. También creo que puede ser interesante subir a su campanario, pero nosotros no lo hicimos ya que íbamos con una economía de guerra and it wasn’t free. Por último, al otro extremo de la plaza Mayor se encuentra lo que queda del castillo de Aínsa. Desde sus murallas hay muy buenas vistas del embalse de Mediano, de la plaza Mayor y de las cimas pirenaicas más cercanas.

Aínsa desde las murallas del castillo

Plaza Mayor

Llegamos al camping-refugio valle de Bujaruelo a media tarde. Hicimos una breve siesta y ya con las fuerzas recargadas nos acercamos hasta el puente de San Nicolás de Bujaruelo, final de la pista accesible en coche particular. El puente es un buen punto de inicio de multitud de excursiones. Desde paseos cortos paseos por el valle hasta largas rutas en dirección a Francia o el valle de Tena. Como no quedaban muchas horas de luz, decidimos pasear un rato en dirección al valle del Ara, hasta que entre los mugidos de una vaca en celo que parecían los aullidos de un lobo y la persecución que nos hizo otra nos sentimos amenazados y retrocedimos.

Ya al anochecer, fuimos a pasear a Torla. No es un pueblo precioso, pero a mí me tiene robado el corazón. La imagen de su iglesia, situada encima de una colina, con las imponentes cimas de Ordesa como telón de fondo es uno de los paisajes más bonitos del Pirineo. Esa vista tiene un alto poder cautivador sobre mí y cada vez que llego a Ordesa consigue  arrancarme un ooohh de emoción, igual que la primera vez.

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25.6.2011

PRADERA DE ORDESA – COLA DE CABALLO

El sábado era el día elegido para la excursión. En esta ocasión, recorrimos el camino clásico por la pradera de Ordesa, ya que no estábamos preparados ni física ni mentalmente para subir por la senda de los cazadores.

El recorrido desde la pradera de Ordesa hasta el Circo de Soaso es uno de los más míticos y populares del Pirineo. Apto para todos los públicos, incluso para los menos entrenados. Encontramos desde madres empujando el cochecito de sus bebés hasta japoneses octogenarios.

El día amaneció soleado, pero con el ambiente bastante fresco. El termómetro del coche marcaba apenas 11 grados cuando lo cogimos. Me gusta esa sensación de frescor de la montaña en los días soleados. Luego, a lo largo del día, la temperatura fue subiendo hasta lo que se espera de un 25 de junio.

El camino está repleto de alicientes que lo hacen muy entretenido. Por un lado, tenemos las vistas de los peñascos calcáreos característicos de la zona. También tenemos la belleza de los bosques que atraviesa el camino. Finalmente, las numerosas cascadas a lo largo del río Arazas son de parada obligatoria. Todo esto, sumado a que la pendiente no es excesivamente pronunciada, hace que el camino sea muy agradable y llevadero.

La primera cascada que encontramos fue la de Arripas. De todas las que vimos, es la que menos me gustó. Partiendo de la base de que no existe cascada fea, aunque sea sólo por la falta de costumbre, se puede decir que no tiene ningún atractivo especial, más allá del entorno en el que se encuentra.

Cascada Arripas

En segundo lugar, encontramos la cascada del Estrecho. Palabras mayores. No es tan famosa como la Cola de Caballo o como las Gradas de Soaso, pero su espectacularidad nos atrapó. Se trata de un salto de agua muy alto y vertical. Es importante verla desde el mirador de abajo, perspectiva desde la que nos impresionará su altura y la fuerza con la que cae el agua, y desde el de arriba, perspectiva desde la que nos impresionará la verticalidad del salto y la curva que describe el chorro a medio camino, aparte de la buena hostia que hay si uno se descuida al hacer la foto. También se puede ver desde un mirador intermedio, que aunque para observar el conjunto de la cascada es el punto menos indicado, permite fotografiarla de muy cerca.

Cascada del Estrecho, mirador inferior

Cascada del Estrecho, mirador intermedio

Cascada del Estrecho, visión superior

La siguiente cascada consiste en realidad en un conjunto de pequeños saltos de agua. Se trata de las famosas Gradas de Soaso. Para los más perezosos, suponen el fin del camino, hasta ese punto bastante agradable gracias a la sombra de los árboles. No las considero espectaculares, pero sí muy bellas y curiosas, ya que parecen diseñadas por un arquitecto.

Finalmente, tras las Gradas de Soaso el camino abandona el bosque y, tras una breve ascensión más pronunciada, se divisa el circo de Soaso y la imponente cima del Monte Perdido. Al igual que la imagen de Torla con las cimas de Ordesa al fondo, este paisaje también tiene ganada toda mi admiración.

Circo de Soaso y Monte Perdido

Vista atrás desde el Circo de Soaso

Al final del circo de Soaso, encontramos la mítica Cola de Caballo. Si de la cascada del Estrecho destaco su espectacularidad y de las Gradas de Soaso su belleza, la Cola de Caballo reúne ambas cualidad en un solo salto de agua. De un chorro inicialmente diminuto, se abre un precioso abanico de agua que desciende elegantemente por las rocas. Dudo que pueda decepcionar al excursionista que ha caminado 3 horas para verla.

El entorno de la Cola de Caballo es ideal para comer y reponer fuerzas, pese al gentío que se acumula. Hacía tanto calor cuando llegamos que la gente incluso se bañaba en el río. Yo a duras penas fui capaz de meter la punta de la pezuña, de lo fría que estaba el agua.

Habíamos completado la ida en unas 3 horas y media, a un ritmo bastante suave y sin escatimar pausas para contemplar las cascadas. La vuelta la hicimos casi del tirón, en poco menos de 3 horas, con una parada única pero gloriosa para hacer una minisiesta en las Gradas de Soaso. Tumbados sobre una roca en medio del río, fue un momento impagable.

El resto del día poca cosa hicimos. Nos dimos el capricho de cenar en el restaurante del camping y nos supo a gloria. Luego dimos una vueltecilla con el coche por los alrededores de Broto y de vuelta al camping nos encontramos con dos sapos enormes en medio de la pista y una larva de luciérnaga. Momento National Geographic.

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26.6.2011

TORLA – PANTICOSA – BARCELONA

Para volver a Barcelona, hicimos un tour por la provincia de Huesca, ya que habíamos quedado para comer en las afueras de la ciudad. De camino hasta allí, aprovechamos para acercarnos hasta Panticosa a través del valle de Tena. Se trata de uno de los lugares más turísticos de los Pirineos, famoso por su balneario y su estación de sky. Para quien tenga la simple intención de relajarse un rato en alta montaña sin necesidad de caminar demasiado, es una buena elección, ya que para pasear por la orilla del lago, observando en él el reflejo de las montañas, y acercarse hasta la cascada no hace falta fondo físico alguno.