Escocia 2010 (II): Oban – Portree

2.9.2010

Empezamos el día con un reequilibramiento del Karma. Si el día anterior habíamos tenido el problema con los del rent a car, la mañana siguiente nos consolamos con uno de los sinpas más sencillos de la historia. Sin mala fe de entrada, pero los del hostel nos lo pusieron tan a huevo que desaprovechar la ocasión era imperdonable. En ningún momento nos dijeron de pagar… y oye, tampoco íbamos a insistir nosotros, que llegábamos a Escocia con economía de guerra, así que nos dimos por invitados. Lo malo es que dos noches después volveríamos al mismo hostal y el Karma podría volverse a desequilibrar…

Antes de tomar la carretera, dimos un paseo por el paseo marítimo de Oban. Muy auténtico, fiel a la esencia de un pueblo de pescadores y en el que lo único que desentonaba era el día: un sol radiante y un increíble cielo azul, huérfano de nubes, nada que ver con lo que podíamos esperar de Escocia.

Oban

Oban

Oban

Nuestra primera parada la hicimos a escasos kilómetros de Oban, para ver el Connel Bridge. Ya nos había llamado la atención la tarde anterior, pero no paramos porque ya era medio de noche. Si ya de por sí es un puente fotogénico, al menos para los que disfrutan fotografiando infraestructuras, las condiciones del día eran las más propicias para aprovechar todo el juego de reflejos en el agua, que parecía un espejo.

Connel Bridge

Connel Bridge

Seguimos en dirección norte por una estrecha carretera costera desde la que se disfrutaban unos paisajes verdes y azules inverosímiles. En ese tramo, volvimos a parar para ver el Stalker Castle, un romántico castillo que ocupa casi la totalidad de una pequeña isla. Fue una lástima que sólo lo pudiéramos ver desde un mirador un poco alejado, seguramente debía haber un camino para acercarnos a la orilla y verlo mejor, pero no lo encontramos.

Stalker Castle

Stalker Castle

Ese día me tocaba conducir a mí y no fueron pocas las veces en que casi me salí de la carretera, sobre todo al cruzarnos con camiones. Conducir por la izquierda reclama la máxima atención y concentración, más allá de la propia que se debe tener al volante, pues te encuentras luchando contra un automatismo que tienes integrado desde hace años. Lo de cambiar de marchas con la izquierda no es difícil, lo que me pareció más complicado fue adaptarse a las dimensiones de la carretera. Vas completamente desplazado a la izquierda y aún así sigues sintiendo que estás invadiendo el carril contrario. Me sentía como un peligro al volante.

Abandonamos la costa para dirigirnos hacia el interior, rumbo a Glen Etive. Se trata de un valle solitario bastante desconocido a nivel turístico que cuenta con la llegada del mar, que penetra kilómetros y kilómetros tierra adentro hasta él. La sensación que tuve al estar en él fue de estar viendo un mar de alta montaña, aunque suene paradójico. Cualquiera que no contara con un mapa, pensaría que se encontraba presenciando un lago remoto de alta montaña. Pero no, aquello era el mar, plano y luciente como un espejo, y únicamente dos personas a su orilla. Silencio sepulcral en el entorno, de esos que invitan a la reflexión, a la evasión, sólo interrumpido por el canto de los pájaros y el movimiento de los árboles. Pura naturaleza. Uno de los momentos inolvidables del viaje. Jamás un silencio había sido tan imponente, tan hermoso, tan evocador y reconfortante.

Glen Etive

Glen Etive

Glen Etive

Glen Etive

Ya era mediodía y aunque teníamos la sensación de haber aprovechado al máximo la mañana, nos encontrábamos un poco atrasados respecto a la ruta prevista, sobre todo porque la tarde teníamos que ir hasta el Loch Ness, desviándonos muchos kilómetros, y llegar con luz al Eliean Donan Castle, situado ya cerca de Skye. Así pues, nos pusimos las pilas y conducimos sin parar hasta Fort William, donde comimos en un pub. Aprovechamos la parada para reservar los billetes para los ferry que íbamos a coger dos días después, con la mofa aún sin explicación por parte de la empleada que nos atendió, a la que le pareció gracioso que tuviéramos la idea de visitar Mull en un solo día.

Fort William

Seguimos en dirección al Loch Ness, con la intención de pararnos en su orilla a la altura del Urquhart Castle y así matar dos pájaros de un tiro. Durante ese tramo de carretera recuperamos todo el retraso que llevábamos encima. La confusión entre millas y kilómetros y nuestra poca habilidad para el cálculo nos había hecho pensar que no daría tiempo para verlo todo, pero por suerte no fue así.

El Urquhart Castle es un castillo que fue derruido hace siglos por los ingleses. Situado a orillas del Loch Ness, actualmente es el tercer lugar más visitado de Escocia. El castillo en sí no es bonito, más que nada porque no hay castillo, sólo ruinas que te invitan a pensar que ahí un día hubo un castillo, pero al estar frente del Loch Ness se convierte en visita ineludible en todo viaje a Escocia. Sin embargo, si no fuera por la leyenda del monstruo, el Loch Ness poco atractivo tendría, de todos los lagos que vimos es el que menos nos gustó, muy grande pero demasiado convencional. Lo más llamativo de él son sus aguas oscuras, pero con el solazo que hacía no lo parecían tanto. Bueno, y Nessie… pero ya hablaré otro día del encuentro que tuvimos con él, me desveló secretos inconfesables sobre su escondite!

Urquhart Castle

Urquhart Castle

Loch Ness

Volvimos a la carretera ya con dirección a la isla de Skye. Cuanto más avanzábamos, más inhóspitos se convertían los paisajes. Montañas escarpadas, peladas, de formas inverosímiles, lagos que nunca acaban, bosques de densa oscuridad y de repente una carretera recta por un paisaje desértico, árido y plano… eso es Escocia. A ratos me daba la sensación de estar recorriendo la ruta 66.

Paramos en el mítico Eilean Donan Castle, famoso por su belleza y por ser el castillo de Los Inmortales (dicho sea de paso, me enteré de eso pasado el viaje… no he visto la película). Llegamos justo cuando estaban cerrando… y aprovechando que nadie atendía en las taquillas (nuevamente el Karma, nos seguía debiendo una) nos colamos. Bueno, reconozco que quizás ya nos estábamos aprovechando del Karma… pero no fuimos los únicos en colarnos, las puertas estaban abiertas de par en par y sin vigilancia… una invitación a colarse sin disimulo. Pasen y vean, no se corten. De hecho, había hasta aglomeración para colarse… increíble. Parecía un encierro de San Fermín.

Este castillo nos encantó y pasamos casi una hora rodeándolo, alejándonos de él para verlo con distintas perspectivas, distintos ángulos,… Junto a GlenEtive, otro de los grandes momentos del día y del viaje.

Eilean Donan Castle

Eilean Donan Castle

Eilean Donan Castle

Eilean Donan Castle

Eilean Donan Castle

Entramos en Skye y para sorpresa nuestra no había peaje alguno. Todas las webs y toda la gente a la que habíamos consultado nos habían dicho que existía un peaje para cruzar el puente que une la isla con la isla de Gran Bretanya, pero oye… ni rastro. El Karma seguía con nosotros!! Tercer gasto que nos ahorramos en el día.

Cruzamos media isla hasta llegar a Portree, su capital, donde nos alojamos. Cenamos una ensalada y un plato de pasta pre-cocinada, jugamos un rato y pronto nos fuimos a dormir.

Nos aguardaba un día de leyenda en Skye.

Recorrido del día en Google Maps.

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