Escocia 2010 (V): Oban – Stirling – Glasgow

5.9.2010

Último día del viaje. La primera sensación al despertarme, como no podía ser de otra manera, fue de pena y melancolía. Pero no había tiempo para lamentos, nos esperaba otro día intenso por delante.

Salimos temprano de Oban en dirección a Stirling. Nuestra primera parada, aún en Oban, la hicimos para ver el Dunollie Castle, un castillo que descubrimos durante el trayecto en ferry la tarde anterior. Está medio abandonado y uno puede entrar en él sin problemas para disfrutar de una bonita panorámica de Oban y su costa.

Dunollie Castle

Dunollie Castle

Dunollie Castle

La siguiente parada, mucho más adelante, la hicimos para ver el Kilchurn Castle. Por sí solo no es especialmente bonito, pero el entorno en el que se encuentra lo convierte en especial. Así sucede en la mayoría de castillos, arquitectónicamente no son nada del otro mundo, pero el binomio castillo-entorno te vence sin remedio.

Kilchurn Castle

Estábamos siguiendo el mismo camino que habíamos recorrido el primer día pero en sentido opuesto, hasta llegar a Crianlarich, donde nos desviamos en dirección a Stirling. Los paisajes me gustaban, pero no tanto como los costeros que habíamos visto durante el resto de días.

Como íbamos sobrados de tiempo, decidimos desviarnos de la carretera para hacer una mini-excursión en coche por un valle que venía de paso, el Glen Balquhidder, justo en el corazón de los Trossauchs. En ese valle sucedió de todo un poco en menos de una hora.

Paramos en un cementerio random y resultó que una tumba random pertenecía al mismísimo Rob Roy. No es que tuviera especial interés en verla, pero me pareció una casualidad que paráramos sin saberlo en un cementerio medio famoso.

Glen Balquhidder

Rob Roy

Seguimos profundizando por el valle, por una carretera cada vez más estrecha y rodeada de árboles, con vistas intermitentes sobre el Loch Voil y el Loch Doine. Me recordaba un poco al Glen Etive, pero con un paisaje más boscoso, menos insólito, y sobre todo más concurrido: nos cruzamos con 2-3 familias y unos canis escoceses!! Mucha gente para lo que estábamos acostumbrados…

Glen Balquhidder

También nos cruzamos con unas vacas con flequillo que me encantaron. Me parecieron muy graciosas, eran una especie de Bernie Ecclestone en formato vacuno.

Muuu

Muuu

Muuu

Llegamos hasta el final del valle y dimos la vuelta como pudimos, dada la anchura de la carretera… De vuelta a la carretera principal, sufrimos el gran susto del viaje. Mientras comíamos unas cookies para matar el hambre, nos salimos del asfalto justo en un momento en que había una zanja ahí donde debía haber un arcén… No sé si duró 2 ó 10 segundos, seguramente sólo 2, pero ese momento se me hizo eterno, con el coche en marcha y una rueda al aire, arrastrándonos sobre el guardabarros delantero… Por suerte, Enric dio unos volantazos que nos devolvieron al asfalto. Todo esto ocurrió justo cuando volvíamos a cruzarnos con los canis escoceses, que nos miraban con cara de incredulidad. Creo que nos convertimos en sus ídolos.

Si la situación ya era de por sí inverosímil, una cookie del paquete salió volando realizando un triple salto mortal hacia atrás para volver en un compartimento diferente del paquete, en perfecto estado y como si nada hubiera sucedido… Lograrlo aposta es imposible, creedme. Habíamos estado cerca de la muerte, exagerando un poco, y nuestra primera reacción fue la de partirnos sin parar por culpa de una galleta.

Superado el susto, llegaron los nervios… El coche funcionaba pero a velocidades lentas hacía un ruido como si se fuera a desmontar en cualquier momento. Clenc-clenc-clenc-clenc-clenc-clenc… Teníamos miedo de que tuviera una avería o un desperfecto que no nos cubriera el seguro. Era lo último que nos faltaba en nuestra relación con Europcar.

Paramos para comprobar su estado. Miramos debajo del coche por delante y aparentemente nada, algún rasguño, pero de los que se ven sólo si te fijas mucho y que casi se van con un salivazo… Miramos debajo del coche por detrás y… OMG!!!!!! Teníamos un prado de hierbajos colgando del motor!!! Como no podíamos llegar hasta ellos, tuvimos que seguir así… con el dichoso ruido cada vez que bajábamos de 30 kilómetros por hora…

En un momento dado, después de conducir más de media hora en estas circunstancias, el coche dio el chasquido definitivo… y cuando estábamos convencidos de que lo siguiente sería quedarnos parados, la realidad fue que el ruido no volvió a sonar. La teoría que tengo es que aparte de hierbajos debía haber alguna rama encajada en el motor, y por la razón que sea (no sé si mecánicamente es posible) sólo resaltaba con las marchas cortas. Más tranquilos, terminamos nuestro camino hasta Stirling.

Stirling me encantó, aunque me quedé con ganas de verlo más. Visitamos su famoso castillo, imponente encima de una colina, y poco más. Por no tener tiempo, no tuvimos tiempo ni de comer, ya que con el percance del coche habíamos perdido todo el tiempo de adelanto que teníamos.

Stirling Castle

Stirling Castle

Stirling Castle

Stirling Castle

Teníamos que dejar el coche a las 16h y llegamos a las 15:58. Épico, eh? De lo que sucedió en la oficina de Europcar prefiero no hablar, sólo decir que no vieron ningún daño en el coche (como no podía ser de otra manera… ejem… corramos un tupido velo) y nos crujieron con los extras. Sobre que me dieron una dirección de correo electrónico inexistente en la que reclamar la devolución del dinero de nuestra primera reserva prefiero no hablar, porque sólo de pensarlo ya se me hinchan las venas.

Teníamos el resto del día para visitar Glasgow. De todos los hostales en los que nos alojamos, el de Glasgow fue el mejor. Más barato, con habitación y baño privados, 24h sin fianza y con desayuno incluido. Cuantos más privilegios, más económico… así me gusta.

Respecto a Glasgow, sentimientos totalmente contradictorios. ¿Me gustó? ¿Me pareció bonita? Ni hablar… ¿Volvería? Sin duda… Señal de que en el fondo algo sí me debió gustar.

Visitamos un poco su centro, sus calles más comerciales, su catedral… y cuando creíamos que en una tarde no tendríamos tiempo de ver nada ya habíamos visto todo lo que nos habían recomendado en el hostal.

Glasgow

Glasgow

Glasgow

Glasgow

Glasgow

Glasgow

Glasgow

Pasamos el resto de la tarde bebiendo sidra y buscando un sitio en el que cenar. Lo primero es sencillo, con la cantidad de pubs que hay. Lo segundo no tanto, porque a las 21h ya estaban todas las cocinas cerradas, incluso las de los pubs que decían servir comida todo el día, así que terminamos en un Pizza Hut.

Preguntando sobre si tenían la cocina abierta, en un pub una chica no nos entendía nada… Así fue el diálogo más o menos:
– Is the kitchen open?
– What??
– Is the kitchen open?
– Sorry, I don’t understand…
– We want to eat…
– Ooooooh, I understand now… Jojojojo, I thought you were asking me about Jackie Chan… – Risas generalizadas… hasta que de repente pasa de la risa a la seriedad en un milisegundo para decir rotundamente – NO, It’s closed. Sorry.

Después de cenar, escuchamos un rato música en directo. Eso fue lo que más me gustó de Glasgow, la cultura de los pubs. Está lejos de ser la ciudad más bonita del mundo, pero el ambiente de sus pubs es encantador. Lo suficiente como para volver un fin de semana cada cierto tiempo.

Nuestro viaje había llegado a su fin. El día siguiente nos despediríamos de Escocia bien temprano. Un viaje con un poco de todo, grandes recuerdos, anécdotas graciosas y muchos contratiempos, pero por suerte de todo ellos hemos aprendido la lección. Nunca reserves con Europcar. Nunca te salgas de la carretera.

Escocia 2010

Recorrido del día en Google Maps.

Escocia 2010 (IV): Skye – Mull – Oban

4.9.10

Tuvimos que madrugar un poco porque nos esperaba una jornada maratoniana. Durante el desayuno, socializamos con un hombre de Manchester que estaba en Skye practicando ciclismo. Nos comentó que ésa estaba siendo la mejor semana del año en cuanto a clima. Más suerte, imposible. También se quedó intrigado por mi desayuno: pan con aceite. Ay, ignorantes de la alta cocina!

Antes de las 7:30 ya estábamos on the road. Cruzamos la isla de norte a sur hasta Armadale, donde cogimos un ferry. Si ya de por sí hay poca circulación en Skye, a esa hora la isla parecía completamente deshabitada, y nosotros sus conquistadores.

Ferry Armadale-Malaig

Tras media hora de trayecto, el barco nos dejó en Malaig, donde retomamos la carretera en dirección a Lochaline. Durante ese tramo, de más de dos horas, no paramos ni una sola vez, excepto para repostar, ya que íbamos con un poco de prisa para no perder el siguiente ferry… Al final lo perdimos igualmente, nos quedamos sin ferry y sin disfrutar de los paisajes. Por suerte, a la media hora salía otro, así que el daño fue menor y matamos el tiempo tomando un té en la cafetería del puerto.

Sobre las 12h, cogimos el segundo ferry del día y en 15 minutos ya estábamos en Mull, en concreto en Fishnish. Si Suiza fue el viaje de los teleféricos, éste iba en camino de convertirse en el de los barcos.

Mull está considerada como una pequeña Skye, pero yo no las vi tan parecidas. Skye, pese a ser más grande, es más inhóspita, posee paisajes más sorprendentes e insólitos, más diversos, y un aroma de leyenda impregna cada uno de sus rincones. Mull, sin menospreciarla, no difiere tanto respecto a los paisajes que vimos en el resto de Escocia y la sensación de soledad que reina es Skye es más difícil de encontrar.

Conducimos hasta Tobermorry, la capital, cuyo puerto nos encantó. Comimos un Fish & Chips bajo la atenta mirada de las gaviotas (mío? mío? mío? mío?), que confiaban en nuestra torpeza para poder comer algún cacho que se nos cayera.

Tobermorry

Tobermorry

Tobermorry

Tobermorry

Mull

Mull

Mull

Mull

El plan de la tarde consistía en ir hasta Fionnphort, en el cabo sur-oeste de la isla, para tomar un nuevo ferry hasta Iona, una diminuta isla pegada a Mull y que tiene fama de ser muy encantadora. La carretera hasta allí se me hizo un poco pesada, pero hubo un tramo de unos escasos 2-3 kilómetros totalmente espectacular que recordaré toda la vida. La carretera pasaba prácticamente por encima del mar, justo encima de las rocas, en las que rompían las olas justo cuando el día empezaba a estropearse, y al mismo tiempo a los pies de unos acantilados cuya verticalidad imponía. Mi mejor recuerdo de Mull son esos 5 minutos de trayecto. El pedazo de fail es que no hicimos ninguna foto del momento.

Llegamos a Fionnphort sobre las 16h y decidimos abortar el plan de ir a Iona. La vimos desde la distancia y aunque seguramente deber ser muy bonita no nos dio la impresión de valer tanto la pena, sobre todo porque visitándola nos arriesgábamos a quedarnos colgados en Mull. El último ferry para salir de la isla hasta Oban salía a las 19h desde Craignure, en la otra punta de la isla.

Iona

Fionnphort

Entonces, apareció lo único que nos faltaba por ver: la lluvia! Duró menos de una hora y nos acompañó durante todo nuestro camino a Craignure, incluida la visita relámpago a los exteriores del Duart Castle. Si nos llegan a decir antes del viaje que durante 5 días nos llovería apenas una hora…

Duart Castle

Duart Castle

Para mi gusto, ese fue el día menos emocionante del viaje. Mucha carretera y muchas prisas para pocas visitas. Sin embargo, nos dejó otro recuerdo imborrable durante el ferry de Craignure a Oban. Cuando la tormenta ya había cesado y la calma crecía en el ambiente, pudimos presenciar una espectacular puesta de sol con Mull como telón de fondo, a medida que nos alejábamos de ella. Técnicamente no era una puesta de sol, ya que simplemente se escondía entre sus cimas y varias nubes que filtraban sus rayos, pero me encantó. De propina, por si creíamos que ya lo habíamos visto todo, apareció un delfín y un arco iris.

Ferry Craignure-Oban

Ferry Craignure-Oban

Poco más dio de sí el día. Llegamos reventados al hostal, cenamos algo rápido, jugamos al Rummikub y a dormir.

Rummikub

Recorrido del día en Google Maps.

Escocia 2010 (III): Skye

3.09.2010

El tercer día del viaje era al que tenía más ganas. Una jornada completa en Skye, una isla de leyenda, esencia pura de las Highlands.

Por la mañana recorrimos en coche la península de Trotternish, al norte de la isla. Desde la primera parada la isla nos cautivó con sus impresionantes paisajes, que incluían campiña, mar y montaña, todo en uno. Playas de rocas largas y solitarias. Prados verdes de extensiones infinitas. Carreteras estrechas de curvas en constante sube y baja. Tenía la misma sensación que en Glen Etive, técnicamente estábamos al nivel del mar pero mi sensación era la de estar en alta montaña. Playas de alta montaña a 0 metros, es difícil de explicar. El silencio y la agradable soledad que se siente en ellas quizás sea lo que más contribuya a esa paradójica sensación.

Skye

Skye

Skye

Los lugares más destacados en los que paramos fueron el Duntlum Castle, la cascada Kilt Rock y sobre todo Old Man Storr.

Duntlum Castle

Kilt Rock Fall

Skye

WTFono

La parada de Old Man Storr merece un párrafo aparte. Una sierra de montañas puntiagudas y monolitos de 50 metros de altura en perfecto equilibrio, a la que se puede llegar a pie en menos de 45 minutos. Fue la primera excursión a pie del viaje. El tiempo no acompañaba, y no por frío y lluvia, sino por el intenso calor que hacía, que endureció el camino más de la cuenta. En la cima, me dio ganas de perderme entre los monolitos, pero como nuestro plan del día era muy completo tuvimos que descartar esa idea si queríamos ver el resto de la isla, y quedaba mucho por ver.

Old Man Storr

Old Man Storr

Old Man Storr

Old Man Storr

Old Man Storr

Old Man Storr

Old Man Storr

Sendero a Old Man Storr

Tras terminar la ruta circular por la península Trotternish, aprovechamos que pasamos de nuevo por Portree para comer y descansar un poco en el hostal. Por la tarde nos tocaba ver la cordillera de las Cuillins, la costa oeste de la isla, el Dunvegan Castle y el Nest Point, el cabo más occidental de la isla.

Empezamos la tarde recogiendo a unos autoestopistas que querían salir de la isla. Sólo pudimos acompañarles unos 10 kilómetros porque nosotros nos teníamos que desviar, pero bien majos y agradecidos que eran. Lo raro es que eran suizos… deben ser los únicos suizos perroflautas y sin BMW.

Nos acercamos hasta Glenbrittle, desde donde iniciamos las dos excursiones a pie de la tarde. La primera de ellas fue un poco fail, un simple acercamiento a las Cuillins del que poco se puede destacar. Bueno, sí, que las vistas eran acojonantes… pero así sucede en cualquier punto de la isla sin necesidad de caminar.

Cuillins

La segunda excursión sí que fue memorable. Nos acercamos a las Fairy Pools, unas piscinas naturales formadas a lo largo del curso de un río. En el fondo tampoco fue nada del otro mundo respecto a lo que ya habíamos visto, pero las cascadas que nos fuimos encontrando nos encantaron, además del run-run constante del agua que nos relajó durante el camino y las impresionantes vistas de las Cuillins, mucho mejores que las de la primera excursión.

Fairy Pools

Fairy Pools

Fairy Pools

Lo único malo de la excursión a las Fairy Pools fue el ataque de destrucción masiva de centenares de mosquitos que nos persiguieron todo el rato, volando por encima de nuestras cabezas. Sus picaduras me picaron a rabiar durante más de 15 días.

Volvimos a la carretera siguiendo la costa oeste de la isla hacia el norte, rumbo a Dunvegan. Durante ese tramo vimos algunos de los paisajes más preciosos del viaje, en un momento en que la luz del día realzaba todas las cualidades de los mismos.

Skye

Ya en Dunvegan, teníamos la intención de visitar su famoso castillo, pero al llegar ya estaba cerrado y tampoco era posible verlo desde fuera del recinto por culpa de un bosque que lo ocultaba. Apenas hay bosques en la isla… excepto para el negocio. Qué hábiles estos escoceses!

Cerca de Dunvegan está Claigan, donde hay una playa de coral que nos había recomendado un mallorquín que se hospedaba en nuestro mismo hostal. Hacia ella nos dirigimos. Ahí nos encontramos unas españolas que me reconocieron por haber compartido vuelo… yo, sinceramente, como si no las hubiera visto nunca. Estuvimos hablando un rato y nos comentaron que el coral no se podía ver al haber marea alta, pero igualmente nos acercamos a la playa… al menos hasta donde las vacas nos permitieron, porque nos encontramos con una manada en medio del camino haciéndonos el pasillo de honor de espaldas… imagino que para darnos una coz al pasar. Así pues, Beach Fail, aunque lo poco que vimos de ella me gustó mucho, incluso sin coral.

Claigan

Muuu

Claigan

Volviendo a Dunvegan, volvimos a parar porque vimos una pequeña península desde la que se podía ver el castillo. En el fondo no es nada del otro mundo, al menos en el contexto de este viaje. Supongo que su encanto debe consistir en visitarlo por dentro.

Dunvegan Castle

Dunvegan

Íbamos muy mal de tiempo y nos encontramos con un triproblema. El sol empezaba a ponerse y nosotros queríamos ver su puesta desde el Neist Point, que estaba a más de 10 millas y encima no encontrábamos la carretera… Ni estaba indicado ni nuestro mapa quedaba muy claro, así que al final nos la jugamos por intuición… tomando a toda velocidad todas las carreteras que conducían hacia el oeste… y así llegamos hasta él. No pudimos ver la puesta de sol, pero aún había un poco de luz. Los acantilados que hay en esa zona de la isla me impresionaron y me dio un poco de pena no haber llegado con más tiempo, pero así tendré una excusa más para volver a Skye, por si aún no tenía suficientes.

Neist Point

Ya eran las 21h pasadas y nos encontrábamos a más de una hora de Portree, así que iniciamos la vuelta al hostal. Como al llegar estaban todos los supermercados y restaurantes cerrados, cenamos con las sobras del embutido del mediodía, un poco de pan con aceite y unas tostadas con mantequilla… Cena de pobres, pero que supo a gloria después del día más completo del viaje.

Con los años seguramente me fallará la memoria, pero este día lo seguiré recordando con todo lujo de detalles.

Skye

Recorrido del día en Google Maps.