Viaje a Suiza 2010 (IX): Annecy – Barcelona

1.8.2010

El día más triste. El del retorno a la dura realidad tras una semana ajenos a preocupaciones y al estrés.

Antes de emprender la vuelta, teníamos la intención de visitar varios castillo de los alrededores de Annecy, pero los kilómetros de uno a otro eran más de los que pensábamos y nos tuvimos que conformar con el Châteaux de Clermont, que no era nada del otro mundo, y el de Montrottier, que sí que valió la pena aunque sólo lo pudiéramos ver desde la carretera.

Al lado del Châteaux de Montrottier, visitamos las Gorges du Fier. En comparación con las que habíamos visto en Suiza, estas gargantas parecían, exagerando un poco, un simple escape de agua. No es que no fueran bonitas, pero me había acostumbrado al caviar y aquéllo me supo a merluza del Capitán Pescanova.

A las 12h, empezamos la paliza del retorno. De 12 a 15h conducimos sin parar hasta la estación de servicio de Montelimar, que, sin haberlo premeditado, dio la casualidad de que era la misma en la que habíamos parado a desayunar tras salir de Nîmes una semana antes. Llegamos a ella con un ligero retraso sobre el horario previsto ya que encontramos un atasco en el cinturón de Valence. Es lo que tiene viajar durante la operación retorno, y nosotros no íbamos a sufrir sólo la de un país, sino la de dos.

El momento glorioso del día fue cuando llegando a la estación fantaseábamos con la posibilidad de que tuviera un McDonalds, algo poco habitual en las estaciones de servicio. Nos imaginábamos dándonos un festín de comida basura para aliviar la pena de nuestro retorno. Casualmente, a 1000 metros de la estación de servicio un cartel anunciaba la reciente inauguración de un McDonalds. No nos lo podíamos creer. Fue la mayor alegría del día, y basar tu alegría en un McDonalds tiene un trasfondo muy triste, para que os hagáis a la idea de qué clase de día vivimos anímicamente.

A las 16h, volvimos a la carretera y ya sólo paramos en la Jonquera, para tomar un café y repostar. A las 22h llegábamos a Barcelona, abatidos por la tristeza y el cansancio, asqueados de nuestro país desde el mismo momento en que habíamos cruzado la frontera.

2612 kilómetros después, nuestra aventura había llegado a su fin. Mi sueño de viajar a Suiza ya se había cumplido, y ésa es la experiencia que valoraré y recordaré toda la vida, aunque escriba estas líneas con algo de tristeza. Teníamos la sensación de haber vuelto a un lugar que no nos pertenecía, en el que vivíamos y habíamos nacido por accidente. Con esta sensación en el cuerpo, cerré los ojos para intentar dormir, aunque paradójicamente esa noche dormir implicaba concluir un sueño.