Viaje a Suiza 2010: La desgracia de ser suizo

Suiza es un país rompecorazones. Un amor a primera vista pero inalcanzable, platónico. Los seres terrenales sólo nos podemos conformar con breves romances con él, pero conquistar su alma de la manera que él conquista la nuestra es imposible. Un amor no correspondido.

Viajar a Suiza significa viajar al auténtico primer mundo. Entender expresiones como “funcionar como un reloj suizo” es sencillo una vez visitado el pequeño país helvético. Suiza, aunque parezca un tópico, funciona así, con la rigurosidad de un reloj que siempre marca la hora exacta.

El síndrome post-vacacional tras unas vacaciones en Suiza es difícil de explicar, y mucho más difícil de superar. De hecho, es insuperable, lo único que se puede hacer para minimizarlo es fantasear con volver a ella. Mi sueño de pequeño siempre fue viajar a Suiza. Ahora, una vez cumplido, mi nuevo deseo es volver viajar a Suiza. Y así se irán sucediendo mis sueños a lo largo de mi vida, como una espiral que inevitablemente siempre pasa por Suiza.

Suiza es seguramente el país más cercano al paraíso. Tocado por la mano de los dioses, parece como si la Divina Proporción de la Tierra pasara por él. Reúne la belleza y la tranquilidad de los países más remotos y los beneficios del primer mundo en su máxima expresión, equilibrados a la perfección. La inteligencia de los suizos les ha permitido asimilar la mejor influencia de países como Francia y Alemania, en un entorno que ya cuenta de por sí con un gran potencial para el desarrollo, y ahuyentar la más mínima influencia de Italia. Esa frontera, la italiana, es la que tienen más clara de todas. No son tontos, no.

Y pese a todo este serial de halagos, ser suizo tiene toda la pinta de ser una desgracia. Me gustaría ponerme en la piel de uno durante una semana. Saber cómo se siente una persona cuando no puede anhelar nada porque ya lo tiene todo. Saber cómo se siente una persona incapaz de valorar todo lo que tiene porque nunca ha carecido de ello, educada y crecida en el paraíso. Debe ser dura su condición, incapaz de disfrutar y entender lo que posee y a su vez sentir lástima al cruzar su frontera y visitar el resto del mundo.

El ser humano se mueve por el anhelo de alcanzar metas y sueños, que en su mayoría consisten en viajar y emprender aventuras, pero un suizo no puede tener sueños ni metas porque nació viviendo en uno y asimismo cruzó todas las metas nada más nacer. Viajar, conocer mundo pensando que va a cumplir un sueño, sólo puede hacerle sentir defraudado, engañado por el destino. Es por eso que suicidarse viene de Suiza y define la desgracia de ser suizo.

Sin duda, tengo suerte de ser español.

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3 pensamientos en “Viaje a Suiza 2010: La desgracia de ser suizo

  1. Que bien has expresado el sentimiento que tuvimos durante todo el viaje. Es increíble comprobar como se puede autogestionar un país así, tan montañoso y con zonas de tan difícil acceso. Quizás por ello han mantenido su identidad y su forma de vida. Es un país espectacular en todos los sentidos.

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